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lunes, 19 de octubre de 2026

¿Qué enseña el NT sobre la “autonomía” de la iglesia?

Por J.A. Torres Q. (M.A.)


I.   ¿Qué enseña el NT sobre la “autonomía” de la iglesia?

Conceptos claves: Dependencia, independencia (subordinada), interdependencia

I.  Ante la pregunta anterior, debemos considerar el desarrollo de la iglesia está de algún modo solapado con la elaboración de las epístolas, por ello es necesario observar el desarrollo de la iglesia en estas tres etapas básicas de desarrollo, 1) el periodo de organización, 2) de dispersión y 3) de misión. Si observamos cada etapa con cierto detalle, notaremos entonces, lo que el NT nos enseña sobre la organización de la iglesia, su dependencia e interdependencia y también, un sentido de autonomía relativo.

Como ya aludimos, el NT no enseña algo así, como la autonomía de la iglesia, más bien, el NT revela que la iglesia es dependiente e interdependiente. Por supuesto, desde el segundo periodo en adelante, en especial, de la diáspora de los creyentes, la iglesia deja de ser local, y comienza a ser regional, en este contexto, deja de ser dependiente desde el punto de vista físico y comenzará un proceso de independencia (subordinada) del liderazgo de Jerusalén y de la iglesia local de Jerusalén que, de algún modo, requerirá de una organización local, pero como veremos, las iglesias locales, nunca dejaron de ser dependientes de la autoridad apostólica física, después, epistolar (Efe. 2:20).  Las preguntas son, ¿en qué sentido la iglesia creciente del NT que, está en desarrollo es dependiente e interdependiente? ¿Qué tipo de “independencia” de las iglesias locales regionales muestra el NT después de la diáspora? ¿Podemos hablar de la autonomía administrativa de la iglesia local? Notemos entonces, la primera etapa al respecto. 


A. Primer periodo: Periodo de Fundación 

 

Desde su fundación (Hec. 2) hasta el martirio de Esteban (Hec. 6-7).

Nuevamente es importante señalar que el relato de Hechos, no es una narración de eclesiología sistemática, tampoco, de organización eclesiástica. Esto siempre debe tenerse en cuenta si queremos sacar conclusiones hermenéuticas correctas, pues, la intención de Lucas no es sistematizar la doctrina apostólica, sino, darnos por implicación, un “relato ordenado” de la historia.  El énfasis de Lucas en Hechos viene demarcado desde el prólogo del evangelio, en el que observamos que Lucas le ha parecido —al igual que los otros “historiadores”—  hacer una διήγησιν[1] ἀνατάξασθαι (diégesin anatáxasthai [Lc. 1:1a]) “narración histórica ordenada”  de los πραγμάτων (pragmáton [Lc. 1:1b]), esto es, de los “sucesos”[2] acaecidos.

            Ahora bien, teniendo claro la intención de Lucas plasmadas en sus dos tomos, podemos avanzar diciendo que en el primer periodo de fundación, la iglesia en Hechos tuvo su inicio[3] en Jerusalén el día de pentecostés (Hec. 2; Mt. 16:17-18), siendo esencialmente, una iglesia judía (Hec. 2:1-5; 22, 29), pero a la vez, multiétnica (Hec. 2:5- 12). Segundo, la iglesia no comienza por medio de la iniciativa humana. Desde el comienzo de la iglesia deja ver que fue una obra sobrenatural de Dios, en cumplimiento directo de las palabras del Señor (Hec. 1:4) y la venida del Espíritu Santo (Jn. 16:7-14). Lo tercero que se observa en el informe de Lucas, es que, a la predicación de Pedro, fueron reunidos a la iglesia, como tres mil personas (Hec. 2:41). De manera inmediata entonces, la iglesia comienza a ser adoctrinada en la doctrina de los apóstoles (Hec. 2:42), y Lucas añade que, Dios mismo “…añadía a la iglesia cada día a la iglesia los que habían de ser salvos…” (Hec. 2:47).

Hasta aquí entonces, ¿qué tipo de iglesia Lucas nos presenta? ¿Hay una organización eclesiástica definida? ¿Hay una estructura organizativa clara? Por supuesto, aunque la iglesia recién está comenzando, en este primer avance claramente podemos notar que la iglesia, no es autónoma, sino, primero, dependiente de Dios (Hec. 2:1s), en segundo lugar, de los apóstoles (Hec. 1:15; 2:14, 29,36,38; 3:12), de las Escrituras (AT) y la palabra de Cristo.  El resto de los acontecimientos relatados[4] en este primer periodo (Hec. 2-7), fueron confirmando la obra de Dios, quien utilizó todos estos acontecimientos para ratificar la verdad del evangelio.  En este primero periodo, podemos resumir la “eclesiología” de la iglesia de la siguiente manera.

 

II.                  Resumen: Primer periodo de Fundación

Organización de la iglesia: Primer periodo de Fundación

 


A.  Lo primero que podemos observar en esta primera etapa, es que la iglesia no es autónoma, en el sentido moderno. Desde el mismo inicio, la iglesia es dependiente de Dios, quien ordena soberanamente todos los acontecimientos para dar comienzo a la iglesia como un organismo viviente (Hec. 1:6-8; 2:1). “…pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros, el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hec. 1:8).

 

B.  Segundo, el cumplimiento de la promesa del Señor, convoca no sólo a los judíos, sino también, a hombres de todas las naciones (Hec. 2:5). Lucas menciona a partos, medos, elamitas, personas de Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto Asia, Frigia, Panfilia, Egipto y las regiones de África, así también, de Cirene, cretenses y árabes (Hec. 2:9-11). En otras palabras, aunque la iglesia comenzó siendo judía, el mismo día de su formación, pasó a ser multiétnica.

 

C.  Tercero, en este proceso, la primera decisión “administrativa” apostólica, es el reemplazo de Judas. En esta primera reunión apostólica, Pedro asume el liderazgo entre los doce, no sólo siendo el vocero o moderador, sino también, el que prescribe las decisiones a tomar (Hec. 1:15-19) y, aunque esta primera reunión de directorio apostólico Matías fue escogido, y no se mencione más, este patrón organizativo, seguirá con Pedro a la cabeza (Hec. 1:15; 2:14, 22, 29, 36, 38; 3:1,4, 6, 12; 17-26; 4:8, 13; 19; 5:3, 8, 29; 9:32-40; 10:5,9, 17, 21; 23-26; 8:32, 34-35; 11:1-7; 12:3-19), al menos, hasta el capítulo 12.

 

D. Tercero, desde el comienzo de la iglesia, Lucas deja de manifiesto que la misma es guiada y depende de la dirección y guía de los apóstoles, quienes también establecen desde el comienzo, la autoridad normativa para la iglesia por medio de la “doctrina de los apóstoles” (Hec. 2:42) que incluye:

 

Las Escrituras (Hec. 1:20; 2:16-21; 25-28; 34-35; 3:22-23; 4:25-26 et al.)

La Palabra de Cristo[5] (Hec. 1:6-8; 2:22-36; 12-15; 18-26; 4:2, 11-12 et al)

 

Hasta aquí, la iglesia no es independiente en el sentido radical, sino, dependiente de Dios para su crecimiento (Hec. 2:47), de las Escrituras (AT), de la doctrina de los apóstoles y de los apóstoles mismos como sus dirigentes. 

 

E.  Cuarto, al considerar un segundo evento eclesiológico “administrativo” en el caso de la elección de los colaboradores de Hechos 6, notamos que este orden no cambia. El proceso inicial es dirigido por los apóstoles, no por la iglesia. Segundo, aunque pudiera sonar obvio, no era una sesión de iglesia organizada, ni tampoco, un pre Concilio, sino, una circunstancia única que surgió de una problemática cristiana “social”. Por ello, la situación, aunque requiere de la multitud de los discípulos, es una ocasión urgente, que debe solucionarse. Pero, siempre, son los apóstoles quienes están a cargo del proceso.  La iglesia participa, remitiéndose a “buscar” o como observamos, a “detectar”[6], sin duda, pero no deliberar. En otras palabras, y de manera similar a Hechos 1:23, los apóstoles en el vs. 3 mandan a los discípulos reunidos a inspeccionar, reconociendo a los que, de ellos, cumplían con los requisitos que los apóstoles establecieron, 1) detecten a siete varones con las siguientes características morales-espirituales 2) buen testimonio 2) llenos del Espíritu Santo y 3) y llenos de sabiduría. Nótese que los doce no dicen “a quienes podamos todos encargar esta tarea” sino más bien, “a quienes pondremos nosotros (los doce) sobre esta necesidad”. Aquí se establecen las diferencias entre la prerrogativa de los apóstoles y la de los discípulos y el texto griego subraya esta distinción.

 

  επισκέψασθε[7]  (episkéfasthe)        

“Detecten ustedes” (la “asamblea”)

  καταστήσωμεν[8] (katastésomen)    

“Nosotros [los] constituiremos” (los doce)

 

       La asamblea detecta, pero son finalmente los apóstoles quienes constituyeron a los siete para este ministerio, lo cual no sólo se subraya por medio del verbo usado καθίστημι (kathístemi) que recalca la prerrogativa de los doce en la “asignación de esta responsabilidad” (Brannan ed. 2020; Tuggy 2003:479), sino también, en la última acción de los reunidos, quienes el texto señala que después de haberlos detectados, los presentaron ante los apóstoles, y estos finalmente oraron por ellos imponiéndoles las manos. 

 

F.   En esta primera etapa entonces, Lucas no nos presenta una iglesia autónoma, sino, liderada y dependiente; tampoco existe un congregacionalismo deliberante ni mucho menos democrático. A lo menos, hasta aquí, la iglesia es siempre dependiente de Dios, y “administrativamente”, de los apóstoles. Y, aunque el propio NT ordena también a los creyentes a someterse a las autoridades (Rom. 13), la iglesia sigue siendo independiente de este tipo de gobiernos seculares[9]. En este sentido, algunos teólogos hablan de la autonomía de la iglesia, refiriéndose a que la iglesia como organismo viviente es independiente de otro tipo de autoridad, que no sea Dios y Su palabra. En este sentido, se podría decir que la iglesia es independiente, con respecto a los gobiernos seculares.

 

III. Segundo periodo: Periodo de Dispersión 

 

Del martirio de Esteban (Hec. 6-7), hasta el concilio de Hechos 15

En esta segunda etapa del desarrollo de la eclesiología del NT, la iglesia en Jerusalén experimenta una “gran persecución” (διωγμὸς μέγας Hec. 8:1). Así, la finalización de la primera etapa de la iglesia en desarrollo entonces, incluye la elección de los siete varones para servir a las mesas (Hec. 6:1-7) el gran sermón de Esteban (Hec. 7:1-53), y con ello, el primer mártir del cristianismo (Hec. 7:24-60) y la vez, la primera gran dispersión o diáspora de los cristianos (Hec. 8:4).

La diáspora de la iglesia

Desde este momento, la iglesia no sólo comienza a ser perseguida, sino también, se expande por el fuera de los límites de Jerusalén. Según Hechos 8:1, los cristianos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, pero en Hechos 8:4, Lucas señala que esta dispersión es, además, por todas partes, esto incluye las cercanías de Gaza (Hec. 8:26s), Damasco (Hec. 9:1s), Lida, Sarón, Jope (Hec. 9:32, 36) y ya en 9:31 Lucas nos informa de la existencia de varias iglesias[10] (Byz) por toda Judea, Galilea y Samaria, la cuales, era edificadas y fortalecidas por el Espíritu Santo. El caso de Cornelio —oficial romano— se suma a la lista de los creyentes gentiles alcanzados (Hec. 10). Llegando al capítulo 11, Lucas señala otro dato más, acerca de los que fueron esparcidos. Hechos 11:19 señala que la persecución llevó a varias hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, así, le evangelio era predicado a todos los hombres, no sólo judíos, sino también romanos y griegos (Hec. 11:20s). Y, aunque la persecución seguía, Dios seguía obrando en medio de ella, en especial, en el caso de Hechos 12, cuando después del asesinato de Jacobo —hermano de Juan— por manos de Herodes, encarceló también a Pedro siendo este liberado milagrosamente por un ángel de Señor (Hec. 12:7s) mientras la iglesia oraba fervientemente por los apóstoles (Hec. 12:5,12). Esta etapa es sin duda importante, ya que, con la diáspora misma, la semilla del evangelio es esparcida por todas las regiones, dando paso a la conformación embrionaria de las iglesias locales.

En esta segunda etapa del desarrollo de la iglesia —el periodo de dispersión— Lucas se centra en la expansión del cristianismo (Hec. 8:4), y en casos particulares como la reprensión de Simón por parte de Pedro (Hec. 8:22s), la predicación del eunuco por parte de Felipe (Hec. 8:26-40), la conversión de Pablo (Hec. 9:122), la persecución hacia Pablo (Hec. 9:23-31), la conversión de Cornelio y los suyos (Hec. 10:44-48) por medio de la predicación de Pedro (Hec. 10:23ss). Quizás, el único hecho de tipo “eclesiológico” es el caso de Hechos 11, y la clarificación de Pedro a los de la circuncisión respecto la inclusión de los gentiles (Hec. 11:18), situación que ya había sido prevista por Dios, en un tratamiento especial para Pedro y de allí, para toda la iglesia respecto los gentiles (Hec. 10:34-35).  Aunque en esta etapa de desarrollo de la iglesia Lucas enfatiza el avance de la fe y el cristianismo, hay a lo menos, tres hechos que vuelven a recalcar un orden “eclesiástico” preliminar, siempre, bajo la dirección apostólica. En parte, esto se observa en el caso de la confrontación de Simón por parte de Pedro (Hec. 8:22s), la conversión de Cornelio por medio de la predicación de Pedro (Hec. 10:44ss), y las aclaraciones a los de la circuncisión, también, por parte de Pedro (Hec. 11:1-18).


