domingo, 27 de mayo de 2018

Análisis del libro: “La Biblia y el Futuro”, de Anthony A. Hoekema. Capítulo III.


 Por J.A. Torres Q.




Tercer capítulo, “El significado de la Historia”, páginas 36 a la 54.  En este capítulo Hoekema trata de explicar justamente el significado de la historia. En términos generales, creemos hace comentarios bien acertados al respecto. Empieza señalando las dos ideas más populares. La visión cíclica griega y el existencialismo ateo moderno (pág. 38s). Después de mencionar estos enfoques seculares, Hoekema mencionará cinco puntos que va a desarrollar como una respuesta o explanación de su perspectiva, de lo que considera es “El significado de la Historia”, a saber.

a)    La historia es el proceso de cumplimiento de los propósitos de Dios.
b)    Dios es el Señor de la historia.
c)     Cristo es el centro de la historia.
d)    Toda la historia avanza hacia una meta.
e)    Todos nuestros juicios históricos deben ser provisionales.
f)     La visión cristiana de la historia es básicamente optimista.
g)    Hay tanto continuidad como discontinuidad entre esta era y la siguiente.

Podríamos estar de acuerdo con los puntos anteriores, sin embargo, la semántica amilenarista no debe ser ignorada. Recordemos que Hoekema en el primer capítulo, señala: “...con referencia al reinado del futuro redentor, se predice especialmente que se sentará sobre el trono de David." (Hoekema  2008:17). Sin embargo, no debe pensar el lector que Hoekema concibe un reino literal en el trono de David en la “tierra”.  Declaraciones consensuales entonces, —según observamos de manera puntual— y, que no cabe duda cualquier premilenarista dispensacional  confirmaría con toda certeza, — aparte de las que merecen otro análisis[1]— son las siguientes.


1.    “…teniendo en cuenta que toda la historia está bajo el control  y dirección de Dios, podemos llegar a la conclusión de que toda la historia es una revelación”  (pág. 40).
2.    “Dios es el Señor de la historia (Gén. 50:20; Sal. 103:19; 2 Cro. 20:6; Pro. 21:1; Hec. 4:27-28; Efe. 1:11)” (pág. 40).
3.    “…la historia cumple los propósitos soberanos de Dios, tanto para las naciones como para los individuos” (pág. 41).
4.    “[3] Cristo es el centro de la historia” (pág. 42).
5.    “[4] la nueva ha sido introducida” los días postreros, la última hora (pág. 44).
6.    “el creyente neotestamentario ha sido transferido de la antigua era del pecado a la nueva era de la libertad cristiana” (pág. 44).

Es en esta dirección que nos tenemos que detener un poco. Página 45. Punto [5] Toda la historia avanza hacia una meta. En este punto Hoekema hace algunas declaraciones que merecen algunas observaciones. La cuestión del escorzo profético habitual en los libros premilenarista, es —para nuestra sorpresa— un aspecto que el teólogo amilenarista admite sin ningún problema. Hoekema le llama en el primer capítulo: “perspectiva profética” (Hoekema 2008:21). Nótese un escorzo profético común premilenarista de una verdad veterotestamentaria con alcance escatológico. 

Escorzo profético


Como señala Matthew Waymeyer, la mayoría de los intérpretes bíblicos reconocen que habitualmente en el AT una profecía dada predecirá dos o más eventos futuros y los presentará de tal manera que parece que van a tener lugar simultáneamente, y sin embargo, una revelación posterior aclara esa brecha significativa de tiempo que los separa (Waymeyer 2007). Comúnmente —añade Waymeyer— conocido como perspectiva “telescópica,” “perspectiva profética,” o “escorzo profético”; este fenómeno es a menudo comparado cuando se ven dos picos de montañas en la distancia —inicialmente parecen estar justo al lado de la otra— pero una mirada más cercana revela que están separadas por un valle.

Cabe señalar aquí que el teólogo amilenarista también reconoce este uso profético, al que llama —como hemos señalado—  “perspectiva profética”. Nótese por ejemplo, el propio Kim Riddlebarger, un teólogo amilenarista actual  señalar de esto:

“Hay casos específicos en las Escrituras cuando un profeta predijo lo que parece ser un solo evento futuro, pero a medida que la historia se desarrollaba se hizo evidente que la profecía original se refería a múltiples eventos.”  (Riddlebarger, en “A Case for Amillennialism”, p. 71, citado en Waymeyer 2007).

Teniendo esto claro, notemos algunas declaraciones de Hoekema que merecen una primera observación. Quizás también, una objeción. Hoekema señala en esta página, y, teniendo claro que lo hace bajo el punto de “[5] toda la historia avanza hacia una meta”, lo siguiente: “La idea que la historia tiene una meta es, como ya hemos visto, la singular contribución de los profetas hebreos” (pág. 45). Y añade: Dicha perspectiva, fue y es parte de la perspectiva profética de los profetas hebreos, un futuro escatológico, un horizonte que espera por su consumación; perspectiva que los filósofos griegos jamás observaron (Karl Löwith, pág. 45s). Así, —añade bien Hoekema— no solo los profetas del AT, sino también los apóstoles del NT dirigen sus expectativas  a una consumación escatológica.   

