jueves, 29 de octubre de 2015

La equivalencia dinámica I, el nuevo caballo de Troya en traducción bíblica

Por Pr. J.A. Torres Q.


 Me llama la atención las siguientes frases que Gordon Fee y Douglas Stuart exponen en el capítulo 2 “La Herramienta Básica: Una Buena Traducción” (pág. 33) del  libro de la imagen; sin duda dos teólogos dotados que tiene el protestantismo al presente, pero también, comprometidos con este concepto moderno de traducción. ¿Dónde surge la equivalencia dinámica? ¿Cuál es la necesidad que proclama esta nueva idea traductológica? Sus defensores no dudan decir que la “equivalencia dinámica” tiene cuidado de la fidelidad al texto griego lo cual es la falacia académica impulsada por Eugenio Nida[1] (1914-2011) —uno de los padres de la E.D—  y que, sus promotores nos han querido hacer ver. Esto significa que el anuncio de: “queremos ser fieles a los idiomas originales, o, hemos sido fieles a los idiomas originales”, es en muchos casos sólo propaganda, pues en el fondo  la fidelidad final a las palabras del texto griego del NT, quedará en un segundo plano, y relegadas a la idea conceptual que supone la intención del autor escritural; como escribiera el mismo Eugene Nida: “…las palabras no son más que vehículos para las ideas.” (Nida en Cloud 2015:8). Aun Fee y Stuart  reconocen: “La teoría de la traducción tiene que ver fundamentalmente con poner el énfasis primario en la equivalencia formal o funcional [dinámica]...” (Fee & Stuart  2007:45). Ahora, ¿cuál es la aprensión al respecto? Note la siguiente declaración de Fee y Stuart tocante a la filosofía que ellos han adoptado en traducción: 

«Según nuestro punto de vista, la mejor teoría de la traducción es aquella que se mantiene lo más fiel posible tanto a la lengua original como a la receptora, pero cuando en algo haya que “ceder”, ellos debe ser a favor de la lengua receptora —sin que se pierda el significado de la lengua original, por supuesto— pues el verdadero motivo de una traducción es hacer accesible estos textos antiguos a las personas de habla castellana que no conocen los idiomas originales».  (Fee & Stuart  2007:42).

Si usted nota  las premisas rectoras de la filosofía que rige la equivalencia dinámica que defienden Fee y Stuart, —y muchos otros— verá que hay intenciones más humanistas que escriturales, en efecto, una filosofía de traducción y bíblica  y además,  que pretende ser “fiel”, evidentemente debe partir por criterios ajustadamente escriturales. Ahora, ¿cual es problema de esta declaración? Cuatro premisas  cuestionables.

1. “Según nuestro punto de vista…” (Fee Stuart  2007:42)

Justamente, nunca hay que perder de vista que la idea de que la equivalencia dinámica (funcional) es superior, es parte de una posición y enfoque filosófico moderno no autoritativo. El mismo Nida y Taber  hablan de un “Nuevo Concepto de Traducción” y basta leer las primeras hojas de  la introducción al texto referido[2], el cual notoriamente es un desarrollo apologético de esta premisa filosófica de traducción  (Nida  & Taber 1974:7).

2. “…la mejor teoría de la traducción es aquella que se mantiene lo más fiel posible tanto a la lengua original como a la receptora…”  (Fee Stuart  2007:42)