IV.  Resumen: Segundo periodo

Organización de la iglesia: Segundo periodo de Dispersión


A.  En este segundo periodo de dispersión, no hay aún una eclesiología desarrollada, aunque sí, se mantiene un patrón. Los apóstoles dirigen todo asunto, en especial, por medio de la prerrogativa de Pedro.

 

B.  En segundo lugar, aunque el punto esencial de este periodo es la dispersión de la iglesia y al mismo tiempo, la expansión del cristianismo y con ello, el comienzo de las iglesias locales, Lucas no menciona elementos de autonomía de la iglesia. En este sentido, y, aun siendo lectores del desarrollo de la misma, la iglesia es siempre dependiente. Y, aunque los apóstoles se quedan en Jerusalén, los creyentes se remiten a la propagación del evangelio (Hec. 8:4-5). 


C.  Finalmente, aunque los creyentes han sido esparcidos, la iglesia sigue siendo dependiente de los apóstoles, para la doctrina (Hec. 2:42) y para los casos que amenazan la unidad y pureza de la iglesia como fue el caso de Ananías y Safira (Hec. 6) el caso de Simón (Hec. 8:9-24). Así también, la conversión de Cornelio y los suyos (Hec. 10), como las aclaraciones ante los judíos de Jerusalén (Hec. 11), subrayan la dependencia de la iglesia.

 

V. Tercer periodo: Periodo de Misión 

 

Desde la diáspora (Hec. 2) hasta el final de Hechos (Hec. 28).

Este último periodo del desarrollo de la iglesia, es el más fructífero con respecto a los elementos eclesiológicos, ya que, en esta etapa la iglesia no solo experimenta la primera elección de ancianos, su primer concilio regional, los tres viajes misioneros, más la redacción de la mayoría de las epístolas del NT. Esta etapa es crucial para el entendimiento de la eclesiología, ya que no sólo nos da el contexto de las epístolas, sino también, nos presenta un desafío no menor, ya que, los elementos eclesiológicos que revela el resto del libro de Hechos, deben ser cuidadosamente interpretados, pues, estamos navegando por relato descriptivo, lo cual debe ser contrastado con las epístolas que fueron escritas en este tiempo también. Entonces, el orden que seguiremos en esta sesión, será el siguiente:

 

La dependencia de la iglesia en: El primer viaje misionero (Hec. 13)

La dependencia de la iglesia en: La elección de ancianos (Hec. 14:23)

La dependencia de la iglesia en: El Concilio de Hechos 15

La dependencia de la iglesia en: El segundo viaje misionero (Hec. 16)

La dependencia de la iglesia en: El tercer viaje misionero (Hec. 18:23s)

La dependencia de la iglesia en: Las redacción de las epístolas

 

A. La dependencia de la iglesia en: El primer viaje misionero (Hec. 13)

La constitución apostólica de los ancianos

            Nuevamente, no se trata de que la decisión conciliar fue una determinación de los apóstoles y los ancianos como también, de la iglesia, sino, exclusivamente, de los apóstoles y los ancianos, como señala el profesor Millos: “La consulta había sido remitida no a toda la iglesia, sino a los apóstoles y ancianos (vv. 2)” (Millos 2013:1106). La iglesia aquí entonces, no es deliberante, ni tampoco autoritativa, y, aunque implícitamente es participante lo es en calidad testimonial, pues confirma la decisión apostólica como se ve en los casos anteriores. Así también añade Millos: “No cabe duda que toda la iglesia estuvo presente tanto al principio del concilio, como en el final del mismo, pero, siendo un asunto de doctrina, esto es, una consulta doctrinal, no cabe una votación general de la iglesia, porque lo que se pide es una determinación de fe, que es potestiva de los líderes, esencialmente de los apóstoles. Los que dieron solución al problema y, por tanto, deben suscribir el acuerdo son los apóstoles y los ancianos” (Millos 2013:1106 así tb. [Witherington III[19] 2022:661]).

            Al igual que en 15:6,7,11, 12 y 13-19 es evidente la dirección apostólica del Concilio (“nosotros” vs. 24), y se vuele a subrayar en la expresión “nos ha parecido bien…”[20] —a los apóstoles y los ancianos (así, Millos 2013:1109; Kistemaker 2007:600)— “habiendo llegado a un acuerdo” (así Bock 2007:512)[21] ¿Quién? Los apóstoles y los ancianos y así también, “así que [nosotros] enviamos…” a Judas y a Silas (15:27), con Bernabé y Pablo (15:25); nuevamente los apóstoles y los ancianos. Hasta aquí, ya vemos un patrón: Los apóstoles y los ancianos son los que dirigen y toman las decisiones, mientras tanto la congregación apoya (15:3-4), asiente (15:12), y se suma (15:22) a las decisiones apostólicas, pero siempre, de manera subordinada.

 

D.La dependencia de la iglesia: El segundo viaje misionero

El propósito mismo del segundo viaje, deja ver que las iglesias no han dejado de ser dependientes. Así, Pablo y Bernabé con un propósito definido, y a pesar de las discrepancias en este segundo viaje —el caso de Juan Marcos (Hec. 15:36-40)— y los desafíos[22] de la misión, prosiguen nuevamente, a visitar las diferentes iglesias conformadas, pero también, visitando otros lugares en donde había creyentes. En el viaje, se sumarán después, Timoteo y después Lucas mismo (Hec. 16:10). La ruta de este segundo viaje, se puede observar en el siguiente mapa común. Según el informe de Lucas, Pablo paso primero por Siria y Cilicia “confirmando” (στερεόω fortalecer, afianzar [Hec. 15:41]) a las iglesias en la doctrina de Cristo (Hec. 16:14). Luego volvieron a Derbe, a Listra en donde Timoteo fue reclutado (Hec. 16:1-2). El versículo 4 del capítulo 16, vuelve a confirma la condición de iglesias dependientes, ya que Lucas señala que los apóstoles y ancianos “…entregaban las ordenanzas que habían acordado los apóstoles y los ancianos que estaba en Jerusalén” (Hec. 16:4). Lucas subraya que lo que les entregaba fueron δόγματα (dógmata) plural de “dogma”, de allí, dogmas apostólicos, doctrina apostólica con las cuales las iglesias —Lucas reitera— eran confirmadas (στερεόω fortalecer, afianzar) en la fe (Hec. 16:5; 18:5).

Segundo viaje misionero: Confirmar a las iglesias (Hec. 16:1-40; 17-18:22)

Hasta aquí, Lucas revela una estructura de subordinación clara, las comunidades fueron evangelizadas (14:21s), después, confirmadas (15:41; 16:5), pero ahora, siguen manteniendo un orden divino de subordinación al Espíritu Santo (Hec. 16:6-10), y por concesión, a la autoridad apostólica. En otras palabras, y aunque esto es una aplicación implícita: cada grupo en crecimiento (iglesia local), sin bien es cierto comenzaba a ser independiente en términos de auto organización, seguían siendo iglesias dependientes de la doctrina y presencia apostólica entre los nuevos creyentes (Hec. 16:15; 17:32-34*), paralelamente a las persecuciones que también experimentaron en este segundo viaje (Hec. 16:16-26; 18:12-17). Cabe señalar que hasta aquí, no había departamentos intermediaros, distritos regionales o diócesis subordinadas. Aunque cada iglesia fue provista de ancianos, sobre estos, los apóstoles seguían manteniendo una autoridad satelital y por, sobre todo, epistolar, esto último, primero, por medios orales (παράδοσις[23]), después, epistolares (Efe. 2:20).


E. La dependencia de la iglesia: El tercer viaje misionero (Hec. 18:23)

Después de volver del segundo viaje misionero, Pablo y compañía volvieron a Antioquía (Hec. 18:22), para después de un tiempo, volver a un tercer viaje, con el mismo propósito anterior, confirmar (ἐπιστηρίζω animar, fortalecer) a los discípulos (Hec. 18:23). Como se ha señalado, la iglesia sigue en desarrollo, creciendo por todas las regiones, pero aun, asentando su organización. Dos hechos subrayan esto último, primero, el caso de Apolos, a quienes Priscila y Aquila deben aclarar la doctrina (Hec. 18:26), el segundo, el caso de los discípulos de Éfeso, los cuales no habían recibido el Espíritu Santo y que, por conducto de Pablo, experimentaron la venida del Espíritu sobre ellos (Hec. 19:1-7). A estas alturas, los misioneros continuaban predicando el evangelio en las sinagogas —como era costumbre de Pablo— pero también, sanando a las personas (Hec. 19:11s), echando a espíritus inmundos (Hec. 19:13), y también, más persecuciones (Hec. 19:23-41); hechos que Dios iba dirigiendo para la expansión de la doctrina cristiana y el evangelio (Hec. 19:17-20). A estas alturas, no sólo la comisión misionera había crecido (Sópater, Aristarco, Segundo, Gayo, Timoteo, Tíquico, Trófimo [20:4]), sino que, la predicación del evangelio seguía su curso normal, ahora, por otras localidades (Asia 20:4), como se observa en la siguiente ilustración. 

Tercer viaje misionero: Confirmar a las iglesias (Hec. 18:23-21:1-26)


Al igual que el segundo viaje, la tarea apostólica subraya la dependencia de las iglesias, ya que, las mismas debían continuar siendo confirmadas en la fe, los judíos tenían que ser persuadidos a la fe en Cristo y la predicación del evangelio tenía que ser proclamado en todas partes. Sin embargo, hasta aquí, la iglesia aún está en desarrollo y, a pesar que ya está presente en todas partes. Ahora bien, desde el punto de vista administrativo eclesiástico, lo que sucedió en Mileto, va a sumar a la eclesiología creciente del Nuevo Testamento. Nos referimos al discurso de despedida de Pablo a los ancianos (Hec. 20:17-38 cf. [Gén. 47:29-50; Jos. 23:1-30; Lc. 22:7-38]). ¿Qué enseña este evento con respecto a la eclesiología del NT, y quizás, a la idea de, la autonomía de la iglesia? Aunque este discurso no es directamente sobre eclesiología, sino sobre Pablo, es un discurso apostólico pastoral, exhortativo y deliberativo, y, a través de estos elementos del discurso, podemos observar algunos aspectos sobre eclesiología sin forzar el texto más allá de su intención.

 

Análisis del discurso

 

1.Pablo convoca a los ancianos

 

Pablo no es sólo un apóstol y un misionero, es, además, un supervisor autorizado de la iglesia, y, por medio de su autoridad apostólica (cf. 2 Cor. 10:8; 12:12; 13:10) convoca y/o manda (metakaléo) a llamar a los ancianos (πρεσβύτερος [Hec. 20:17]) de la iglesia (iglesias) para hacerles peticiones de índoles eclesiológicas y, lo hace con toda autoridad, porque fue a cada uno de ellos instruyó y anunció “…todo el consejo[[24]] de Dios” (Hec. 20:27). Por eso usa el “vosotros” de manera enfática, y así “vosotros sabéis…” (Hec. 20:18b).

 

2. Pablo, la base de su petición: Su testimonio

 

Pablo es un verdadero apóstol escogido por Dios, con autoridad delegada por Cristo mismo (cf. Gál. 1:15-16; Hec. 9:15; Rom. 1:1; 1 Cor. 1:1; Hec. 22:14-15; Efe. 3:7-8), sin embargo, apela a los ancianos tomar en cuenta sus peticiones, en base a algo que ellos pueden confirmar: Una conducta coherente y piadosa. “Con toda humildad y con muchas lágrimas y pruebas…” (Hec. 20:19)

 

3.Pablo, la base de su petición: Su ministerio

 

La segunda razón a la que apela Pablo, es a su impecabilidad ministerial. Pablo nunca dejó de anunciar y enseñar “públicamente” y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios y de la fe en el Señor (Hec. 20:20-21). Si este ha sido el estándar que Pablo cumplió, es el mismo que pide a los “ancianos” de las iglesias convocadas (Hec. 20:28).

 

4.Pablo, la base de su petición: Su meta

 

La meta de Pablo es: “…que acabe mi carrera con gozo y el ministerio que recibí del Señor”. (Hec. 20:24). A pesar que Pablo es consciente de las presiones y tribulaciones que le esperan por medio del testimonio directo del Espíritu Santo (20:23), enseña a los ancianos de la iglesia, la razón de su meta: Ser fiel ministro del Señor, hasta el final de su vida (Hec. 20:24). Esto revela la ética ministerial que Pablo establece para los líderes de la iglesia.   