Ahora, es aquí que notamos la solapación del “esquema” amilenial de las dos etapas. La “era presente”, y la “por venir”. Hoekema señala que dicha perspectiva se enmarca justamente, en estas dos eras (pág. 46). La era presente y la era futura. De manera que en la interpretación de Hoekema, los profetas supuestamente  vieron  esta doble perspectiva. En términos concretos, Hoekema ve cuatro eventos futuros que deben cumplirse de manera ordenada, o en dicho orden. 1) Segunda venida. 2) Resurrección general. 3) Juicio final y 4). Nuevos cielos y nueva tierra (pág. 46). Ilustrado en perspectiva profética entonces, podemos ilustrarlo de la siguiente manera. 


(Berkhof 2005:832ss; Hoekema 2008:46; Benware 2010:115, 118; Enns 2010:391; Garret 2011II:656)


Como se ha  señalado, —y esto hay que tener claro— el pensamiento escatológico judío era lineal, esto es, esperaba la consumación inmediata de las profecías mesiánicas con un cumplimiento cabal, sin escorzos pausativos  (Amo. 8:11; Isa. 9:6-7*; 65:17-25), en efecto, esperaban todo en un sólo evento, esto es, el "año de la buena voluntad" (Isa. 61:1-2a) y acto seguido, el "día de venganza del Dios nuestro" (Isa. 61:2b-2); desconocido para los profetas del AT era entonces  el escorzo[1] en el que hoy en día la iglesia tiene su existencia, una cuestión propia de la revelación progresiva. 


Ahora, hay algunas cosas que Hoekema no toma en cuenta para su análisis del significado de la historia que, sin duda arroja por ello, un camino escatológico diferente del que observamos en las Escrituras. Aunque la meta sea finalmente el triunfo de Cristo, un aspecto que unifica de algún modo las posiciones escatológicas que tenemos al presente,   en Pablo y la revelación novotestamentaria general no hay una negación del aspecto lineal de la perspectiva de la historia revelada en los profetas, sino más bien encontramos un refinamiento de la escatología de acuerdo a luz complementaria del NT; de manera que con Cristo  se integran a la "Nueva Perspectiva Escatológica de Saulo convertido"  partiendo desde la iglesia (un misterio en el AT)—  el comienzo de los postreros días en el que la ira de Dios, no es solamente un aspecto  apocalíptico futuro que vendrá (Sof. 1:14Apo. 6:17),  sino a la vez, es una “…ira que se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad…” (Rom. 1:18s). Además,  el juicio veterotestamentario descrito contra las naciones (Isa. 63:1-6; Sal. 2:1-12), también incluye un tribunal no revelado en el AT,  el tribunal (βη̂μα [bma])[1] de Cristo (2 Cor. 5:10), separado del juicio final del amilenarismo representado por Hoekema.  Por otro lado la resurrección tiene una clarificación "temporal" marcada respecto a la sombra del AT, en especial, tocante a los creyentes respecto los incrédulos (cf. Isa. 26:19; Dan. 12:2; Job. 19:26 1 Cor. 15; Rom. 8:2; 2 Tim. 1:10; Heb. 2:14; Apo. 6:8; 20:13s).

La regeneración también tiene un aspecto profético telescópico; habiendo sido declarado en su  propósito original un nuevo pacto para con Israel (Jer. 31; Eze. 33-37), claramente los creyentes de esta dispensación (la iglesia) hemos experimentado dicho milagro mediante el agua o la Palabra y el Espíritu Santo (Stg. 1:18; Jn. 3:3), este último, el Agente monergista del nuevo nacimiento en los creyentes  (Jn. 3:8). Aun así, la regeneración es una profecía que espera un cumplimiento escatológico con el pueblo de Israel. A ellos fue dado, y en ellos verá un cumplimiento espiritual (Zac. 12), pero también terrenal, pues en la regeneración, “…cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, os sentaréis también sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.” (Mt. 19:28 LBLA). Una aclaración del propio Señor tocante al reino terrenal. Por supuesto, Hoekema no menciona esto porque en la "era presente y la por venir", no encaja un reino milenario. Sin embargo la realidad de una reino glorioso es evidente en el AT, y vislumbra  destellantemente  en toda su plenitud una era  Política  e Espiritual crítica[2] y gloriosa para Israel en el reino milenario prometido incondicionalmente por Dios a la casa de Judá como la de Israel (“y yo YHVH” Eze. 36:24P,25-27E, 28P; 37:1-6E; 12-14P/E; 21-28P; Jer. 31:1-14E;31-34P).

Por otro lado, y, aunque Hoekema sin duda reconoce claramente la iglesia como el cuerpo de Cristo como lo hace cualquier teólogo amilenarista, lo que no considera tal, es que la iglesia era un misterio no revelado en el AT (κκλησίᾳ [ekklesíacf. Efe. 3:1-13), asumiendo —como la mayoría de los amilenaristas, sino todos— que: “Éste es aquel Moisés que estuvo en la congregación κκλησίᾳ (ekklesía) en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí, y con nuestros padres, y que recibió palabras de vida que darnos…” (Hec. 7:38), de esta manera, teólogos amilenaristas como  Louis Berkhof (1873-1957), y a caballo de un trampolín eisegético,  concluyen: “Después del éxodo, el pueblo de Israel no sólo estaba organizado como una nación, sino que también constituía la iglesia de Dios…” (Berkhof 2010:98). 