Esta segunda declaración  aparentemente es congruente, no obstante, es justamente lo contrario; no se puede ser fiel a las lenguas originales  y al mismo tiempo, a las lenguas receptoras. Siempre habrá una inclinación que irá en detrimento de una lengua; aunque ambas equivalencias (formal/dinámica) pueden ser acusadas de lo anterior, la “equivalencia dinámica”,  lo hace con un fuero filosófico y pretendiendo ser fiel al texto “original”, supedita a placé las palabras del texto escritural, teniendo como noción primordial,  el fin de la traducción, esto es, los lectores,  y la manera en que éstos lo entenderán, de allí que más que una traducción, la equivalencia dinámica es otro eufemismo “científico traductológico”, para lo que realmente se hace con ello, una “interpretación del texto”. ¿Qué es una buena traducción? Aun más, ¿cuál es correcta? Esta es la pregunta que  Eugene Nida y Charles Taber hacen, y contestan: “A la vieja pregunta de si una traducción es correcta habrá que responder con otra pregunta: ¿Para quién? Una traducción será correcta en la medida en que el lector medio a que va destinada  sea capaz de entenderla correctamente.” (Nida  & Taber  1974:16). Claramente se hace patente en esta declaración la denuncia  de David W. Cloud,   en el sentido de que estos filósofos  confunden, minimizan e ignoran   la dinámica de la iluminación espiritual  y la depravación humana  tocante a la potencialidad comprensiva espiritual, que posee un  hombre que no ha sido regenerado  (cf. 1 Cor. 2:14-16) (Cloud 2004:35), esto toma sentido al leer la segunda parte de esta declaración en donde añaden: “Y no se trata sólo de  una posibilidad de compresión, sino de una gran probabilidad. En otras palabras: no nos basta traducir de manera que el lector medio sea capaz de captar el mensaje  sino que debemos estar lo más seguros posible de que esa persona va a captarlo de hecho.” (Nida  & Taber  1974:16).

        Notemos un ejemplo concreto aquí. Proverbios 16:1, en donde se lee: “Del hombre son las disposiciones del corazón; Mas de Jehová es la respuesta de la lengua.” (RV60). ¿Qué ha hecho una traducción basada en “equivalencia dinámica”? NVI  —que defienden Fee y Stuart— y, proclamando fidelidad al texto original, ha traducido: “El hombre propone y Dios dispone.” Claramente en este ejemplo, la fidelidad es un concepto ficticio mutilante, pues  en el hebreo este versículo contiene a lo menos, 12 palabras (de forma de “ferrocarril”[3])  resumidas por un refrán popular.



3. “…pero cuando en algo haya que “ceder”, ellos debe ser a favor de la lengua receptora sin que se pierda el significado de la lengua original, por supuesto…” (Fee & Stuart 2007:42)

Esta declaración está ligada a la anterior, la fidelidad no es tal porque cuando hay “problemas de traducción”, hay que “ceder”. Uno podría pensar que la fidelidad concreta sería una vuelta al texto “original”, o favoreciendo la preservación de las palabras del texto griego y/o hebreo, no obstante, aquí es donde reflota nuevamente la filosofía de fondo de esta  teoría: «…pero cuando en algo haya que “ceder”, ello debe ser a favor de la lengua receptora.»  (Fee & Stuart 2007:42). ¿Por qué se privilegia el idioma receptor, donde surge esta premisa? La respuesta, Nida y sus premisas. Como podemos observar, el leitmotiv  regulador no es lo que dijo el profeta o el apóstol, sino lo que va entender el receptor, de allí, las concesiones en la omisión de “palabras”  a la orden de un grupo de traductores, el ejemplo anterior es bastante gráfico, la razón secundaria  sería  entonces el siguiente  punto.

4. “…pues el verdadero motivo de una traducción es hacer accesible estos textos antiguos a las personas de habla castellana que no conocen los idiomas originales.” (Fee & Stuart 2007:42)