 

5.La petición: De la responsabilidad obispal

 

Pablo ejerció una función magisterial episcopal no solo al convocar a los ancianos de la iglesia (20:17), sino también, para delegar formalmente las responsabilidades del ministerio. Primero, deja claro que el origen del llamado no es humano ni democrático, sino que, es soberanía de Dios por medio del llamado del Espíritu Santo, quien —dice Pablo— los ha puesto como obispos para apacentar[25] a la iglesia que el Señor ganó por su propia Sangre (Hec. 20:28). Segundo, Pablo los hace consciente de la función episcopática del ministerio que se resumen en la vigilancia y combate a la herejía. Así, siendo todos presbíteros, Pablo les advierte de las amenazas externas (“lobos rapaces”) e internas (“hombres que hablen cosas perversas”). Así, cada uno de los ancianos deben ser vigilantes activos (“velad”). Un tercer imperativo de Pablo para los ancianos de las iglesias.

¿A qué se refiere Pablo con el vs. 28 que, fueron puestos por obispos, por el Espíritu Santo? ¿En qué piensa Pablo, al llamar a los πρεσβύτερος (ancianos) ἐπίσκοπος (obispos) con la responsabilidad de pastorear a la iglesia? En el debate teológico evangélico, la naturaleza del rol de pastor se divide principalmente entre quienes lo consideran estrictamente un “don” espiritual (o ministerio) otorgado a individuos de forma soberana por el Espíritu Santo, y quienes lo definen principalmente como un “oficio” o un “cargo” eclesiástico. A la luz de nuestro pasaje, es clave la manera en que se refiere a estos conceptos, lo cual aquí, deja ver distinciones del honor, del rol (funciones) y del ejercicio. Esta distinción primaria se afirma en 20:28 por medio del adjetivo (s) que subraya el honor y del verbo, que subraya el ejercicio funcional.

 


 

πρεσβύτερος[26] (Hec. 20:17) ancianos

ἐπίσκοπος[27] (Hec. 20:28) supervisores  

 

ποιμαίνω[28] (Hec. 20:28) pastorear

Cuando Pablo califica a los “ancianos” (πρεσβύτερος) como “obispos” (ἐπίσκοπος “supervisor”[29]), está definiendo oficios o roles espirituales, Hechos 1:20 ἐπισκοπή[30] se refiere al oficio “…y tome otro su oficio” (RV60/NVI) en el caso de Hechos 20:28, los ancianos citados, son también, obispos, y por implicancia, pastores (Bruce 1990:433).  En este sentido, tiene razón Millos —así también, Lacueva— de que el anciano no es un don, sino un oficio, un cargo, una obra[31] (Millos 2013:1047; cf. [Marguerat 2020:317[32]; Beyer 2025:209, 212[33]]).  Pero, lo que entendemos como pastor” (griego ποιμήν sólo en Efe. 4:11) en el contexto de la iglesia, es más que un trabajo, labor o responsabilidad “administrativa”, es un don ministerial como Pablo lo alude explícitamente en Efe 4:11 (cf. Efe. 4:7-8[34]) y en pasajes en donde se subraya la función esencial de estos, que es enseñar (cf. Rom. 12:7-8; 1 Cor. 12:28]). Ahora, aun haciendo esta distinción preliminar, estos términos en el NT se usan de manera intercambiable, y también, dejan ver otra distinción como lo explica aquí, el profesor Beyer:

 

«El término “anciano” se refiere a la persona, mientras “obispo” es más bien un título que refleja una característica principal del ministerio mismo. “Anciano” señala experiencia y honor, “obispo” señala misión y labor.» (Beyer 2025:210)  

Ahora bien, el énfasis de Pablo no es definir la estructura del gobierno de la iglesia, sino, advertir a los ancianos sobre los peligros que enfrentaría la iglesia, por eso el énfasis aquí, es subrayar la función episcopática de los ancianos. Raúl Caballero Yoccou subraya muy bien la intención de Pablo: “Ser obispos, en el criterio de Pablo es vigilarse a sí mismos, vigilar el rebaño, vigilar a los lobos (falsos enseñadores) y sobretodo velar, estando espiritualmente alertas (1 Co. 16:13; Col. 4:2)” (Yoccou 1992:150s).

El resto del libro de Hechos, relata el viaje de Pablo a Jerusalén, pasando por Tiro (21:1-4), lugar en el que fue advertido por los discípulos por el Espíritu Santo que no fuese a Jerusalén (21:4), cuestión que Agabo también confirmó (21:8-11). Lucas destaca el hecho de que Pablo al llegar a Jerusalén se reunió con Jacobo (21:18) donde estaban reunidos todos los ancianos. Fue, a este grupo —añade Lucas— que Pablo informó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio. Sin embargo, en esta instancia, Pablo es advertido por los reunidos de las calumnias que algunos habían levantado en su contra, ya que decían los acusadores que Pablo enseñaba a los judíos a apostatar de Moisés dejando el mandamiento de la circuncisión (21:21s). Esta esta la razón de que el grupo de líderes le pide a Pablo que encamine el voto nazareo de cuatro discípulos como una forma de acallar las acusaciones (21:24-25). Aunque Pablo era apóstol, no solo accedió al consejo, llevando a los cuatro discípulos al día siguiente para que cumplieran sus votos. Sin duda, esta situación también es otro ejemplo de que las decisiones relativas a la iglesia, quedaban en manos de los líderes y no, del voto congregacional.

El resto de libro, no mencionan aspectos eclesiásticos importantes, sino, la ruta final de Pablo, con todas las dificultades que experimentó antes de llegar a Roma que incluyeron, el arresto y castigos físicos (Hec. 21:27-36), el discurso a los judíos (21:40-21), la negatividad de los oyentes (21:22s), los azotes que recibió (21:23s), su encuentro con el sanedrín (22:30;23:1), el abuso del sumo sacerdote Ananías (23:2s), su sutil defensa antes los oyentes (23:6), la venida del Señor para animarle (Hec. 23:11s), nuevamente, otro complot de parte de más de cuarenta judíos en contra suya (23:12s), los cuales solo querían la muerte de Pablo. La liberación de la celada por aviso de la sobrina de Pablo (23:16s), el resguardo del tribuno por medio de una comitiva numerosa de soldados, para llevarlo ante Félix (23:23-24). Luego, ante Félix, su espera en el pretorio, después, antes sus acusadores encabezados por Ananías, el sumo sacerdote de Jerusalén y Tértulo, este último, el que presentó las acusaciones y calumnias en contra de Pablo en presencia de Félix (23:5-6), la propia defensa de Pablo (23:10-13), su sutil evangelización a Félix (23:14-16), la primera repuesta positiva de Félix (23:22-23), la segunda respuesta negativa de Félix, dejó preso a Pablo (23:27). Luego, fue llevado ante Festo, pidiendo los judíos que lo llevarán a Jerusalén, teniendo una segunda celada preparada para matar a Pablo (25:1-3). Luego, otro juicio ante Festo con otras imputaciones y graves acusaciones que los judíos no podían probar (25:7), instancia en que nuevamente Pablo se defendió, apelando ir donde el César, para evitar ir a Jerusalén (25:9-12).

Finalmente, Pablo antes de ir a Roma, desea ser escuchado por Agripa (25:22), su testimonio ante Agripa (25:2-32) quien no halló ningún delito en contra de Pablo (25:25, 30-32), de hecho, había pensado en liberarlo, cuestión que no se dio, ya que ya había sido enviado ante el César. Después de todos esos hechos, Pablo fue conducido a Roma, en un viaje muy tumultuoso del que casi no sobreviven (27), así, y pasando por la isla de Malta, finalmente llegaron a Roma, en donde el apóstol pasó viviendo dos años en una casa alquilada y recibía a todos, predicando acerca del reino de Dios (28:30-31). Antes de llegar a esta instancia, el libro de hecho revela un último discurso de Pablo para los judíos “principales” de Roma (28:17s), sin embargo, no fueron receptivos al mensaje (28:24,29).

 

VI.     La “autonomía” en: Las cartas a las iglesias 

¿Qué indican las epístolas del NT en relación a la “autonomía” de la iglesia? El hecho mismo que la iglesia tenga a su disposición las cartas del NT, indica que la iglesia no es autónoma a secas, sino, dependiente, ya que el NT no solo es un registro de la doctrina cristiana, sino también, norma lo que es la iglesia y, aunque no detalla cada aspecto de manera sistemática, revela la mayoría de los aspectos que subrayan que la iglesia es dependiente de la autoridad normativa apostólica, y de allí, al ordenamiento estructural de la eclesiología de la iglesia. En los siguientes resúmenes, se observan los elementos más importantes revelados en las cartas del NT que indican las características de cómo es la iglesia en relación a su dependencia, pero también, en cuanto a su independencia (subordinada) e interdependencia. Estos tres aspectos, más que la autonomía per se de la iglesia, son los que como veremos, se ven claramente en el NT. El resumen, y excluyendo las pastorales, se clasifica como sigue: las epístolas eclesiales[35], las epístolas universales y el mensaje del Señor a las siete iglesias de Asia.

 

Epístolas eclesiales

Epístolas universales

Epístolas del Señor

 

 

 

Tesalonicenses I   51 d.C.

Santiago   45-50

 

Tesalonicenses II  51 d.C.

Pedro I  63 d.C.

A Éfeso (Apo. 2:1-7)         90-95 d.C.

Gálatas                  49-55 d.C.

Pedro II  66 d.C.

A Esmirna (Apo. 2:8-11)   90-95 d.C.

Corintios I             56 d.C.

Juan I     90-95 d.C.

A Pérgamo (Apo. 2:12-17) 90-95 d.C.

Corintios II            57 d.C.

Juan II    90-95 d.C.

A Tiatira (Apo. 2:18-29)    90-95 d.C.

Romanos              58 d.C.

Juan III   90-95 d.C.

A Sardis (Apo. 3:1-6)        90-95 d.C.

Efesios                 61 d.C.

Judas     90-95 d.C.

A Filadelfia (Apo. 3:7-13)  90-95 d.C.

Filipenses             61 d.C.

 

A Laodicea (Apo. 3:14-22) 90-95 d.C.

Colosenses          61 d.C.

 

 

Filemón                61 d.C.

 

 

Hebreos               64-68 d.C.

 

 


1.   Epístolas eclesiales


Epístolas eclesiales

 

Tesalonicenses I

51 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

La epístola de Pablo (Silvano y Timoteo)[36] a los tesalonicenses es una de las primeras epístolas de Pablo a las iglesias. Y, la dependencia apostólica salta a la vista no solo por medio de las diversas instrucciones (4:1-8; 9-10; 11-12; 5:14-22) y clarificaciones doctrinales que Pablo hace en la epístola, en especial, las escatológicas (4:13-18; 5:1-11) sino también, por medio de las secciones en las que Pablo hace una defensa de su autoridad frente a aquellos que querían desprestigiar[37] su ministerio (2:1-4; 5-9; 10-12). La sección final, en especial 5:12-13 es otro de los párrafos que revelan marcadamente la dependencia de la iglesia de tesalónica, ya que el apóstol pide (“os rogamos”) a los tesalonicenses reconocer, estimar y amar a los “lideres” que estaban trabajando entre ellos (ἐν ὑμῖν 1 Tes. 5:12) y como sabemos, los que trabajan entre ellos eran mayormente aquellos colaboradores de Pablo que el mismo designaba (1 Tes. 1:1; 3:1-3 Silvano, Timoteo; Hec. 17:1-4, 14 Silas). 

De la misma manera que en las otras epístolas eclesiales, los tesalonicenses tenían una independencia bajo responsabilidad individual (1:6, 9; 2:13,14; 4:2-3, 6; 5:14, 15), esto es, eran libres no para pecar, sino, para vivir coherentemente la vida cristiana (cf. 1 Tes. 4:7; Gál. 5:1, 13; 1 Ped. 2:16; 2 Cor. 3:17). Un segundo aspecto que revela algo más de la independencia de los tesalonicenses, es nuevamente la sección de 5:14-15 ya que, en ausencia del apóstol los mismos tesalonicenses tenían que ejercer orden entre ellos, en especial, sobre los ociosos, los de poco ánimo y los débiles (5:14).

Las secciones que revelan o sugieren que la iglesia de los tesalonicenses practicaba la interdependencia apostólica (dirigida por Pablo) es 3:1-8, 4:10. En el caso de 3:1-8 Pablo la iglesia recibió la visita pastoral de Timoteo, a quien Pablo envió a los tesalonicenses (3:2). Ahora, Timoteo no le pertenecía solo a los tesalonicenses, el joven pastor en “práctica” (delegado apostólico 3:6) también era un aporte espiritual para los creyentes de Listra, Iconio y Berea (Hec. 16:1-5; 17:14; 19:22; 20:4 Asia). Otro hecho registrado en la epístola que revela este aspecto, es 4:10, ya que los Tesalonicenses fueron prácticos en sus ayudas con “todos los hermanos de Macedonia”, región que abarcaba ciudades como Filipos, Anfípolis, Neapolis, Apolonia y Berea en las que Pablo aquí claramente señala que había creyentes (Beitzel 2017:259).