 Ahora, Hoekema tampoco menciona aspectos escatológicos relacionados con la iglesia como el arrebatamiento (1 Tes. 4:13-18), su liberación del día de la ira (1 Tes. 1:10; 5:9; 2 Tes. 2:1-3; Apo. 3:10; 6:6-17ss), las bodas del Cordero en el cielo (Apo. 19:7-10) y el tribunal de Cristo (Rom. 14:10-12; 2 Cor. 5:10; 1 Cor. 3:10-15); todos estos aspectos de la escatología bíblica están ausentes como ingredientes escatológicos en el “significado de la historia” esbozada por Hoekema, y por supuesto, están necesariamente ausentes o absorbidos porque no calzan en el esquema propio amilenarista de las dos eras. 

        Ahora, un sesgo que podemos observar aquí con cierta claridad, es la conclusión o las implicancias de que Hoekema considere que “(e) la visión cristiana de la historia es básicamente optimista” (pág. 52). Y esto, es sin duda una conclusión que de algún modo podemos esperar en vista que de acuerdo a la interpretación amilenarista agustiniana del reino, hoy, estamos en el milenio, en el reino de Cristo como resultado del triunfo de Cristo, quien  en su primera venida  "ató" a Satanás en la cruz.  Sin duda los amilenaristas no están del todo de acuerdo con lo anterior, pues tocante a la perspectiva escatológica reformada, hay a lo menos, cuatro perceptivas de un milenio. Y, aunque el término amilenarismo al parecer no hace justicia a lo que creen justamente los amilenaristas, tenemos la perspectiva reformada negativa, que niega un milenio como tal; tal posición fue defendida por Louis Berkhof, y también algunos teólogos liberales como S.J. Case y Miller Borrows (Carballosa 2007:217). Así   también está la perspectiva “amilenarista” de que el reino milenial (tiempo entre la primera y la segunda venida) se estaría cumpliendo ahora en el cielo (B. Warfield; Hendriksen; W. Masselink; W.J. Corier). Donde Cristo está reinando sobre los glorificados (Benware 2010:115; Carballosa 2007:217). Una tercera ramificación  desde el amilenarismo es la idea de que estos mil años descritos por Juan, son solamente representativos de una era (Abraham Kuyper; William Milligan). Un tiempo de  completo [de plenitud] (Benware 2010:115; Carballosa 2007:217).

Una cuarta posición es la que sigue Hoekema aquí, y es que el reino de Dios está ahora presente en el mundo a través de la iglesia. La perceptiva que postuló Agustín de Hipona (354-430 d.C.) y que también hoy promulga la Iglesia Católica (Benware 2010:115).  Pero, ¿cuál es la implicancia del sesgo aludido? El hecho de que la visión cristiana de la historia es básicamente optimista (pág. 5), lo cual lleva  a Hoekema a señalar algo peculiar, quizás paradójico:

“Si bien el cristiano es lo suficientemente realista como para reconocer la presencia del mal en el mundo y la presencia del pecado en el corazón de los hombres, él es básicamente un optimista. Cree que Dios está en su trono y que está llevando a cabo sus propósitos en la historia. Así como el cristiano debe creer firmemente que todas las cosas ayudan a bien en su vida, aun cuando las apariencias indiquen lo contrario, del mismo modo debe creer que la historia se mueve hacia la meta de Dios, aunque los sucesos mundiales parezcan muchas veces ir en contra de la voluntad de Dios.” (Hoekema 2008:53).

         La redacción de Hoekema sin duda es fina, delicada, diríamos: amilenialmente pensada; sin duda la tensión que el amilenarismo ha tenido que responder desde sus inicios es  la constante paradoja de la realidad  de este mundo, y un reino presente de Cristo. Por ello algunos discípulos amilenaristas no dudan adoptar la concepción  que siguiera Warfield, que el reino se está llevando a cabo en el cielo, donde Cristo está sentado en el trono de David terrenal, ¡pero en el cielo! Nótese que Hoekema señala que el cristiano (debería decir, “el amilenarista”) “debe” creer que así como todas las cosas (malas y buenas) ayudan a bien en su vida, aunque esto incluya experiencias malas, del mismo modo añade Hoekema, el “creyente” debe creer que la historia se mueve hacia la meta de Dios, y esto, “aunque los sucesos mundiales parezcan muchas veces ir en contra de la voluntad de Dios.”

Sin duda la historia va hacia la meta que Dios  ha dispuesto en su soberana sabiduría, no obstante, lo anterior revela otra arista que el amilenarismo no ha sabido responder de manera sólida, sesgo  legado a los nuevos amilenaristas, otra incongruencia que debe aceptarse por escuela escatológica, más que por exégesis y clarificación llana respecto lo que señala el NT es hoy,   esta dispensación.