Al parecer el motivo es bueno, no obstante es pragmático, y a la vez, autoritativamente auto referente (¡nuestra traducción es la ideal!). Pragmático, porque se tiene en cuenta la mayoría como factor rector. ¿Es el verdadero motivo de una traducción hacer accesible estos textos antiguos a las personas de habla castellana que no conocen los idiomas originales? El verdadero objetivo de una traducción nunca debe ser “primordialmente” para que las personas, —y todas— entiendan los idiomas originales. En primer lugar, la razón esencial de una traducción, es ser fiel copero  (Jer. 36:4; 2 Tim. 1:13a), el caso de Samuel es un buen ejemplo de la filosofía escritural: “Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras”. (1 Sam. 3:19). Pero, ¿esto quiere decir que los lectores no deben ser considerados? Claro que no, sin duda ninguna traducción es estrictamente literal, aun las que se basan en la equivalencia formal, no obstante, es aquí donde las ideas que incluyen la filosofía de Nida, ignoran el establecimiento del cuerpo docente que el Señor estableció,   usando biblias que preservan de manera formal, lo que realmente dijeron (intención) los autores bíblicos, y cómo lo dijeron. ¿Qué quiere decir esto? Notemos el siguiente párrafo.

El estudio inductivo de las Escrituras pregunta: ¿quién lo dijo? ¿A quién lo dijo? Y en especial, ¿qué dijo? Lo cual nos da el sentido primario del significado. Ahora, la semiótica —y aplicado al campo de la Escritura—  pregunta: ¿cómo dijo, lo que dijo? Lo cual apunta a la intención original (no dual[4]) del autor bíblico, pero, la intención que lo llevó también a decir lo que dijo, con los elementos gramaticales y vocálicos que el idioma original le proveyó en ese momento único, determinado por la providencia divina. De allí que Jesús también haya dicho: “Porque en verdad os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley hasta que toda se cumpla.” (Mt. 5:18) LBLA. Es pretencioso, y aun, arrogante pensar que la intención de Jesús aquí, fue solamente poética. Sin duda no estaba hablando de traducción, ni tampoco de equivalencia formal, pero evidentemente que sí, de la importancia que cada carácter vocálico en el influjo del sentido escrito. Obviamente, la teoría dinámica devasta por completo  la naturaleza semiótica (como lo dijeron)  que los autores de la Escritura  usaron para expresar su mensaje. Notemos otro ejemplo breve de esto.

Pablo escribió  en Romanos 3:10 οκ ἔστιν (úk éstin) “no hay”, derivado de la fuerza de la partícula hebreaאֵ֣ין) [eyn]), en el griego, una negación enfática que subyace en la boca del necio, quien piensa y sigue diciendo אֵ֣ין אֱלֹהִ֑ים  (eyn elohím)→ “…no hay Dios” (Sal. 14:1a) con→ אֵ֣ין  (eyn), que es una partícula adverbial hebrea usada como negación y también,  inexistencia. La semiótica de Pablo entonces, no es ingenua, nace de la descripción del Salmista (14,53) y la mirada de Dios acerca de la realidad humana (cf. Sal. 14:2-3; 23:2-3). De allí que  usando la particular griega de negación οκ (úk) indica llanamente que no solamente “no hay”, sino que no existe tal hombre; tal afirmación no es sólo un presente en Pablo, ἔστιν (éstin) “hay”, —la segunda palabra en este giro—  es el presente indicativo y activo del verbo εἰμί  (eími) “ser  o estar”, de manera que no sólo no existe nadie justo, sino que al presente, no existe nadie que esté actuando siempre, de acuerdo al estándar de Dios.  Si bien cierto una versión que traduzca “no hay” puede parecer una reducción de la intención “teológica” del autor, —Pablo— en cuanto a fidelidad, se requiere  algo simple, traducir formalmente, “no hay” (RV/LBLA), no obstante, la explicación de la teología incluida en este giro que se repite cuatro (griego) veces en la cita referida (Rom. 3:10-12), no es una prerrogativa de un equipo de traducción que interpreta el texto, —habitualmente— simplificando los sentidos. Pero, ¿cómo es que una versión de equivalencia dinámica traduce este versículo? El ejemplo, “no hay justo” Rom. 3:10 (RV60). Dos ejemplos sutiles de simplificación.  CEV (Comtemporary English Version) tradujo: “ninguno agrada a Dios.” Y PDT: “No hay quien no haya pecado.”