Como veremos en las otras epístolas, de algún modo concreto siempre están presente estos aspectos, la dependencia de la iglesia a la doctrina apostólica pero también, a la autoridad apostólica. La independencia subordinada a las diversas responsabilidades de los tesalonicenses y la interdependencia con otras iglesias, por medio de la mediación de Pablo. En este último sentido, no es que la iglesia de Tesalónica —o los grupos (casas-iglesias) diversos que surgieron después— dependieran de otras iglesias, sino que más bien, siendo todas asistida por Pablo y sus colaboradores, ninguna era autónoma ni estaba emancipada de la conexión apostólica; y, como veremos en los siguientes resúmenes de las otras epístolas, esta interdependencia que practicaban los tesalonicenses era por un lado voluntaria, como se revela en los casos de las ayudas (4:10) pero al mismo tiempo, bajo una sujeción justificada, ya que, los creyentes a quienes Pablo estaba escribiendo aquí, eran conscientes de la autoridad apostólica y el deber que les  correspondía al respecto.

 

Epístolas eclesiales

 

Tesalonicenses II

51 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

La segunda epístola de Pablo, Silvano y Timoteo (3:17) a los tesalonicenses surge poco después debido a una nueva duda en el seno de la iglesia de los tesalonicenses, relativo al día del Señor (cf. 2 Tes. 2:1-3), de algún modo concreto la “esperanza” estaba siendo debilitada (1 Tes. 1:3 cf. 2 Tes. 1:3-4). La dependencia de los tesalonicenses en este asunto no solo es manifiesta desde el punto de vista de la autoridad apostólica de Pablo que Dios le otorgó (2 Tes. 3:14-15 cf. [Hec. 9:15; Gál. 1:1, 15-16; 2:7-9; Rom. 1:1; 1 Cor. 1:1; 2 Cor. 1:1]), sino por, sobre todo, porque Pablo era el apóstol autorizado por Dios para revelar, enseñar y clarificar todo lo que tenía que ver con la doctrina, lo cual hace de manera no solo “didáctica” (1:6-10), sino por, sobre todo, exhortativa (2:1-3), explicativa (2:3-4; 6-12) y autoritativa: “Así que, hermanos, estad firmes y retened la doctrina…” (2 Tes. 2:15). Dicho en otras palabras, los tesalonicense nunca fueron autónomos, ni en lo doctrinal, como en lo direccional.  

Ninguna iglesia del NT era autónoma en el sentido original de este término, sin embargo, sí eran independientes por necesidad de obreros en cada iglesia de una manera consolidada. Ahora, bajo este marco de desarrollo, tal independencia estaba ligada a las responsabilidades de una iglesia que no tenía que apartarse de la enseñanza apostólica (2:1-3), específicamente: no debían dejarse manipular por espíritu, palabras o cartas que pretendían ser apostólicas (2:2), por el contrario, tenían que ejercer esta independencia de manera subordinada sujetándose a la doctrina apostólica sobre las últimas cosas (2:15) y ejercer esta prerrogativa de manera voluntaria, pero con el peso del deber al respecto, incluso, si era necesario apartarse de los que eran de tropiezo, tenían que hacerlo (3:4,6s; 10-12).

La cuestión de la interdependencia de la iglesia de Tesalónica en esta segunda carta, sigue la línea de la primera. Por lo menos en esta segunda epístola, no se recalca o sugiere algo tan evidente, aunque 2:15 sugiere que al igual que Colosenses 4:16, tales clarificaciones escatológicas de esta segunda carta (2:1-12), era una carta que también era compartida para otros grupos e iglesias, de allí que, los tesalonicenses podrían seguir siendo instruidos por “palabra” (vía oral apostólica) o por “carta”, medios por los cuales todas las iglesias del NT estaban relacionadas.

 

Epístolas eclesiales

 

Gálatas

49-55 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

La epístola de Pablo a los Gálatas es circular (“a las iglesias de Galacia”[38] 1:2), y el primer elemento de dependencia, es la autoridad paulina (1:11-12; 2:1-10), pero en especial aquí, por medio de las reprensiones (1:6-10; 3:1-5; 5:7) y las correcciones doctrinales, debido a la influencia de los judaizantes (4:8-11; 21; 5:1-4; 7-12). Otra relación de dependencia entre los creyentes y la autoridad apostólica, son las peticiones e imperativos (4:12; 5:1,13,16; 6:1-5, 6,9-10).

Una de las formas en que esta epístola revela la independencia de las iglesias de Galacia, es por medio de la responsabilidad que Pablo les exige (1:6-10), frente a la evidente influencia que estaban teniendo por parte de los judaizantes (2:11-14; 3:1-5; 4:8-11; 5:1-4, 10; 6:11-16).

 

 

El hecho de que esta carta haya sido escrita “a las iglesias de Galacia” (1:2), implica que los diferentes grupos[39] estaban unidos bajo la autoridad apostólica, y en especial mediante esta misma carta, la cual debía ser leída en cada grupo. 

 

 

 

 

Aunque breve, la epístola de Pablo a las iglesias de Galacia (1:2) revela aspectos de dependencia, de independencia (subordinada) y, por inferencia, de interdependencia.

 

Epístolas eclesiales

 

A los Corintios I

56 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

Desde el comienzo de la epístola, se declara la autoridad apostólica (cf. 9:1-14; 18-23; 26-27). Así, Pablo: “…llamado a ser apóstol de Jesucristo” (1:1 cf. [2:1-5; 4:15]). Este es el primer indicio de dependencia autoritativa de la epístola, a la que se suman mandatos (1:10; 5:11-13), reprensiones (1:12-13; 3:1-9; 16-23; 4:14; 5:3-13; 6:1-8; 11:17-22), y exhortaciones (1:26-29; 4:1; 5:2; 6:15-19; 10:1-13; 10:23,24,32; 11:28), imperativos (5:5; 6:20), sanciones (5:13) y ordenanzas del apóstol (4:1; 5:11-13; 7:17-23; 11:1; 11:2-16; 16:13-14*). Un segundo elemento autoritativo que subraya la dependencia de los corintios, son las secciones doctrinales de la epístola (1:18-24, 30-31; 2:14-16; 3:10-15). La iglesia no inventa la doctrina, sino que se somete a ella, lo cual incluye no solo las cuestiones “teológicas” trascendentales de la fe (15:1-58)”, sino por, sobre todo, prácticas conductuales (6:9). Un tercer elemento que revela la dependencia de los corintos, son las diversas preguntas que necesitaba dirección apostólica (7:1). Las cuales no solo son respuestas, sino también, consejos personales (7:6; 7:12-16; 36-38,40), pero también, ordenanzas concretas (7:1-9,10-11; 8:1-4,9,13), clarificaciones doctrinales (12:1-11; 12-31) y correcciones doctrinales (13:1-13; 14:1-31; 32-40). Por otro lado, la dependencia de los corintos, también se observa en las instrucciones finales de Pablo, ya que les ordena recibir a Timoteo (16:10-11) y sujetarse a la familia de Estéfanas (16:15,18).

Elementos que en la carta subrayen la independencia de los corintios como iglesia local o, casas-iglesias, son más bien de índole éticos perlocutivos, por ejemplo: “¿No debierais más bien haberos lamentado?” (5:2). Y de allí, “…quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros” (5:13b). En otras palabras, la independencia de los corintios era una responsabilidad frente al pecado, y Pablo aquí, tarta de hacer reaccionar a los creyentes de corintio a hacer lo que tenían que hacer. Esto no tiene que ver aquí, con un llamado a organizarse democráticamente (congregacionalismo), sino, a actuar de acuerdo a la vocación de los creyentes que Pablo subraya en la epístola (1:2 “llamados a ser santos”). En este sentido, la independencia de los corintos no es indicativo para ser autónomos, sino, responsables, énfasis marcado en esta epístola (cf. 1 Cor. 6:12, 19; 8:9, 13; 10:11, 23, 24, 32)

La interdependencia, como en otros lugares del NT no es una cuestión impositiva. Y aunque Pablo pide a los corintios con carácter de mandato (“ordené” διατάσσω[40]) ser parte de la ofrenda para los santos (de Jerusalén) (16:1s), tal ofrenda no es un impuesto, sino, un donativo (χάρις) (16:3) que Pablo organizó. Este es el caso, respecto a otros creyentes o más bien, respecto a otras iglesias locales. Y, aunque Pablo tiene la prerrogativa de interconectar a las iglesias, lo hace siempre, de manera cuidadosa; por otro lado, al menos aquí, no establece intermediaros oficiales (diócesis, obispos regionales, distritos locales, entre otros), sino que, en su calidad de apóstol, ordena a los creyentes ser parte de otros hermanos, en cuanto a ayudas concretas como la ofrenda para los hermanos de Jerusalén (16:1-4). Otro indicativo de interdependencia de la epístola, se observa en 16:19. No hay evidencia de que estaban organizadas, como se ha dicho, por medio de distritos regionales, sino que, si hay interdependencia aquí, es de tipo fraternal (16:19), incluso, colaborativa regida por el mismo Pablo como el caso de Timoteo (16:10), pero nunca, impositiva (cf. Apolos 16:12).

 

Epístolas eclesiales

 

A los Corintios II

57 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

Al igual que la primera carta, esta segunda epístola no deja de establecer la autoridad apostólica (10:1-8*,9-18; 13:10*), por medio del membrete (1:1), su testimonio (3:1-2; 6:1-10) y auto defensa (11:16-33; 12:1-10; 12:11-18) paralelamente a que Pablo mismo menciona a sus colaboradores (Timoteo). El segundo aspecto que deja ver la dependencia de la iglesia de Corinto y todos los creyentes de Acaya (1:1) —al igual que en las otras epístolas— es la doctrina apostólica en sus diversos tópicos, doctrinas a las que los creyentes de Corinto y Acaya deben someterse. Algunas de ellas: La providencia de Dios (1:8-11), la competencia que viene de Dios (3:4-11), la ceguera de Israel (3:12-18), la lucha contra Satanás (4:1-7), la confianza en el Señor, a pesar de las tribulaciones (4:8-18), la esperanza celestial (5:1-5), el tribunal de Cristo (5:10s), la nueva vida en Cristo (5:14-17), la reconciliación en Cristo (5:18-21), la separación del mundo (6:14s; 7:1s), el arrepentimiento según Dios (7:8-11), los principios de dar (8-9). Otro elemento que subraya la dependencia de la iglesia de Corinto al apóstol Pablo como autoridad divinamente establecida, son las diversas amonestaciones apostólicas, sobre la autoridad de Pablo (11:1-4), sobre la ambigüedad frente a los falsos maestros (11:4-6; 13-15; 11:16-23), sobre la validez de sus propias reprensiones (11:7-9), sobre sus motivaciones (11:10-12), y sobre sus sacrificios a causa del evangelio (11:23-33). Esto últimos, como credenciales de su autoridad (12:11-13) y, por ende, la subordinación debida de estos creyentes al apóstol (12:14-21; 13:1-3, 10*).

Esta segunda carta es un poco más extensiva que la primera, ya que esta, no solo fue escrita a los creyentes de Corinto (cf. 1 Cor. 1:1), sino también, a todos los de Acaya[41], la provincia romana que comprendía todo el Sur de Grecia y que, incluía además de Corinto, a Atenas. Esto sugiere que, de algún modo concreto, esta carta fue dirigida a diferentes grupos de la región “…con todos los santos que están en toda Acaya”), y como grupos, tenían cierta “independencia”, pero, nuevamente, independencia para auto ordenarse de acuerdo a las normas apostólicas (2:1-4; 5:10-11; 7:1). Otro aspecto que revela en parte la independencia de estas “iglesias”, son los capítulos 8 al 9, primero, porque Pablo apela a la buena voluntad de los creyentes y a la vocación cristiana para ofrendar (8:1-6). No hay una imposición (8:8*) de Pablo, sino, una petición de un creyente, a otros creyentes (8:6,7), como un consejo que apela al corazón (8:10, 8-9*). Otro antecedente importante, es la mención de Pablo en 8:18, ya que, tal hermano de buen testimonio que enviaron Pablo y sus colaboradores, había sido confirmado por las otras “iglesias” (8:18), indicando esto, el papel de cada iglesia en ello.

 

 

La sección 8:16-24 revela que las iglesias tenían una relación de comunión, por medio de la mediación de Pablo. Así, el apóstol no solo encamina a Tito hacia ellos, también envió al hermano con la ofrenda (8:16-18). Y aquí hay un indicio claro de que las iglesias participaban de ciertas cuestiones para beneficio de todas. Así, la unión “circunstancial” de las iglesias se observa en el hecho de que ellas “designaron” (χειροτονέω[42]) al hermano que iba a llevar el donativo (8:19). El texto no dice que las iglesias iniciaron el proceso, o que, ellos idearon la idea. Pablo mismo como gestor de esta ofrenda (8:22; 9:1-5) y, para evitar censuras de los críticos, y al mismo tiempo, evidenciar transparencia hizo participes a las iglesias en este proceso. De manera, que, sí, este caso revela que había una interdependencia entre los creyentes de todas las iglesias, pero siempre, bajo la dirección apostólica (8:23-24). 