Bibliografía 



Benware, Paul 2010. Un estudio Exhaustivo. Entienda la Profecía de los Últimos Tiempos. Grand,  Rapids, MI: Portavoz.
Berkhof, Louis  2005. Teología Sistemática. Grand,  Rapids, MI: Desafío.
Coder, S. Maxwell 1981. JUDAS Los hechos de los apóstatas. Barcelona, España.: Portavoz.
Enns, Paul  2010. Compendio Portavoz de Teología. Grand,  Rapids, MI: Portavoz.
Garrett L. James 2011II. Teología Sistemática. El Paso, TX.: Mundo Hispano.
Hoekema A. Anthony 2008. La Biblia y el Futuro. Grand, Rapids, MI: Desafío.
Waymeyer, Matthew 2017. Introducción al Modelo de Dos-Etapas. Internet URL:








[1] Las siguientes frases sin duda contienen en sí, el bálsamo hermenéutico  amilenarista. Aunque no son declaraciones tajantes, vale la pena comprenderlas desde la premisa amilenarista. La primera, una cita de John Marsh, “…ya que el reino de Dios fue cumplido en Cristo, no puede venir ningún otro reino sino el suyo al final de la historia….” (Marsh en Hoekema 2008:43). El reino de Dios no tuvo un cumplimiento cabal con la primea venida de Cristo. A pesar que la cita deja ver esto, recuerde que la perspectiva amilenarista del reino es actual, estamos hoy en el reino. De allí que la frase “…el reino de Dios fue cumplido en Cristo” debe ser correctamente leída, según claro está, lo que quiere comunicar el teólogo amilenial. La segunda declaración que merece una lectura cuidadosa, es la siguiente: “La centralidad de Cristo en la historia está representada simbólicamente en Apocalipsis. Sólo el Cordero es digno de tomar el rollo del libro y romper sus siete sellos…” (pág. 43). Si leemos esta última declaración de manera rápida, podríamos asentir equivocadamente a su esencia. Sin duda el libro de Apocalipsis revela el triunfo de Cristo, no obstante, no es en sí un libro que represente “simbólicamente” aquello. La razón de esta “revelación”, es claramente expresada en 1:1-3, 19. Se trata entonces, del final de la historia revelada. Sin duda la perspectiva amilenarista reclama aquí una interpretación simbólica, porque no acepta una interpretación futurista, esto, hace violencia al esquema mismo de la “era presente” y la “por venir”.
[2]…a proclamar el año de la buena voluntad y el día de venganza de nuestro Dios; a consolar y ordenar […] a los afligidos de Sion…” Isa. 61:1-3 cf. [Lc. 4:16s]).
[3] Se distingue del juicio del gran tribunal blanco (Apo. 20:11-15) ligado al juicio mencionado en Judas vs 6 el “juicio crisis (krisis) del gran día”  la cual es una referencia directa al Juicio de condenación, usado también en  Mt. 10:15; 12:36; Mr. 6:13; Lc. 10:14; 2 Ped. 2:4,9, 3:7; 1 Jn. 4:17; Apo. 14:7, 16:7, instancia final que se cumple el día (escatológico) del juicio de Dios del gran tribunal blanco (Apo. 20:11-15). Bien escribe Coder: “Nuestro Señor declaró sencillamente que ningún creyente estará sujeto a crisis  Jn. 5:24” (Coder  1981:97).
[4] Cuando Cristo venga por segunda vez, Israel reconocerá a Jesús como su Mesías, lo cual será un reconocimiento con gran contrición al comprender que Jesús realmente había sido el enviado de Dios a quien no aceptaron (Ryrie 1994:1297). Véase Zac. 12:9-11a.

lunes, 21 de mayo de 2018

La hermenéutica reformada sobre el templo de Ezequiel 40-48 parte I


Por J.A. Torres Q. 


No hay dudas, es uno de los pasajes más difíciles del AT, y por supuesto, no se trata de diferencias entre ortodoxos y herejes, sino, entre hermanos que de algún modo puntual, ven la profecía de modos diferentes. Sin embargo, encontramos allí varias cuestiones claras al leer esta extensa porción del profeta Ezequiel. Que describe un tiemplo en visión (Eze. 40:1-4, 24, 28, 48), se menciona reiteradas veces (41:1, 15, 21, 23, 25; 42:8).  Se trata de un templo. ¿Simbólico, literal? El lector honesto de Ezequiel 40-48 puede corroborar por sí mismo, y, por supuesto, basado en una interpretación histórico gramático literal que un templo simbólico no tiene lugar en la profecía descrita por Ezequiel. No fue la descripción del templo de Herodes,  tampoco el templo que será profanado en la tribulación (cf. Dan. 9:27; Mt. 24:15ss; Mr. 14:27ss; Lc. 21:20ss; 2 Tes. 2:2s), se trata de  uno superior; uno que no ha tenido existencia ni parangón escritural hasta el día de hoy. Aun David E. Holwerda —profesor reformado— señala: “Ezequiel profetiza un templo futuro lleno de la gloria del Señor, el cual promete morar en medio de su pueblo para siempre (Ezequiel 43 43:5,7) (Holwerda 2000:76). Y añade Holwerda:

«Las visiones dadas a Ezequiel no concluyeron describiendo destrucción, sino con la visión de un esplendido futuro, de un templo perfecto en medio de una ciudad perfecta. Este templo ideal en el futuro de Israel se llenará de la gloria de Dios, y el habitará “entre los israelitas para siempre”» (Holwerda 2000:68).