Evidentemente no todos pueden y pondrán entender siempre, y en todos los casos de manera correcta el texto bíblico,  no obstante, es aquí —como escribiera Ryken— que debemos entender que los traductores no tienen el derecho a asumir el papel de sacerdote, repartiendo la interpretación correcta a las masas (Ryken en Cloud 2004:91), por el contrario,   Dios quiso que en cuanto a la “interpretación”, existiera un “liderazgo” idóneo para enseñar a la iglesia,  de manera particular  al que el NT insiste denominar,  “apto para enseñar” (1 Tim. 3:2; 2 Tim. 2:2; Tit. 1:9ss),  de allí que leamos: “La Ex-posición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples.” (Sal. 119:130) RV60.  Sin embargo, hay un factor escritural aun más potente aquí del por qué este socialismo traductor con sus premisas traductológicas  no es pertinente; la razón de la compresión escritural final, no solo está basada en una Biblia que toma en cuenta la inspiración verbal y plenaria, aun más, tampoco a la que dice: “lenguaje fácil y fiel (!)”, sino, en la iluminación del Espíritu Santo, este es el factor esencial de por qué la Escritura tiene sentido para un lector, en especial, para el lector que ha sido dotado de una nueva mente para ello (1 Cor. 2:14ss).

Fee y Stuart sin duda no son herejes, ni nada por el estilo, son buenos teólogos (en general), y vale la pena poner atención en algunos puntos que exponen, no obstante, como tales, también abrazan ideas y posiciones  y ello no tiene carácter autoritativo y rector para los legos en la congregación, habitualmente encandilados con la erudición propagandística.

Nos llama poderosamente la atención las palabras de César Vidal[5], historiador, periodista, teólogo y también prolífico traductor, en efecto, a él se debe la primera versión de los Evangelios gnósticos de Nag Hammadi al español, la primera reconstrucción en español del hipotético Documento Q, la traducción crítica interlineal del texto griego del Nuevo Testamento,  así como traducciones de antologías del Talmud, los documentos del mar Muerto y otros textos relacionados con la Historia de las religiones, a este erudito evangélico español preguntamos  su opinión respecto la equivalencia dinámica, y nos respondió: “No creo en la equivalencia dinámica porque muchas veces deforma sólo el texto al capricho del traductor.” (César Vidal citado con permiso]). Raymond C. Van Leeuwen (Ph.D) profesor emérito de la Universidad de Toronto, aunque más condescendiente, y reconociendo la importancia de las traducciones y las diversas versiones consecuentes para “misionología”, y, habiendo contribuido a la traducción de la versión NTV[6] logra reconocer la reemplazibidad de esta teoría.

“…recientemente, una gran cantidad de nuevas traducciones ha permitido a millones de personas a leer la Biblia en un lenguaje que no es prohibitivamente difícil o extraño para ellos. Todo esto ha sido y sigue siendo un gran regalo a la iglesia. Yo mismo me siento honrado de haber hecho una pequeña contribución a la Nueva Traducción Viviente (NTV). Nueva traducción NLT [NTV], Nueva Versión Internacional  (NIV) [NVI], Nueva Revisión Estándar  (NRSV), Nueva Revisión Inglesa  (REB)   (Revisión de la Nueva Biblia Inglesa), y la   Versión Inglesa (TEV, también llamado The Good News Bible [Dios habla Hoy[7]]) , entre otras, “están todos influenciados por una teoría llamada dinámica o” Traducción equivalencia funcional” (FE). Estas traducciones sirven a sus fines previstos y el público también [no obstante] creemos que la teoría FE [equivalencia dinámica]  es insuficiente como único modelo para la traducción.”  (Van Leeuwen 2001:1)

En nuestra opinión la reflexión que ha hecho Santiago Escuain, quien no sólo es un erudito en el área  de la ciencia[8], sino también  de la traducción, es claramente mucho más precisa, esto, no sólo porque exhibe una compresión del tema, sino porque comprende la cuestión ética fundamental que cualquier creyente revela cuando se trata de las “palabras escritas” en la Palabra de Dios.