 

 

 

Al igual que la iglesia en Roma, la iglesia en Corinto y Acaya era dependiente de Pablo, y así, de la doctrina apostólica, de los mandatos apostólicos y las diversas instrucciones sobre la fe. Era también una iglesia “independiente”, ya que Pablo les ordena no sólo a andar como es debido (1 Cor. 1:2, 10, 26; 3:16; 10:23, 24; 32; 2 Cor. 6:14s; 7:1s), sino también, a tomar cartas sobre el pecado que había entre ellos (1 Cor. 5; 11:27-31; 2 Cor. 10:1-6). Ahora, en este sentido se puede decir que era una iglesia independiente, pero no, individualista, ya que no podían ellos definir la doctrina, ni tampoco, reinventar los métodos de disciplina y santificación enseñados por el apóstol. Por otro lado, este grupo de hermanos constituían también, una iglesia interdependiente, ya que, aunque animadas por Pablo (2 Cor. 9:1-5), participaban de iniciativas como la ofrenda para los creyentes de Jerusalén.  

 

Epístolas eclesiales

 

A los Romanos

58 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

Toda la epístola es un tratado doctrinal profundo  de las doctrinas fundamentales de la fe, a saber: el evangelio (1:1-7, 16-17), la condición humana decadente y su culpa (1:18-32; 2:1-16), la realidad del judío (2:17-29; 3:1-20), la doctrina de la justificación (3:21-5:1-21), la santificación (6:1-23), la cuestión de la ley (7:1-25), la ley del Espíritu (8:1-17), la expectativa del creyente (8:18-25), la cadena de oro (8:28-30), la cuestión de Israel en los planes de Dios (9-11), los dones (12), los deberes civiles (13), las relaciones interpersonales en la iglesia (14), el ejemplo de Cristo (15), los planes de Pablo (15:14-33), instrucciones finales, saludos y consejos (16). Todas estas doctrinas establecen la dependencia doctrinal, normativa y autoritativa de la iglesia. La iglesia, no define la doctrina, tampoco la autoridad, sino que, se somete a ella, por medio de la doctrina apostólica paulina de esta epístola. Pero además,  pasajes como 1:13, 15:15-16 (15:30; 16:1, 17-18) subrayan la dependencia autoritativa de Pablo como apóstol, de la iglesia de Roma; a esto, se añaden los imperativos de la epístola (cf. 6:11,12,13; 11:25; 12:1-2; 3,9-21; 13:1, 7, 12-13; 14:1, 13, 19; 15:1-2,

La epístola está dirigida a los que están en Roma[43] (1:7) como sinécdoque de “todos” (πᾶσιν) los creyentes que viven en Roma, y son parte de los que son “llamados” a ser santos (1:7b). Con probabilidad, a creyentes que se reunían en casas (Moo 2014:81), diferentes casas-iglesias. Pero aquí, Pablo se dirige a la iglesia-ciudad, la iglesia metropolitana (Millos 2011:74, 1097), algo que por supuesto, tiene un énfasis general, no dejando lo particular (iglesias en casas). Teniendo claro todo lo anterior, no hay aquí mención o alusión a alguna “auto-nomía” de parte de la iglesia de Roma. En este sentido, la independencia  de los creyentes de Roma en esta epístola no es episcopal, una iglesia que está bajo una estructura clerical, sino, —y considerando que es una iglesia en desarrollo— su independencia se subraya en la responsabilidad de cada creyente a quien Pablo demanda coherencia personal, para el bien colectivo, de allí:   “…ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí” (14:7), “…cada uno de nosotros dará a Dios cuenta…” (14:12), “…cada uno de nosotros agrade a su prójimo…” (15:2) y esto, paralelamente a que ya habían casas-iglesias (cf. Rom. 16:5).

La interdependencia en esta epístola se observa no solo en las referencias de 14:7, 12, 19, 21, y 15:2, sino también, en 12:3-7, en esta sección Pablo les enseña a los creyentes de Roma que, a pesar que con cierta probabilidad eran varios grupos (iglesias-casas), a que no tenían que tener un concepto más alto de si (12:3), ya que, cada uno de ellos son parte de un cuerpo y, por ende, son interdependientes los unos de los otros (12:4-5). Y tal interdependencia no tiene que ver con una estructura de poder, sino, de función y servicio (12:6-8; 15:5-7 “entre vosotros”, “unánimes”, “unos a otros”).

 

En el caso de la iglesia en Roma, notamos por contraste que, no es una iglesia emancipada, sino, dependiente de la doctrina apostólica, aquí, paulina. Segundo, no se trata tampoco de una iglesia independiente e individualista. Si bien es cierto no hay indicativos que llamen a la iglesia a reconocer alguna estructura clerical externa, su independencia sigue presente, pero, dentro del marco apostólico. Finalmente, la interdependencia no viene dado por medio de mandato administrativos, sino, a causa de principios espirituales como “…ninguno vive para sí, y ninguno muere para sí” (14:7), esto subraya el hecho de que Pablo no espera unidad por medio de diócesis administradas episcopalmente, tampoco, por medio de distritos organizativos. Hasta aquí, al menos en esta epístola Pablo desea que las relaciones interpersonales sean primero, vocacionales e internas (casa-iglesia) (cf. Rom. 16:1,6,9). Considerando que la población de aquellos días de Roma era como de un millón de habitantes distribuidos entre esclavos, ciudadanos libres y la clase gobernante, con bastante probabilidad pudieron haber existido varios grupos de creyentes y varias casas-iglesias como lo sugiere 16:5 “Saludad también a la iglesia de su casa”[44], la de Priscila y Aquila (16:3 cf. [Rom. 16:10,11; 1 Cor. 16:19; Col. 4:15; Flm. 2]). Algunos consideran que, a lo menos, había entre cinco a seis grupos (casas-iglesias) y cada iglesia doméstica tenía entre seis y veinte miembros, el número total de cristianos en Roma estaría entre 30 y 100 personas (N.T Wright)[45], otros como Peter Oakes[46], cree que una iglesia doméstica en Roma podía albergar el doble de personas. 

Ahora bien, considerando que las cifras anteriores no se desprenden del texto bíblico, y que aun los estudios arqueológicos pueden caer en la categoría de inferencias, sí se puede concluir con cierta seguridad que, con el desarrollo posterior de la iglesia en Roma, se fueron dando las relaciones inter iglesias locales (casas-iglesias [cf. Rom. 15:20-25]), pero, no como imposiciones derivadas de estructuras eclesiales formales, sino, por medio de la confraternidad de los creyentes, la colaboración voluntaria (cf. Rom. 15:26-27; 16:6,9) y las peticiones apostólicas de Pablo (cf. Rom. 16:1-2). Notemos el caso de la iglesia en Corinto.

 

Epístolas eclesiales

 

Efesios 

61 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

La epístola de Pablo a los creyentes de Éfeso, es una de las epístolas más ricas en doctrina del NT. Esto de por sí, implica una dependencia —como es propio de todo el NT— de todos los grupos e iglesias del NT. En esta epístola Pablo enseña sobre la elección, la predestinación y la redención de Dios (1:3s, 11), sobre la preminencia de Cristo (1:3-10; 17-23), sobre la regeneración (2:1-10), sobre el cuerpo y unión entre judíos y gentiles (2:11-22; 3:1-13), sobre la suficiencia de Cristo (2:14-21), sobre la unidad cristiana (4:1-6), sobre los dones (4:7-16), sobre los deberes conductuales de la vida cristiana (4:17-32; 5:1-21), sobre la conducta cristiana en relación a los esposos, esposas (5:22-30), el matrimonio mismo (5:31-33), la conducta de los hijos (6:1-4) y de los creyentes bajo los amos terrenales (6:5-9). También, Pablo enseña a los creyentes de Éfeso, sobre la guerra espiritual (6:10-12), y de allí, sobre la necesidad de la armadura del creyente (6:13-20). En otras palabras, al igual que las otras epístolas, las iglesias de la región de Éfeso, eran evidentemente dependientes de la autoridad apostólica y doctrinal de Pablo (1:1; 3:1-3, 7-13; 6:18-20), y también, de la provisión espiritual, por medio de los enviados por Pablo (Tíquico, 6:21-22). 

Al igual que la epístola a los Gálatas, la independencia que “pudiera” tomarse como “independencia” y que revela esta epístola, tienen que ver más bien con la responsabilidad de ser independiente en cuanto a vocación cristiana y que Pablo desde el comienzo, establece en la epístola: “…a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso” (1:1). En otras palabras, no hay aquí indicativos a regular urgentemente asuntos como en la epístola de Pablo a los Corintios (1 Cor. 1:10; 5:1-2,13; 6:2), pero sí, hay varios mandatos a vivir coherentemente la vida cristiana, lo cual Pablo ordena justamente, mediante mandamientos precisos y directos como “os ruego”, “solícitos”, “renovaos”, “vestíos”, “quítense”, “sed, pues, imitadores…”, “ni palabras …” entre otros. Podemos señalar que la independencia aquí, no está dada porque los creyentes de Éfeso podían hacer lo que querían, por el contrario, sino, porque debían hacer lo que debían (cf. Efe. 4:1-3; 17,22-32; 5:1-2; 3-17; 18-21; 5:22-6:1-9).

 

 

De manera similar a los Romanos y a los Gálatas, Pablo escribe a los santos y fieles que están en Éfeso[47]  (1:1). Esto indica que esta epístola es otra carta circular[48] que debía leerse en todos los grupos e iglesias de Éfeso (así tb. Arnold & Haley eds. 2016:29). En este sentido, esta situación —propia de todas las iglesias del NT— no permitía la emancipación de un grupo o iglesia de la autoridad apostólica, y, por ende, de las relaciones entre otros creyentes. Ahora, de la misma manea que ya se ha señalado, aquí no hay una interdependencia por medio de algún estamento que Pablo haya establecido; por un lado, las iglesias podrían colaborar entre ellas (la ofrenda a la iglesia de Jerusalén), pero por otros, estaban unidas indirectamente a causa de la autoridad apostólica.  

 

 

 

La epístola de Pablo a las iglesias en Éfeso (1:1) revela algunos aspectos eclesiológicos sobre la dependencia de la misma manera que se observa en las otras epístolas; el aspecto de la independencia se observa también, en la responsabilidad que tiene los creyentes de actuar por sí mismos, para actuar coherentemente con respecto a la vocación cristiana. El elemento interrelacional con otras iglesias, deviene también, por medio del eslabón apostólico, y en este caso, epistolar. 


Epístolas eclesiales

 

Filipenses

61 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

La epístola dirigida a los “todos los santos” que están en Filipos[49], con los obispos y diáconos. Pablo escribe junto a Timoteo, aunque Pablo —como en todas sus epístolas— es el sello de autoridad de sus epístolas (2 Tes. 3:17), y aquí, no es diferente (1:1,3,24), ya que también, dedica un espacio para su auto defensa (4:10-13) y testimonio y, por ende, su autoridad (3:4-14; 3:17; 4:9). Ahora bien, la autoridad misma de Pablo para dirigirse a los creyentes de Filipos (1:7-11), dar instrucciones (1:27; 2:3-4,5; 2:12; 2:14; 3:1-3; 4:1-2; 4-6), enseñar doctrina (1:21-23, 29; 2:5-11, 13; 3:20-21; 4:8-9), y advertencias (3:18-19) son los primeros elementos que subrayan la dependencia de los filipenses a la autoridad de Pablo y, por ende, a la doctrina apostólica. Lo segundo que subraya la dependencia de los filipenses, es la administración del envío de los colaborares de Pablo (2:19-24), principalmente aquí, por medio de Epafrodito, a quien finalmente Pablo pudo enviar (2:25-26, 28) y ordena recibir (2:29-30).

Al igual que las otras iglesias del NT, los creyentes de Filipos tiene una independencia ligada a la responsabilidad de vivir la vida cristiana de manera coherente (1:27; 2:5-8, 12-13), por otro lado, Pablo les ordena tomar medidas sobre los falsos maestros (3:1-3) y concretamente, sobre los “enemigos de la cruz” (3:18). Pablo no estaba presente, pero, por medio de estas instrucciones ruega a los filipenses cuidar de la salud de la iglesia, y también, de la unidad interna de la misma (4:1-4). Otro elemento que Pablo subraya sobre la independencia subordinada de los filipenses, fue la iniciativa de los creyentes de Filipos de participar en el sostenimiento[50] de Pablo (4:14-16), enviado por medio de Epafrodito, a quien los propios filipenses enviaron a Pablo (2:25; 4:18).

De manera similar a las otras iglesias, los filipenses demostraron su interdependencia por medio del involucramiento y apoyo a la obra del evangelio (4:14-18). En este sentido, los filipenses participaron de manera desinteresada, pero también, de manera voluntaria para el sostén de Pablo (4:14-16). En otras palabras, la interdependencia se revela aquí, en aquel involucramiento de los creyentes locales, para la obra regional. No hay imposiciones apostólicas o institucionales, como se revela es el patrón de interdependencia de las iglesias en el NT, de allí, los habituales saludos inter-iglesias que Pablo entrega a los filipenses (Fil. 4:21-22 cf. [Rom. 16:23; 1 Cor. 16:19-20; 2 Cor. 13:13; Col. 4:7-18; Heb. 13:24; 1 Ped. 5:13; 2 Jn. 13]).

 

 

La epístola de Pablo a los filipenses, al igual que las otras epístolas, no es un tratado eclesiológico en sentido pleno del texto, sino, una carta circunstancial que responde a la minuta divina (Hec. 16) y a la vez, a necesidades de contexto (1:12, 19; 2:12, 19, 25), aun así, se puede observar estos tres elementos. La dependencia, la independencia (subordinada) y la interdependencia.