Es evidente  para el lector honesto Ezequiel describe claramente un templo en detalle[1]. Randall Price añade, detallando Ezequiel: 318 medidas precisas del templo (Price 2014:133). Pero, e insistimos: ¿no fue el templo de Herodes  el cumplimiento de la profecía de Ezequiel? Hasta ahora no ha habido nada parecido en la época de los apóstoles como en la época posterior a la era  cristiana. El propio  Holwerda señala aquí también: “La visión de Ezequiel en cuanto a un templo o monte ideal nunca se cumplió en forma literal en la historia de Israel. El  segundo templo  construido después del regreso del exilio, carecía de la gloria mencionada en la visión de Ezequiel […] en los tiempos de Jesús, pese a que Herodes había renovado y expandido bastante el segundo templo, nadie en el judaísmo osaba identificar este templo con las promesas del Antiguo Testamento.” (Holwerda 2000:68). Pero, ¿realmente está escrito, hay otros antecedentes en el AT acerca de la presencia futura de un templo divino en el que todos los pueblos se congregarán?  Jesús se refirió a ello también;  citando a Isaías señaló: “¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.” (Mr. 11:17 cf. [Mt. 21:13]).   No solo Ezequiel profetizó la presencia de un templo en el futuro, otros profetas también revelaron dicha predicción.

Jl. 3:18  מִבֵּ֤ית יְהוָה֙ la casa de YHVHcf. (Jl. 1:9).   
Isa. 2:3  אֶל־בֵּית֙ אֱלֹהֵ֣י a la casa de Dios 
Isa. 60:13   לְפָאֵר֙ מְק֣וֹם מִקְדָּשִׁ֔יpara adornar mi santuario”)

En todos los ejemplos anteriores, el término בַּיִת (bayit) se refiere a un edificio[2] (casa, palacio, sala, morada[3]), pero también, a lo que entendemos es un “templo”,  teniendo también, una extensión semántica relativa a una familia real o dinastía particular (cf. Gén. 17:27; 50:4; Éxo. 1:21;  Pro. 24:27; 1 Rey. 12:26). Así también, el profeta Daniel  describiendo eventos escatológicos relativos al mesías, señaló  וְלִמְשֹׁ֖חַ קֹ֥דֶשׁ קָֽדָשִֽׁים y para ungir el lugar santísimo  (Dn.  9:24 LBLA). Hageo, refiriéndose a la casa, al lugar físico que incluye el templo, escribió y en plena construcción del templo: “...y llenaré de gloria esta casa…”  (Hag. 2:7,7). Pero, con un claro énfasis escatológico ajeno a su contexto histórico, incluyendo aspectos apocalípticos previos (“y haré temblar a todas las naciones…” Hag. 2:7), así, y a reglón seguido añadió: “y llenaré de gloria esta casa… la gloria postrera de esta casa será mayor” (Hag. 2:7,9).  Claramente Hageo vislumbró la existencia de un templo futuro;  por supuesto, un lugar físico que no ha visto comparación en la historia humana, lo cual se subraya por el hecho de que en tal templo, —y siendo honestos con el texto— aun también, habrán sacrificios. Que, “serán aceptos…” (Isa. 56:6,7). Serán ofrecidos con agrado sobre [el]  altar…” (Isa. 60:7). En palabras de Zacarías:   

 16 Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén,  subirán de año en año para adorar al Rey,  a Jehová de los ejércitos,  y a celebrar la fiesta de los tabernáculos. 17  Y acontecerá que los de las familias de la tierra que no subieren a Jerusalén para adorar al Rey,  Jehová de los ejércitos,  no vendrá sobre ellos lluvia. 18  Y si la familia de Egipto no subiere y no viniere,  sobre ellos no habrá lluvia;  vendrá la plaga con que Jehová herirá las naciones que no subieren a celebrar la fiesta de los tabernáculos. 19  Esta será la pena del pecado de Egipto,  y del pecado de todas las naciones que no subieren para celebrar la fiesta de los tabernáculos. 20  En aquel día estará grabado sobre las campanillas de los caballos: SANTIDAD A JEHOVÁ;  y las ollas de la casa de Jehová serán como los tazones del altar. 21  Y toda olla en Jerusalén y Judá será consagrada a Jehová de los ejércitos;  y todos los que sacrificaren vendrán y tomarán de ellas,  y cocerán en ellas;  y no habrá en aquel día más mercader en la casa de Jehová de los ejércitos.” (Zac. 14:16 RV60 cf. [Jer. 33:18]).

“…y todos los que sacrificaren vendrán y tomarán de ellas,  y cocerán en ellas…” (Eze. 14:21), no es poesía. Ni un circunloquio profético. Aunque esto incluye un “dilema” teológico, es lo que señala el texto.  Dejando las respuestas a esta dificultad hermenéutica para otro post,  el quid del asunto aquí es comprender cómo la teología reformada aborda Ezequiel 40-48.

En términos concretos  la teología reformada no ve un futuro templo en la descripción profética de Ezequiel detallada con clara precisión en dichos ocho capítulos. Pero más que no ver un templo allí, lo que hace la hermenéutica reformada es reinterpretar tal profecía por razones de “esquema”.  Así, el templo literal que describe Ezequiel es en realidad  una “piedra” molesta para  la viga maestra escatológica de la interpretación reformada. De allí que toda interpretación llana premilenarista de esta profecía  (y otras),  habitualmente sea acusada de “literalismo estricto” porque justamente, ignora el esquema reformado pre-concebido. Ahora, ¿cuál es esta viga maestra? 