“…como traductor intérprete jurado contemplo la equivalencia dinámica como una mala herramienta. Mediante ella se introducen aproximaciones subjetivas y coloreadas al proceso de traducción, de modo que se pierde exactitud... y a veces se tergiversa el significado o se introducen contenidos no correspondientes a lo que se comunica en el original. En mi profesión, con énfasis especial en documentos jurídicos y legales, aunque también en un ámbito más amplio, debo prestar atención a verter *fielmente* el original. Puede haber casos problemáticos en los que el receptor de la traducción pueda necesitar información de trasfondo cultural. En tal caso, se puede dar una nota explicativa al pie para proporcionarla. Pero cuando se presentan problemas, la solución no está en cambiar los significados originales, sino en auxiliar al lector para que los comprenda.  Así, pienso que la equivalencia formal es el criterio que se debe seguir para no traicionar el contenido que se quiere comunicar. […] Mi propio idioma, el catalán; luego el español, el inglés y el francés." Lo de "Mi propio idioma" pertenece a que en mi experiencia de diversos idiomas, "Mi vida ha transcurrido a caballo de cuatro idiomas prácticamente cotidianos." Me entristece la amplia aceptación de la filosofía de la llamada equivalencia dinámica, en la que la equivalencia queda muchas veces traicionada, sesgada o sencillamente negada. Además, muchísimo más cuando se trata, por ejemplo, de traducciones de las Escrituras a lenguas indoeuropeas, con un acervo cultural común intenso, como entre el griego, el latín, las lenguas romances, y las lenguas europeas en general, que han tenido una permeabilidad tan enorme a lo largo de los siglos. Las dificultades que se puedan presentar en el caso de culturas más alejadas y extrañas, como incluso en el caso de tribus aún no alcanzadas, son susceptibles de solución mediante la educación paralela a la tarea de traducción, una educación mediante la que se pueden introducir aquellos conceptos que quizá sean extraños, pero desde la enseñanza de las Escrituras. Naturalmente, no es una tarea fácil pero tampoco es imposible, y el Señor da sabiduría cuando se la pedimos. Las dificultades en la traducción no pueden servir de excusa para la destrucción del contenido o su dilución.” (Santiago Escuain [usado con permiso]).

Sin duda el análisis de Santiago Escuain es contundente, y, bastaría como único argumento aquí. Por otro lado no cabe duda que las motivaciones implicadas en  traducción  son buenas y necesarias, aun Nida partió su filosofía abrazando este norte. No obstante, su teoría acerca de la equivalencia dinámica, fue el caballo de Troya que nos trajo un ingrediente  filosófico nocivo que los laicos rara vez advierten, pero que otros, y, a través del argumento ad verecundiam,  pretenden tener una nueva luz en la elección de una Biblia,  la falacia argumentativa que consiste en defender y adoptar una premisa  como verdadera porque quien es citado en el argumento, tiene autoridad en la materia, en este caso, como justamente lo son, Gordon Fee y Douglas Stuart.


Bibliografía
Fee, Gordon y Stuart Douglas 2007. Lectura eficaz de la Biblia. Miami, FL: Vida.
Cloud W. David 2004. La equivalencia dinámica su influencia y su error. Por Huron, MI: Bethel Baptis Church.
Hernando, James 2012. Diccionario de  Hermenéutica. Springfield, MI: Gospel Publishing House.
Nida, A. Eugene & Taber R. Charles  1974. La Traducción Teoría y Práctica. Madrid, España: Ediciones Cristiandad.
MacArthur, John et al. 2009. La predicación, cómo predicar Bíblicamente. Nashville, TN: Nelson.
Van Leeuwen C.  Raymond  2001. We Really Do Need Another Bible Translation (Realmente necesitamos Otra traducción de la Biblia). Internet URL: http://www.christianitytoday.com/ct/2001/october22/5.28.html
Vidal, César 2015. Biografía. Internet URL: http://www.cesarvidal.com/index.php/Biografia/