 

Epístolas eclesiales

 

Colosenses

61 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

La epístola a los colosenses fue escrita a los “santos y fieles” hermanos que están en Colosas (1:1 cf. Efe. 1:1). Y forma parte de la lista de las epístolas de la cárcel, junto a Efesios, Filipenses y Filemón. Se trata entonces, de una epístola dirigida a un grupo de creyentes que habitaban en Colosas, pero también, en las dos ciudades[51] que formaban parte de las ciudades a la que pertenecía también Colosas (Hierápolis, Laodicea cf. 2:1; 4:13; Ninfas, “…a la iglesia que está en su casa” 4:15). Segundo, de la misma manera que todas las epístolas del NT, Pablo subraya su autoridad no solo por medio de su llamado (1:24-29), sino también, por medio de la doctrina apostólica que él les entrega (1:24-29). En especial, Pablo aquí enseña la superioridad de Cristo desde su propia naturaleza (1:11-14; 15-16), su preminencia sobre todo lo creado (1:17-20), la nueva condición de los creyentes (1:21-23), pero también, la superioridad de Cristo en contraste a la filosofía (2:6-10), el legalismo (2:11-17), el misticismo (2:18-19) y el ascetismo (2:20-23). Luego describe las evidencias de una vida cristiana genuina (3:1), sus responsabilidades (3:5-15; 4:5-6), incluyendo a todos los miembros de una familia (3:18-21) y sobre la relación siervos-amos (3:22-4:1-1), la oración (4:2-4).

Como en todas las otras epístolas, las iglesias tienen una independencia subordinada. Aquí, no hay mención de algún asunto eclesiástico a tratar, pero sí, Pablo los llama a usar tal “independencia” de manera responsable, en especial, frente a la ética cristiana (1:10; 3:1-2; 4:5-6), la santificación (3:5-17), y, frente al engaño y los engañadores (2:4, 18). Así también, tenían que “administrar” todo lo referente a las visitas y enviados por el apóstol, como en el caso de Tíquico y Onésimo (4:7-8; 10 Bernabé)

Como en otras cartas, aquí se va haciendo más evidente la relación de las iglesias entre sí, pero siempre, por medio del nexo apostólico, no así, por alguna estructura eclesiástica. Esto se observa e la última sección de la carta. Como todas las iglesias del NT, ellas dependían de la presencia apostólica, pero también, de aquellos colaboradores que enviaba el mismo Pablo (Tíquico, Onésimo 4:7-9) a todas las iglesias y a quienes, los creyentes conocían. Un segundo elemento que subraya la interdependencia de los colosenses, es la instrucción de Pablo en 4:16, ya que, los colosenses debían hacer circular esta carta entre otras iglesias, y tal responsabilidad Pablo se las entrega a los colosenses (4:16 “…haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses…” 4:16). Instrucciones como estas, son clara evidencia que las iglesias del NT, estaban unidas por medio del apostolado de Pablo, quien nunca dejaba de dar todo tipo de instrucciones, incluyendo, mandaos con implicancias inter relacionales entre iglesias como en 4:16.

 

La epístola de Pablo a los colosenses, al igual que las otras epístolas de Pablo, no es un tratado eclesiológico en sentido pleno del término, sino, y de manera similar a la carta a los filipenses, una carta que responde a la minuta divina (Col. 1:3-8) y a la vez, a necesidades de contexto (1:12, 19; 2:12, 19, 25), aun así, se puede observar los tres elementos que estamos observando: La dependencia, la independencia (subordinada) y la interdependencia.

 

Epístolas pastorales

 

Filemón[52]

61 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

La epístola de Pablo a Filemón que también está dirigida a Apia y Arquetipo, aunque es una carta más bien personal, involucra a una iglesia, “y a la iglesia que está en tu casa” (1:2). La mayoría de los comentaristas señala que Filemón antes de su conversión tenía a Onésimo como esclavo según el vs. 16, quien se había fugado y robado a su amo, pero, que encontró la salvación en Roma, cuando se cruzó en el camino con Pablo (vs. 10). Filemón, ahora un creyente, es interpelado por Pablo para que cuando vea nuevamente a Onésimo —enviado por Pablo— pueda tratarlo ya no más como un esclavo, sino, como un hermano (16-17). Aun, Pablo se ofrece para pagar lo que éste había robado a Filemón (18-19). Por supuesto, Filemón epístola no revela lo que finalmente hizo Filemón, pero es evidente que, siendo un creyente verdadero (vs. 4-7), accedió a la petición de Pablo (vs. 8). En vista que Filemón no era el único creyente que tenía esclavos (cf. Col. 4:1), su dependencia no solo requería de Filemón una reacción apropiada, sino también testimonial, ya que, era parte de una iglesia y sus acciones fueron un modelo para otros amos cristianos en sus relaciones con sus hermanos esclavos (vs. 7).

Filemón tenían derechos legales sobre Onésimo, sin embargo, al ser interpelado por Pablo, éste no usó de autoridad apostólica para ordenar a Filemón, sino que, apeló a otros elementos propios de la fe, el amor, el perdón y la restauración. En otras palabras, Filemón tenía independencia de acción, pero era una independencia subordinada al deber cristiano y, además, al deber testimonial frente a la iglesia (vs. 2).

Como el asunto de esta epístola era de índole personal, pero también involucraba indirectamente a la iglesia, el principio de interdependencia es quizás primero, interno, pero también, universal ya que “…ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí” (Rom. 14:7). Y esta carta no solo circuló también en medio de las iglesias de la época, ha llegado hasta nosotros.

 

 

Epístolas eclesiales

 

Hebreos 

64-68 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

La epístola a los hebreos, es una epístola que está dirigida a creyentes judíos, varios de ellos que estaban dudando de la suficiencia de Cristo y que, algunos incluso, estaban entrando en un punto peligroso de potencial deserción, de allí las diferentes advertencias del autor (2:1-3; 3:7-8, 12; 4:1; 5:11-12; 9:27; 10:23-25; 26-31). Ahora, la dependencia en esta epístola el autor la subraya de una manera cristológica: Nadie de los destinatarios pueden librarse de las consecuencias de abandonar la fe en Cristo, sin sufrir las severas consecuencias (2:3; 10:28-29). Por ello, la epístola misma presenta una rica exposición de la suficiencia de Cristo (1:1-14; 3:1-6; 4:14; 8:1-13 et al.) como una doctrina ineludible para los creyentes, al punto que, a causa de una fe sólida en Cristo, estaban supeditados (dependientes) de la tremenda exposición del autor acerca de Cristo. Además de todo lo anterior, para el autor los destinatarios debían no sólo acordarse de sus “pastores” (ἡγέομαι “guiadores” 13:7, 17), sino que también, tenían que obedecer y someterse a ellos (Heb. 13:17). Estas son las declaraciones más claras de los elementos de dependencia a los que los destinatarios estaban comprometidos.

Paralelamente a todos los aspectos de dependencia, la independencia que revela la epístola, tiene que ver aquí también, con aquella libre disposición a responder a las peticiones del autor (13:7,17), lo cual el autor pide debido a que ellos saben que sus líderes tendrán que dar cuenta a Dios (13:17b). Esto es, el autor no desea obligarlos a responder, sino que, en un tono pastoral espera que ellos obedezcan, oren y reciban la misiva de exhortación (13:17,18,22) porque esto es lo que se espera de los creyentes (2:1; 3:1,7-8; 4:1,11; 12:1-2; 12-13).

 

 

De la misma manera que las epístolas de Pablo, por ejemplo, el autor de esta epístola dedica una sección para pedir sujeción a los “pastores” que los ministran (13:17), y, no sabiendo a ciencia cierta quien fue el autor[53] de esta epístola, llama la atención que de la misma manera que a Pablo, puede disponer de Timoteo —quien al parecer también estuvo en prisión— para enviarlo lo más pronto a ellos (13:23). Esto es, Timoteo, también era un aporte espiritual para los creyentes de Listra, Iconio, Berea y aquí, un potencial colaborador para los creyentes de esta epístola (Hec. 16:1-5; 17:14; 19:22; 20:4), esto, además, señala que los creyentes a quienes escribe el autor, no solo con bastante probabilidad conocían a Timoteo, sino también, la dinámica de los apóstoles con respecto a las conexiones de apoyo que éstos disponían para todos los creyentes indistintamente donde se encontraran.


2.  Epístolas universales[54] 

 

Epístolas universales

 

Santiago

45-50 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

La epístola de Santiago —medio hermano de Jesús— es una epístola universal dirigida a los “doce tribus que están en la dispersión” (1:1) y a cualquier casa-iglesia relativa (2:2). El primer aspecto de dependencia, es justamente, el de la guía autoritativa para creyentes que debido a las diversas pruebas debido a la dispersión (1:1-3), requerían de sabiduría para vivir la fe en medio de las pruebas (1:5-12; 1:26-27). Esto incluye mandatos doctrinales al respecto (1:13-16), instrucciones a ser prudentes (1:19-20), sobre no hacer distinciones entre los hombres (2:2-7), sobre la verdadera fe, en relación a la ley (2:14-26), sobre la lengua (3:1-12; 4:11), sobre la sabiduría espiritual versus la terrenal (3:13-18), sobre el problema de las pasiones y sus nefastas consecuencias (4:1-10; 4:13-17), sobre las riquezas (5:1-6), sobre la venida del Señor (5:7-8), sobre la paciencia (5:11), sobre la oración (5:13-15), sobre el perdón (5:16) y la fe (5:17-18). Todas, instrucciones de Santiago para creyentes dispersos por la persecución que necesitaban instrucciones, guía y doctrina en medio de un contexto difícil. Además, en 5:13-14 Santiago menciona otro elemento de dependencia, los ancianos de la iglesia (5:13-15).

De manera similar a Pablo, Santiago como apóstol y obispo de los creyentes, no podía estar presente en medio de ellos, pero sí, por medio de una carta autoritativa que los creyentes podrían consultar. Si bien es cierto estaban en la dispersión[55] (1:1; 4:4), en esta independencia subordinada eran responsables de vivir la vida cristiana de manera coherente (1:26-27; 2:2s; 14-18; 3:13-18). Otro elemento de esta “independencia”, era la prerrogativa de cada creyente de encausar a sus hermanos, cuando alguno de ellos se extraviaba de la verdad (5:19).

Esta epístola no tiene muchos elementos que sugieran interdependencia, con excepción de aquella interdependencia apostólica (1:1). Por supuesto, los creyentes aquí son llamados a vivir no solo una vida coherente con la vocación cristiana (1:19-20; 26-27; 3:13), sino también, en función de los otros (2:2-7; 8-13; 15-17; 4:11; 5:9). En otras palabras, el elemento de interdependencia en la carta, está dado por el deber de mantener una buena relación entre los creyentes (5:16).

 

Aunque Santiago implícitamente menciona cuestiones relativas a la dependencia de los creyentes a quienes se dirige, son mayormente cuestiones de autoridad doctrinal y apostólica. Por otro lado, la independencia (subordinada) en está epístola como en la mayoría de las otras, está ligada al deber, no, a la autonomía emancipada; los creyentes a quienes escribe Santiago son libres, pero como señala Pedro, libres para hacer lo que deben. Finamente, no hay elementos que subrayen la interdependencia de estos creyentes con otros creyentes, aunque de algún modo, esto se puede deducir debido a que los creyentes dispersos se veían en la necesidad de ser solidarios, independientemente de donde vinieran y donde llegaran.

 

Epístolas universales

 

Pedro I

63 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

De manera similar a Santiago, Pedro “escribe”[56] a los “expatriados” de la dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia (1:1; 2:11). De algún modo, esta epístola no es solo universal, es también circular: Los creyentes tenían que procurar que se leyeron en todas las regiones, en todas las iglesias (casas-iglesias). El primer elemento que subraya la dependencia de los creyentes aquí, es la autoridad apostólica, por medio de la propia epístola como carta inspirada, normativa y autoritativa para todos los creyentes (1:10-12; 22-25; 2:1; 3:8-12). En según lugar, la dependencia se subraya de manera explícita, por medio de ordenanzas relativas a la vida cristiana como estar preparados por medio de un entendimiento entrenado (1:13), así también, un llamado concreto a ser santos (1:14-17), a vivir la vocación cristiana (2:9-10; 2:11-12) por otro lado, instrucciones de advertencia relativa a los engaños (2:1), sobre la buena conducta civil y laboral (2:13-17; 2:18-19), pero también, instrucciones para la vida eclesial, como la conducta y vestimenta de las mujeres (3:1-7), también, sobre el padecimiento y la esperanza de la vida cristiana (2:18-25; 3:13-4:1-19; 5:1; 7-10; 5:7). También, instrucciones para los ancianos (5:1-4), para los jóvenes y para todos (5:5-6). En este sentido, aunque existían ancianos, Pedro funge aquí no solo como un consejero doctrinal, sino, como un anciano más entre ellos (5:1), pero al mismo tiempo, como apóstol de Cristo que ejercía su autoridad de manera satelital, en este caso, por medio de esta epístola (Mt. 16:18; 17:1s).