 El punto aquí es comprender cuales son los argumentos que la  interpretación reformada usa para evadir y negar el sentido llano de tales oráculos acerca del templo revelado a  Ezequiel, a quien Dios reveló con expresa orden (“Cuenta todo lo que ves a la casa de Israel” Isa. 40:4c).Cabe destacar  —como ya lo aludimos— que no es solamente Ezequiel quien vislumbra un futuro templo,  profetas como Jeremías, Joel, Hageo e Isaías  también claramente concibieron  un templo escatológico. Notemos entonces, cómo y cuáles son los argumentos reformados que se usan habitualmente para negar la realidad del templo futuro de Dios  revelado en Ezequiel 40-48.

Tocante a estos capítulos  Anthony Hoekema escribe: “Es obvio que estos capítulos describen un glorioso futuro para los israelitas que están en cautiverio durante el tiempo en que Ezequiel escribe. Este futuro es descrito en términos de un ritual religioso que los israelitas conocían […] Los detalles respecto al templo y a los sacrificios deben ser entendidos de un modo no literal sino figurativo.”  (Hoekema 2008:231s).  Robert B. Strimple dice que es una tipología de Cristo, el verdadero templo. Todo lo que representa el templo, está entonces cumplido en Jesucristo (Mt. 12:6; Jn. 2:19-22) (Strimple en Bock ed. 2017:104, 105). Figurativo, metafórico (tipológico), es la idea de Ezequiel según Hoekema y Strimple.

David E. Holwerda, ingeniosamente añade: “Ezequiel profetiza un templo futuro lleno de la gloria del Señor, el cual promete morar en medio de su pueblo para siempre (Ezequiel 43 43:5,7). El evangelio anuncia a uno en quien la gloria de Dios se encarna y habita entre su pueblo (Juan 1:14) […] Dios habita en Jesús y en nosotros (Juan 14:23), y la realidad del templo de Ezequiel existe por todo el mundo.”  (Holwerda 2000:76). Sin embargo, esta  nos es la conclusión de Holwerda, aun el mismo, —y antes de explicar la interpretación de Ezequiel 40-48 (pág. 76)— reconoce la tensión que su interpretación incluye señalando incluso el mismo que, a más de alguno puede parecerle  sorpresiva distorsión de la profecía de Ezequiel. Sin  embargo, Holwerda sigue adelante señalando  en un silogismo sutil, lo siguiente:

“Jesús y la gloria del templo de Ezequiel. El evangelio de Juan anuncia a uno en quien la gloria de Dios se encarna y habita entre su pueblo (Juan 1:14). Ciertamente existe una concesión. Si la razón por la que el templo del Antiguo Testamento existe es solo para expresar el deseo de Dios de morar con su Pueblo (Isaías 66:1s).” (Holwerda 2000:76).

Un par de líneas más abajo, Holwerda añade:

 “Dios habita en Jesús y nosotros (Juan 14:23), y la realidad del templo de Ezequiel existe por todo el mundo.” (Holwerda 2000:76).

¿Logró captar la explicación de Holwerda? No hay templo. No hay templo literal. Se trata de uno templo “simbólico” ya presente que está en todo el mundo. ¿En la iglesia? Antes de concluir lo anterior, dejemos que el propio Holwerda responda. Así, y a reglón seguido, leemos:

“Dios ha cumplido su promesa… la veracidad de Dios queda demostrada en su fidelidad al cumplir sus promesas del pacto. Dios prometió que él habitaría con su pueblo, y Jesús es la demostración encarnada que Dios es fiel en cumplir sus promesas del pacto… el cuerpo de Jesús es el nuevo templo porque él es el lugar tanto de expiación como el de la presencia de Dios […] Jesús es la gloria del templo de Ezequiel, una verdad  revelada en la encarnación…” (Holwerda 2000:76).

Así es, no hay templo. Ezequiel de algún modo se refería a Cristo, no a un edificio o palacio real divino.  Él —según Holwerda— es el templo. Pero aún más, no solo Cristo es el templo, también lo es la comunidad, se cita aquí 1 Cor. 3:16ss, 2 Cor. 6:17-7:1  y Efe. 2:20-22. Así añade más abajo: “El templo es una metáfora de la unidad, unidad entre creyentes en Cristo que existe debido a la presencia del Espíritu de Dios que mora en ellos.” (Holwerda 2000:81). Pero, ¿puede el templo ser Cristo y la comunidad al mismo tiempo? Holwerda responde: Evidentemente, partiendo de las bases del judaísmo y del Antiguo Testamento, sería posible creer en ambas opiniones acerca del templo (Holwerda 2000:81).