[1] Eugene Nida fue el Secretario Ejecutivo del Departamento Traducciones de la Sociedad Bíblica Americana de 1946 a 1980. Desde su retiro, se ha mantenido como consultor especial de traducciones. Viajó a más de 85 países y confiere a los trabajos de traducción en más de 200 idiomas diferentes. Influyó en incontables traductores de la Biblia a través de sus escritos. Como escribiera  David W. Cloud, Ray Van Leeuwen observó: “…si usted lee una Biblia traducida en el último medio siglo, es probable leer una Biblia influenciado por Nida.” (Cloud  2009:26).
[2] “La Traducción Teoría y Práctica”, por Eugene Nida y Charles Taber (1976).
[3] En el idioma hebreo de la Escritura  las preposiciones y conjunciones —entre otros aspectos gramaticales—  van unidas a las palabras. Por ejemplo, la palabra hashhamayim  (hash-hamayim) es visualmente sólo una palabra, pero debe traducirse “los cielos”, porque contiene la partícula o artículo  hebreo “ha”, unido al adjetivo  shamáyim, “cielos”.  Berechit, es otro término hebreo (Gén. 1:1) que incluye dos palabras, “Be”, que se traduce “en”, y “reshit→ “principio”, de allí, “En [el] principio”.
[4] Acompañando  al caballo de Troya de la equivalencia dinámica, tenemos en el día de hoy   otra idea nociva que sigue creciendo en algunos círculos teológicos y que sugiere que la intención del texto es polisemítica, esto es, que el autor bíblico quiso otorga  varios sentidos al lector, teniendo como consecuencia evidente, la relativización del mensaje objetivo que quiso comunicar Dios. En otras palabras, la “polisemia”, —y como escribiera el profesor James D. Hernando—   ha sido el fruto de la Nueva Hermenéutica de teólogos como Hans-George Gadamer (1900-2002) quien habló de un encuentro existencial con el texto. En consecuencia, el sentido del texto no es el que se propuso el autor, sino lo que este encuentro llega a significar (Hernando  2012:34,55).
[5] César Vidal Manzanares  es doctor en Historia, Teología y Filosofía y licenciado en Derecho. Ha ejercido la docencia en distintas universidades de Europa y América, y es actualmente catedrático de Historia en la Logos University (EE.UU). Posee un centenar de libros escritos, entre estos, el Interlineal Griego-español del Nuevo Testamento, editado por el grupo Nelson; La Herencia del Cristianismo, Editorial Jucum, entre muchos otros. Como señala en su sitio Web: “En el año 1977, experimentó lo que él considera el acontecimiento más relevante de su vida: su conversión tras la lectura del Nuevo Testamento en la lengua griega original.  Su descubrimiento del Jesús de las Escrituras y de la condición espiritual del hombre, especialmente a partir de la carta a los Romanos, determinó su deseo de seguir la Biblia por encima de cualquier consideración y, algunos meses después, su entrada en una iglesia evangélica.” (Vidal 2015:1).
[6] Nueva Traducción Viviente.
[7] Abreviaturas, GNB, GNT o  TEV.
[8] Santiago Escuain es titulado en Ingeniería Técnica en Procesos Químicos teniendo una larga experiencia en química aplicada; posee además los títulos de Traductor-Intérprete Jurado de lengua inglesa y Profesor de inglés, entre otros. Además es coordinador general del sitio web SEDIN  http://www.sedin.org/spanind.htm  y autor de numerosos libros, entre ellos el Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado (en co-autoría con Samuel Vila).

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