De manera similar a Pablo y Santiago, Pedro no estaba presente en medio de ellos (5:12), sin embargo, la independencia se subraya desde el punto de vista de la responsabilidad cristiana (1:13-16; 4:9) y la ministración de los dones recibidos a los demás (4:10). Esto es, cada creyente era libre de ministrar a los demás, con los dones que Dios les había entregado.

Los últimos versículos de la epístola dejan ver algunos aspectos de la existencia de la interdependencia de los destinarios, respecto la supervisión de los apóstoles y el conocimiento de otras iglesias. Pedro señala que ha escrito por medio de Silvano, quien es colaborador de Pablo (2 Cor. 1:19; 1 Tes. 1:1; 2 Tes. 1:1) y de la obra en otros lugares e iglesias (Hec. 15:22, 32, 10-41; 16:19, 25; 17:4, 10; 18:5; 2 Cor. 1:19). En sentido, los colaboradores apostólicos están involucrados en cada obra y los creyentes lo saben y aceptan. Por otro lado, los destinatarios de Pedro tenían buenas relaciones con otras iglesias, como la iglesia en Babilonia, como se observa en 5:13.  En otras palabras, la naturaleza misma de la iglesia primitiva, era interrelacional, aunque, por cierto, nunca impositiva.

 

Epístolas universales

 

Pedro II

66 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

En su segunda epístola, Pedro se refiere a los que han alcanzado una fe igualmente preciosa como la de ellos (1:1). Esta segunda epístola es complementaria a la primera (3:1s) y es de algún modo un memorándum acerca de la verdad del cristianismo en oposición a las herejías y los falsos maestros (Ryrie 2004:1756). En este sentido, la carta es una carta de navegación sobre las aguas más difíciles de la realidad del contexto que Pedro debe por necesidad y autoridad, advertir (3:1-7), esto es, la presencia de falsos maestros (2:1s), sus intenciones (2:2-3; 3:14-16*), características (2:10-19; 2:20-22) y juicio (2:4-9), como de la venida del Señor, que también negaban (3:3-7; 8-13). En otras palabras, los destinatarios eran claramente dependientes de todas instrucciones y la autoridad de las mismas —que son inspiradas—  para contrarrestar el error (1:19-21).

Esta segunda epístola de Pedro, deja ver la independencia de la misma manera que en las otras iglesias, subordinada y sujeta a una respuesta deontológica por parte de los creyentes (3:1, 14, 17), esto es, los propios cristianos a quienes escribe Pedro tenían que actuar en función del deber, ya se para santificación, defensa del evangelio (3:14-16) y certeza de la fe (3:1-7, 14; 1:19-21). En otras palabras, esta independencia nunca se presenta aquí, como emancipación, sino, como la libertad para hacer lo que se debe. 

En esta epístola, no se menciona alguna noción explícita o implícita de interdependencia con otras iglesias. Por supuesto, esto no significa que tal realidad era inexistente, por el contrario, como se observa en la primera epístola, la interdependencia era una cuestión propia del desarrollo de la iglesia primitiva bajo la administración obispal de los apóstoles, el nexo de las relaciones entre iglesias.

 

Teniendo claro que estos tres elementos (dependencia, independencia [subordinada], interdependencia) no son tratados de manera explícita en las epístolas del NT, no quiere decir que, en el mensaje de los apóstoles a los diferentes destinatarios estuvieran excluidos.  De hecho, son parte del desarrollo de todas las iglesias debido a que los apóstoles fueron los fundadores[57] de las iglesias (Pedro, Juan, Pablo) y ellos mismos, eran por un lado, los “obispos” de las mismas (dependencia), y el nexo de comunicación entre cada una de las iglesias. 

 

Epístolas eclesiales

 

Juan I, II, III

90-95 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

La primera epístola de Juan no se considera una epístola pastoral, aunque el tenor de la misma tiene ese énfasis (cf. “hijitos” 2:1,12,13,18,28; 3:7; 4:4; “amados” 2:7[58]; 4:1,7, 11; 5:21). Ahora bien, la dependencia de la iglesia receptora se hace evidente desde el comienzo de la carta, ya que Juan no sólo habla a título personal, sino que, siguiendo una retórica plural, escribe como testigo en conjunto con los apóstoles de la vida de Cristo, el Verbo de vida (1:1-4). Y, el propósito de la misma establece un vínculo de dependencia autoritativa, testimonial y doctrinal, entre Cristo mismo, y los destinatarios, vínculo que es mediado por los propios apóstoles (“comunión” 1:3). Como las demás, Juan también tiene un alto contenido doctrinal que incluye la naturaleza de Dios (1:5; 4:8,16; 5:6; 5:20; 2:29; 3:3,7; 4:12), el amor (2:10; 3:10, 11-23; 4:7-12; 19-21), sobre la comunión (1:5-2:17; 2:27-3:24), la verdadera vida (1:2; 5:11; 5:20, 25), las evidencias de un hijo de Dios a causa del nuevo nacimiento (3:9; 4:7; 5:1,4,18), sobre la fe (1:6; 2:4,9,15; 3:6), sobre el anticristo, entre otros (2:18,22; 4:3; 2 Jn. 7) (Beyer 2000:25). Todos estos tópicos, son ángulos de dependencia entre los apóstoles y sus destinatarios. En cuanto a la segunda epístola, Juan es más personal, de igual manera que en la tercera; en ambas escribe, primero, a la “señora elegida” (ἐκλεκτῇ κυρίᾳ) (1:1) —lo más probable una iglesia particular (cf. 13: 8, 10, 12 “vosotros”)— y la tercera epístola, escribe a Gayo, “el anciano” (Ὁ πρεσβύτερος) (3 Jn. 1). En la segunda, la dependencia reflota por medio de la preocupación de Juan de constatar que los creyentes andan en la verdad (2 Jn. 4), las advertencias (2 Jn. 7-9) y autoridad apostólica en la sentencia del vs. 10 “si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis…” Y en la tercera, este aspecto se ve desde el punto de vista negativo, Diótrefes no se quiere someter (vs. 9).

La primera parte de esta epístola revela un tipo evidente de independencia, pero, subordinada, ya que, lo que anuncia Juan con los apóstoles (“lo que hemos oído…”), es el testimonio verídico, empírico e histórico con el Verbo de vida, esto es la base —según Juan— para que la comunión entre el Verbo y cualquier creyente, sea realmente genuina y efectiva, lo cual necesariamente pasa por el vínculo apostólico epistolar testimonial (1:1-4). Segundo, Juan subraya a sus destinatarios sobre la fe espuria (1:8-10; 2:6, 9-11; 3:7-12), y la necesidad de responder a las amenazas para la misma, incluyendo la amenaza de los muchos anticristos (2:18-23; 4:1-6). Estos tópicos, por supuesto, demandaban de sus destinarios una independencia responsable (2:6; 3:7-10; 4:1-3; 5:18, 21). En el caso de la segunda epístola, la independencia es siempre, subordinada. Juan les ruega, y ellos tienen la responsabilidad de seguir en el mandamiento del amor (2 Jn. 5-6). Además, la expresión “Mirad por vosotros mismos” deja sobre esta iglesia la responsabilidad de cuidar la fe, tomando decisiones necesariamente radicales (2 Jn. 10-11). En el caso de la tercera epístola, la independencia se subraya por medio dela conducta responsable de Gayo, testificada por los hermanos (3 Jn. 3) y la alegría de un padre (Juan) al ver que sus hijos (Gayo) andar en la verdad (vs. 4) y “administrar” a otros hermanos de manera íntegra (vs. 5-8).

La primera epístola de Juan el apóstol les escribe a los “hijitos” (2:1,12, 13; 18,28; 3:7; 4:4) como a los “amados” (4:1,7, 11; 5:21), que, claramente son el mismo grupo. En la segunda epístola, Juan escribe a la “señora elegida” (1:1) y la tercera epístola, escribe a Gayo, “el anciano” (Ὁ πρεσβύτερος) (3 Jn. 1). Todas estas referencias juntas, revelan que la intención de Juan es interrelacional, ya que no escribe solo a un grupo específico, lo cual se deduce de la primera epístola, sino también, a una iglesia particular (2 Jn) y, a un anciano, quien presta servicios a otros creyentes “desconocidos” (2 Jn. 5), los cuales —añade Juan— han dado testimonio del amor de Gayo (2 Jn. 5-6). El versículo 6 y 7 deja ver aún más, que Juan estaban comprometido con la interrelación con otras iglesias, ya que, además, pide a Gayo encaminar a dichos creyentes (judíos) para que el servicio en la obra pudiera continuar. La mención de Diótrefes, es otro elemento que sugiere una interrelación entre las iglesias y la autoridad apostólica, ya que Juan no sólo lo censura ante la “iglesia” (3 Jn. 9), sino que también, anuncia su potencial arribo para intervenir en tal situación (3 Jn. 13-14).

 

Las epístolas de Juan, al igual que las otras epístolas, dejan ver estos tres elementos de la iglesia. Su dependencia de la doctrina y autoridad apostólica, su independencia en aquella responsabilidad frente al deber cristiano y los falsos maestros, como también, su interdependencia también, subordinada bajo la supervisión apostólica. 

 

Epístolas eclesiales

 

Judas

90-95 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

La epístola de Judas —hermano de Jacobo, y medio hermano del Señor— se dirige a “los llamados”[59] (RV60) santificados en Dios Padre. Una referencia a todos[60] los creyentes que iban a leer esta epístola urgente. La dependencia apostólica salta a la vista, ya que Judas escribe a sus destinatarios de manera urgente, y, exhortándolos para que contiendan ardientemente por la fe (vs. 3), debido a que han entrados algunos hombres de manera encubierta a la comunidad (vs. 12), hombres impíos que convierten en libertinaje la gracia de Dios y niegan a Dios (Jud. 3-4). El resto de la epístola que es corta, Judas les recuerda la justicia pasada de Dios en contra de los rebeldes (5-7), pero también hace una descripción moral (vs. 8, 16), metafórica (vs. 12-13) y ontológica de estos falsos creyentes (sensuales → ψυχικοί[61] vs. 19). Las últimas palabras de Judas, tienen una clara intención episcopal apologética, ya que les pide estar edificándose en la fe (20a), conservarse en el amor (20b) y procurando “salvar” a los que dudan, y a los que están en peligro de caer en el fuego del engaño (20-23).

Al igual que las otras iglesia o grupos (casas-iglesias), todas, tenían una independencia interna, pero siempre, subordinada. Aquí, al igual que en otros casos, Judas no estaba presente, pero escribe a sus destinarios en calidad de apóstol y epíscopo, para que todos los lectores de la epístola pudieran responder a la amenaza por ellos mismos, tomando medidas concretas al respecto como se observa en el vs. 3, y 20 al 23. En otras palabras, la independencia de los destinatarios, era de responsabilidad, y en este caso, de apologética urgente (vs. 3).

Tomando en cuenta el breve saludo y el lenguaje mismo de la epístola, podemos suponer que Judas escribió sólo, a cristianos judíos, sin embargo, esto no excluye a los creyentes gentiles, ya que la expresión “a los llamados   santificados en Dios Padre” (vs. 1) no es un tratamiento exclusivo para los judíos, sino para todos los creyentes (cf. Rom. 1:6-7; 1 Cor. 1:24; así tb. MacDonald 2004:1076). Teniendo esto en cuenta, podemos inferir que esta carta, y debido a su urgencia, fue también circular —como todas las demás— y, tal característica implica la interdependencia de todas las iglesias.

 

 

3.  Epístolas del Señor a las siete iglesias de Asia

Aunque no siempre se considera, los mensajes a las iglesias de Apocalipsis son quizás, un breve tratado de eclesiología de parte del mismo Señor, Cristo. Él mismo Señor dijo: “… edificaré mi iglesia” (Mt. 16:18), además, fue él quien la compró con su sangre (Hec.  20:28) y es la única Cabeza de la misma (Efe. 1:22–23), por lo que tiene todo el derecho a dar las últimas instrucciones, ya que, además, es el Príncipe de los pastores y el obispo de ella (1 Ped. 5:4; 2:25).  El mensaje a las siete iglesias de Asia por parte del Señor, se dirige a una persona individual por iglesia, al ángel (ἀγγέλῳ)[62], representación del pastor[63] de la iglesia (2:1,8, 12, 18; 3:1,7, 14) aunque con eco para todas las iglesias (“el que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”).

 

Epístolas eclesiales

 

Apocalipsis 2-3         

90-95 d.C.

 

 

Aspectos eclesiológicos

Dependencia

Independencia

Interdependencia

 

 

 

Al pastor de Éfeso (Apo. 2:1-7)        

   

 

 

La carta es dirigida al ángel de Éfeso (2:1), por el Señor, quien ordena a Juan escribir (1:10-11,19). El segundo elemento que subraya la dependencia del pastor y la iglesia misma, es que el mismo Señor tiene a las siete estrellas (los pastores [1:20] en su diestra, y anda en medio de los candeleros (iglesias). Pero, además, el   Señor reprende y exige a la iglesia cambiar su conducta (vs. 4).  

 

 

La iglesia de Éfeso exhibe el elemento de interdependencia en el sentido negativo, ya que tuvo que lidiar con falsos creyentes, falsos apóstoles (vs. 2), como también, con los nicolaítas (vs. 6).