Sin duda el ingenuo hermenéutico de Holwerda es digno de destacar. Un templo literal no encaja. Pero, ¿cuál es la idea del término  בַּיִת (bayit) usado por Ezequiel? ¿Se refiere realmente a un templo? J.R. Williamson —docente reformado— subraya lo que ya hemos dicho. “La palabra hebrea se refiere a la morada de un rey, un palacio… el templo es la residencia real; es el  lugar donde Dios mora sobre la tierra… en un sentido, era la sede de la presencia Divina en la tierra.” (Williamson 2014:186). Por supuesto, para Williamson, aun reconociendo que el término hace referencia a un templo literal, en su perspectiva tocante al templo de Ezequiel, no lo es.  Dicho de otro modo, el término  “templo” se muda a un cuerpo, a una entidad; se trata entonces de un templo místico, un templo espiritual. Notemos entonces la opinión de J.R. Williamson. Misionero y profesor bautista reformado. ¿Cómo debemos entender entonces el templo de Ezequiel? James R. Williamson sin rodeos escribió:

«Cuando Pedro hizo la gran confesión de que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios Viviente, el Señor respondió declarando el establecimiento der Su templo y su reino. No te la similitud de estas palabras de Zacarías: “y edificará el templo de Jehová [Zac. 6:12-15]”, a la declaración de Pedro sobre este tercer templo: “y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán con ella [Mt. 16:18].”» (Williamson 2014:191).

J.R. Williamson es también ingenioso. El templo de Ezequiel, es la iglesia. Y, al igual que Holwerda, Williamson reconoce la tensión que su interpretación podría provocar, por ello pregunta anticipándose: ¿es correcto asumir que Mateo 16:18 hace eco de la profecía de Zacarías? Y añade preguntando sin  rodeos: ¿Podemos decir que la iglesia cumple estas profecías sobre el templo? A lo cual responde: “!Ciertamente! … Muy claramente, los creyentes en Cristo, gentiles y judíos por igual, componen el templo del Dios viviente. Ellos son sus vigas, paredes y pelares, y Cristo es su principal piedra angular.” (Williamson 2014:192).

La interpretación de J.R. Williamson es sin duda atractiva para quien quiere eludir una interpretación natural y llana del pasaje que estamos aludiendo; nótese la frase anterior: los creyentes en Cristo, —gentiles y judíos por igual— componen el templo del Dios viviente. Ellos son sus vigas, paredes y pelares, y Cristo es su principal piedra angular. En efecto, ¿no es Cristo la piedra angular (Efe. 12:20; Sal. 118:22; Isa. 28:16)? ¿No son los creyentes piedras vivas (1 Ped. 1:1ss; 1 Cor. 3:9)? J.R. Williamson encuentra en versículos como los aludidos explicaciones para su interpretación, y aun —tocantes a los sacrificios— añade:

«…la oración, las dádivas y los cánticos de alabanzas son todos designados como “sacrificios” en el Nuevo Testamento, cumpliendo las profecías que hablan de los gentiles trayendo ofrendas a Dios… Por tanto, las profecías del Antiguo Testamento sobre sacrificios renovados en un templo restaurado se cumplen cada vez que los cristianos se reúnen a adorar a Cristo de acuerdo a Su Palabra.» (Williamson 2014:193).

Lo anterior sin duda otra manera ingeniosa de interpretar la profecía de Ezequiel, algo propio de  la hermenéutica reformada a la hora de abordar la escatología.

Notemos un último comentarista de convicción reformada aquí. José Grau (1931-2014). Según Grau, la interpretación de estos capítulos de Ezequiel dependerá de la actitud que se tome frente a toda la problemática escatológica en general. Así tenemos la interpretación literal inmediata, la interpretación literal futurista, y la interpretación simbólica cristiana y apocalíptica (Grau 1977:123).  La posición de Grau, la última. Así señala: “El conjunto de 40-48 es simbólico, y expresa una gran realidad espiritual: un pueblo redimido, en medio del cual mora Jehová (43:2-5; 48:35), no puede estar organizado al azar” (Grau 1977:124). Es interesante que Grau señale que Ezequiel está pensando en un templo literal restaurado, en una ley perfectamente observada, y en  sacrificios en pleno funcionamiento (pág. 125), pero, debido a que es una “visión”,   dicho significado literal se diluye en su cumplimiento, pues —según Grau— es tipo, figura, sombra de una realidad; para Grau se debe pasar del literalismo de la profecía, a lo simbólico de su "significado". Así Grau concluye:

1.    La perfección del plan de Dios para su pueblo restaurado, simbólicamente expresada en la impecable simetría del pueblo.
2.    La centralidad de la adoración, dirigida únicamente a Dios y expresada como de suma importancia en los escrupulosos detalles del ritual.
3.    Las bendiciones que fluirán de la presenta de Dios y regaran las arideces espirituales (el rio de la vida)
4.    El orden y disciplina en la ejecución de los diversos ministerios, lo que responsabiliza a todo el pueblo de Dios y le llama al orden y al buen gobierno; todo ello ejemplarizado en los servicios del templo y en el reparto de la tierra…
(Grau 1977:126)


 El propósito de Ezequiel —según Grau entonces— al escribir tales descripciones del templo fue sólo para consolar; para abrirles los ojos a los judíos exiliados y animarlos a mirar un futuro glorioso idealista (pág. 126). En efecto, estaban deportados, pasando por momentos difíciles. Era necesario presentar tales esperanzas en un lenguaje que ellos conocían. Aunque por cierto, no fuera lo que finalmente se cumpliría, un templo literal.  

Como usted ha podido constatar, cualquier lector que tome las referencias de Ezequiel (capítulos 40-48) de manera llana, podría ser acusado de “híper literalismo”, o, de un  “estricto literalismo”  como señala el Pr. Sugel Michelén en sus diferentes exposiciones en contra del premilenarismo dispensacional. Sin embargo, antes de hacer un examen de los argumentos presentados aquí por los autores citados en un próximo post, tenemos que entender que existe una rigidez hermenéutica difícil de refutar en la perspectiva reformada de quienes han sido criados con este tipo de lectura, o, “re-educados” con este tipo de reinterpretación de las Escrituras.  

No está a la vista, pero es la viga maestra pre-hermenéutica de todo amilenarista. Novato, como eximio. Pues: ¿por qué interpretar tantos capítulos tan detallados de una realidad futura de manera figurativa? El argumento esencial de fondo que todo amilenarista resguarda aquí es, que no cuadra. No entra en un esquema hermenéutico como es el esquema de “la era presente”, y la “era porvenir”, esta es pues, la viga maestra que no se puede violar. Ésta es la camisa de fuerza de la escatología amilenarista que no permite nada que no esté y cuadre  dentro de este marco. Así, cualquier pasaje que escape a este modelo  se debe reinterpretar; en otras palabras,   se debe alegorizar, simbolizar  o figurizar, esto, según sea el caso. La “era presente” y la “era porvenir” entonces,  es la palanca de la escatología amilenial pues, ¿no fue este el “esquema” de Jesús y los apóstoles para interpretar las Escrituras?  Así el propio Pr. S. Michelén llega a decir: “Es más importante que nosotros veamos la Escritura, para luego ver donde encajan esos detalles de la escatología. Pero el punto es, la pregunta que tenemos que hacernos antes que nada: ¿es este esquema [“la era presente” y la “era porvenir”], el esquema del Nuevo Testamento?  […] [Éste] es el esquema que permea el NT, este siglo y el venidero. Entonces, lo primero que tenemos que preguntarnos es, ¿es esta estructura bíblica? Y luego preguntarnos: ¿y, dónde encaja todo aquello, todo…?” (Michelén  2017, min. 10:10-10:60).

Como señalamos al principio la idea de este post, es comprender primero, qué, o cuál es la interpretación reformada de Ezequiel 40-48. Como observamos, hay matices en ello, pero la idea se comprende bien. Lo cual nos da respuestas del porqué también el amilenarismo interpreta el libro de Apocalipsis  de manera cíclica, en efecto, la interpretación  llana de la carta de Juan, atenta contra todo el “esquema” mencionado y negar dicho esquema, pone en riesgo  tal estructura, algo que el amilenarista no se puede permitir. Así, el libro de Juan no trata de profecía predictiva respecto las “…cosas que deben suceder pronto” (Apo.1:1) y una descripción de los juicios de Dios. Si no,  es una “profecía” didáctica de consolación para los destinatarios que estaban sufriendo (Hendriksen 2005:8,10). Tampoco se trata “solo” del triunfo de Cristo sobre el mal y posteriormente, su venida (Apo. 19) y gloriosa entrada para instaurar su reino, no, aunque se trata del triunfo de la iglesia —en palabras de Hendriksen— sobre las huestes del mal, pero, en esta era; durante toda esta era presente, sobre “…toda esta dispensación” (pág. 10);  de manera que los creyentes ya están reinando, y por mil años, pero,  en el cielo (2005:9). Dicho de otro modo, todo el libro es una descripción simbólica que tiene el objeto de dar a los cristianos una perspectiva de esperanza. Estas instrucciones incluyendo en ellas “advertencias”, fueron dadas  a la iglesia —según Hendriksen— a los largo de los siglos y para su consolación  y esperanza  (pág. 10).  


En un próximo post veremos algunas observaciones a los argumentos que usan los teólogos reformados para sustentar tan ingeniosa interpretación, en este caso, de la profecía de Ezequiel. Un desafío no fácil de resolver por cierto.   








Bibliografía

Bock L. Darrell &  Blaising A. Craig et al. 2017. Tres Perspectivas Sobre el Milenio y el más Allá. Nashville, TN: Faro de Gracia.
Chávez, Moisés 1992. Diccionario Hebreo Bíblico. El Paso, TX.: Mundo Hispano. 
Grau, José 1977. Escatología Final de los Tiempos, 7. Curso de Formación Teología Evangélica. Viladecavalls, España, Barcelona: Clie.
Hoekema A. Anthony 2008. La Biblia y el Futuro. Gran, Rapids, MI: Desafío.
Holwerda, David 200.Israel en el Plan de Dios. Grand, Rapids, MI: Desafío.
Hendriksen, Williams 2005. Más que Vencedores. Gran, Rapids, MI: Desafío.
Michelén, Sugel 2017. Milenio y el Siglo Venidero. Internet URL: 
Williamson, James 2014. Desde el Huerto del Edén, Hasta la Gloria del Cielo, la salvación de Dios desplegada por medio de los pactos. Greenville, SC.: Faro de Gracia.



[1] El Dr. Martin Henebury expone aquí, diez razones del por qué el templo de Ezequiel se trata de un templo literal.  https://evangelio.blog/2017/12/26/diez-lneas-de-evidencia-para-interpretar-ezequiel-40-48-como-un-templo-literal/
[2] “casa del rey o palacio” (Jer. 39:8).  “que está a cargo del palacio” (Gén. 43:16, Gén. 43:19). ha-báyit “el templo” (Eze. 41:7). bet ha-mamlajáh“templo real” (Amó 7:13) (Chávez 1992:72).
[3] Del Seol, la morada eterna (Job. 17:13).