 

La carta del Señor al ángel (pastor) de la iglesia de Éfeso, no revela elementos que sugieran la relación con otras iglesias, aunque sí, desde el punto de vista de la autoría de la carta, su propósito es inter eclesial (vs. 7 “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias…”)

Al pastor de Esmirna (Apo. 2:8-11)  

 

 

 

La carta a iglesia de Esmirna dirigida al ángel (pastor), es dependiente de Cristo (1:5-6; 9-20), el Señor, el que ordena a Juan escribir (1:10-11,19). De manera puntual, la dependencia de la iglesia de Esmirna se subraya aquí, en la promesa del Señor de que a pesar que van a experimentar padecimientos, el Señor está con ellos (vs. 10).

 

 

La carta a la iglesia de Esmirna insinúa independencia, desde un punto negativo. Hay personas que dicen ser judíos, pero no lo son. No se señala la actitud de la iglesia en general, pero este antecedente revela una pugna implícita probable en Esmirna.

 

 

La carta del Señor a la iglesia de Esmirna, no revela aspectos de interdependencia con otras iglesia, aunque sí, la carta misma es también, una carta universal, como es la intención de estas cartas (“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias…”)

Al pastor de Pérgamo (Apo. 2:12-17)

 

 

 

La carta a la iglesia de Pérgamo es dirigida al pastor, quien junto a toda la iglesia es dependiente de Cristo (1:5-6; 9-20), el Señor, el que ordena a Juan escribir (1:10-11,19). Pero, además, en este caso, de reacción por medio del arrepentimiento que el Señor explícitamente le pide al ángel (vs. 16), con connotaciones de advertencia.

 

 

La carta a la iglesia de Pérgamo dirigida al pastor de la iglesia, deja ver su independencia responsable, en sus acciones como retener el nombre del Señor en medio del “trono de Satanás” una alusión a la idolatría imperial, contexto en que no negaron al Señor.  Sin embargo, la independencia de toda la iglesia (y del pastor especialmente) no fue optima, ya que el Señor los reprende por haber permitido en medio de ellos la doctrina de Balam (vs. 14) y la doctrina de Balac (vs. 15)

 

 

La carta del Señor a la iglesia de Pérgamo, no revela aspectos incidentales o circunstanciales de interdependencia con otras iglesias, aunque sí, la carta tiene que ser leída por las otras iglesias, como todas las demás (“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias…”)

Al pastor de Tiatira (Apo. 2:18-29)   

 

 

 

El pastor como la iglesia de Tiatira es dependiente de Cristo (1:5-6; 9-20), el Señor, el que ordena a Juan escribir (1:10-11,19; 2:18), esto también se subraya por medio de la omnisciencia de Cristo, aludida en el mensaje (vs. 18) y, en especial, la prerrogativa de Cristo en la disciplina (vs. 23)

 

 

La carta al ángel de la iglesia de Tiatira revela su independencia de manera negativa, ya que, debiendo haber actuado, el pastor toleró la nefasta influencia de Jezabel (vs. 20s). En este sentido, aunque el mensaje es plural (a las iglesias) es específicamente, una reprensión para el pastor de la iglesia.

 

 

Como es resto de las epístolas, la carta a la iglesia en Tiatira, no muestra un hecho o practica de interrelación, pero sí, su mensaje deja ver existe este elemento, ya que la intención del Señor es que todas las iglesias sepan algunos de los hijos de Tiatira, serán castigados (2:23). 

Al pastor de Sardis (Apo. 3:1-6)       

 

 

 

El pastor de la iglesia de Sardis revela su dependencia de Cristo, no solo como destinatario explícito junto a la iglesia, sino también, por medio de la soberanía de Cristo en la vida de la misma 3:1.

 

 

La carta al pastor de la iglesia de Sardis deja ver su dependencia en los mandatos que el Señor le entrega: debe ser vigilante y afirmar lo que está por morir (3:1,2)

 

 

La carta al pastor de Sardis, no revela elementos circunstanciales de interdependencia, aunque sí, como en todas estas breves cartas, un elemento epistolar interdependiente (“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias…”)

 

Al pastor de Filadelfia (Apo. 3:7-13) 

 

 

 

La carta es dirigida al ángel o pastor de la iglesia de Filadelfia y la dependencia como en todas estas epístolas se subraya en el emisor de la misma, el Señor Cristo (1:5-6; 9-20; 3:1), ya que es él el que ordena a Juan escribir (1:10-11,19)

 

 

La carta al pastor de la iglesia de Filadelfia y, por ende, a la iglesia, revela elemento de independencia en aquella acción personal del pastor a guarda la palabra del Señor y no haber negado el nombre de Cristo (3:8). Pudo haber hecho otra cosa, pero el pastor de Filadelfia usó correctamente su independencia.

 

 

La carta a Filadelfia, no revela elementos de interdependencia de este grupo, unido a otro en alguna actividad eclesiástica, aunque sí, como en todas las otras cartas, es un mensaje para todos los pastores y a la vez, a todas las iglesias.

 

Al pastor de Laodicea (Apo. 3:14-22)

 

 

 

La carta escrita al pastor de Laodicea, y, como en todas las cartas a estas iglesias deja ver el elemento de dependencia de todos los pastores con Cristo, el dueño de la iglesia, pero también su obispo; un segundo elemento de dependencia, deviene de lo mismo, el Señor reprende al pastor y le advierte. Esto subraya la dependencia del pastor y la iglesia del Señor.

 

El mensaje al pastor de Laodicea, revela que él, como la iglesia en general, tienen independencia responsable, lo cual personalmente se subraya en la negligencia de haber sido tibio (3:16), y no haber visto su condición de pobreza (3:17). Por otro lado, este mismo elemento también se subraya por medio de la responsabilidad que tiene el pastor, de comprar oro refinado y vestiduras blancas (3:18).

 

Desde el punto de vista inter-eclesial (interdependencia) el mensaje al pastor de la iglesia de Laodicea no revela aspectos explícitos al respecto, pero como en todas las cartas, su intención es inter-eclesial ya que el Espíritu desea que el mensaje sea dado a conocer a todas las iglesias (“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias…”)

 

VII.      Conclusiones

 El desafío al que se enfrenta constante el congregacionalismo es una potencial democratización de la membresía; el peligro potencial al que se enfrenta una pluralidad encabezada, es al autoritarismo del pastor principal, pero, ¿cuál es el peligro potencial al que se enfrenta la “autonomía” de la iglesia?  En cualquier escenario en donde iglesias locales sean parte de una Corporación, el peligro factible siempre será el abuso de todo tipo de estamentos burocráticos internos por sobre la “autonomía” espiritual de la iglesia local y su auto gobierno. ¿Qué dice la Ley chilena? En Chile la Ley 19.638[64] (ley de culto) garantiza la plena autonomía y el derecho de autodeterminación de las entidades religiosas para establecer su propia organización interna y también, de acuerdo al Decreto 303[65] del “Ministerio de Justicia” que reglamenta el registro de estas entidades de derecho público y exige que cuenten con estatutos básicos (órganos de administración, patrimonio, normas sobre bienes), pero deja a discreción y libertad de cada congregación la adopción de normativas o reglamentos internos adicionales. Esto último es importante subrayar, ya que, los vicios que pudieran producirse en una Corporación, no se deben aquí a la Ley, sino, a una administración interna deficiente.

El desafío consiste entonces, en, ¿de qué manera los aparatos burocráticos internos como de una corporación, o iglesia institucional pueden funcionar sin dañar la “autonomía” espiritual de la iglesia, único órgano establecido por el Señor? ¿De qué manera la constitución de estatutos y reglamentos internos no sobrepasan su competencia sobre las Escrituras, la única norma autoritativa final que tiene la iglesia?   De acuerdo al Decreto 303, letra b, se señala, tomando el contexto del Artículo 6º que: Los estatutos de toda entidad religiosa, cuya personalidad jurídica se constituya de conformidad a la ley Nº19.638, deberán contener, a lo menos:

b.- Los elementos esenciales que la caracterizan y los fundamentos y principios en que se sustenta la fe que ella profesa[66]

Nótese que la Ley y el Decreto relativo (303) establece que cualquier entidad religiosa puede expresar sus propios fundamentos en el papel de manera legal, de acuerdo a los elementos que tal entidad crea son esenciales, la caracterizan y concluyen son los principios que la componen. Si el lector atento notó, la Ley no prescribe la interpretación hermenéutica de la Escrituras y las conclusiones que la entidad religiosa crea son, teológicamente, su forma de gobierno con los reglamentos internos que la componen. Esto es, la autonomía administrativa de una iglesia corporativa e institucional particular sigue estando bajo un desafío constante de presentar sus reglamentos internos y normas derivadas, nunca, en torno a una interpretación generacional, sino, a una rigurosa interpretación del texto bíblico que no exceda su propio auto gobierno más allá de lo que el texto bíblico nos permite y, por ende, a una vigilancia continua por medio de sus miembros, debido a los factores naturales de toda institución, la entropía administrativa.

El siguiente resumen adaptado[67], abrevia la tesis de este escrito considerando no sólo lo último, sino también, los conceptos que se han presentado aquí, los que incluyen la dependencia, la independencia (subordinada) y la interdependencia de la iglesia local, como una sugerencia de todo lo dicho.

 

Creemos y enseñamos la “autonomía” administrativa de la iglesia local, la cual es libre de cualquier intromisión de cualquier autoridad externa o control que no exceda una violación explícita de la Ley y los principios doctrinales de una iglesia particular a la que sus “socios” se adscriben voluntariamente. Esta independencia implica el derecho de gobernarse a sí misma por medio de un gobierno congregacional participativo subordinado bajo la dirección de una pluralidad encabezada. De manera que, cada iglesia local, por medio de esta pluralidad, tiene la libertad y prerrogativa de gobernarse en asuntos de planificación, finanzas, elección, enseñanza y disciplina. Este autogobierno se ejerce siempre en absoluta dependencia y sujeción al Señor y las Escrituras, teniendo como marco de guía los reglamentos internos, siempre y cuando estos no contradigan la autoridad explícita de la Palabra de Dios. Creemos y enseñamos también, que las iglesias locales no son islas aisladas; por lo tanto, en la medida de sus necesidades, pueden solicitar apoyo o cooperar con otras comunidades hermanas. Esta interdependencia y cooperación voluntaria redunda en la profundización y propagación de la fe escritural. No obstante, este tipo de asociaciones cooperativas no debe nunca lesionar la autonomía administrativa de cada iglesia local.

VIII.         Conclusiones

Como revela este breve recorrido por el libro de Hechos, las epístolas y las cartas del Señor a las siete iglesias, el NT no enseña el concepto de “autonomía” de la iglesia local en el sentido moderno (ley para sí misma). Lo que sí revela de manera clara, es su dependencia, su independencia subordinada y su interdependencia que se explica en los siguientes resúmenes.


1.  La iglesia local es, ante todo, dependiente. 

Desde Pentecostés, la iglesia nace por iniciativa de Dios y no por voluntad humana (Hec. 1:8; 2:1, 47). Depende del Dios Trino, que la edifica (Mt. 16:18), Cristo mismo la compró con su sangre (Hec. 20:28) y la gobierna como su única Cabeza (Efe. 1:22-23; Apo. 1:20; 2:1). Depende también de la Palabra, es decir, de las Escrituras y de la doctrina de los apóstoles (Hec. 2:42; Efe. 2:20). Esto es, la iglesia no define la doctrina ni la autoridad: las recibe y se somete a ellas. Esto se confirma en el período fundacional (Hec. 1; 6), en el envío misionero (Hec. 13:1-4), en la designación de ancianos (Hec. 14:23) y en el Concilio de Jerusalén (Hec. 15). En todos ellos la dirección viene de arriba hacia abajo, y la congregación participa sin ser deliberante ni democrática.

 

2.  La independencia de la iglesia local es siempre subordinada.

En ninguna epístola la independencia aparece como emancipación. Aparece como responsabilidad: los creyentes son libres, pero libres para hacer lo que deben. Se les exige vivir coherentemente con su vocación (1 Tes. 4:7; Efe. 4:1; Fil. 1:27), disciplinar el pecado (1 Cor. 5:13), resguardar la fe de los falsos maestros (Fil. 3:1-3; 2 Jn. 10; Jud. 3, 20-23) y cuidar la unidad interna. Desde Hechos 14:23, cada iglesia (κατ᾽ ἐκκλησίαν) cuenta con ancianos propios, que son pastores y supervisores, y de ahí surge una auto-organización local real. Las cartas de Apocalipsis 2-3 muestran que esta responsabilidad es genuina, porque el Señor reprende o encomia a cada pastor y a cada iglesia por lo que hizo o dejó de hacer. Esa independencia, sin embargo, siempre se ejerce bajo la autoridad de Cristo y de su Palabra, o sea nunca deja de ser subordinada.

 

3.  La interdependencia es voluntaria y fraternal, no impositiva. 

Las iglesias del NT no vivían aisladas. Compartían cartas circulares (Gál. 1:2; Col. 4:16; 1 Ped. 1:1), saludos (1 Cor. 16:19-20; Fil. 4:21-22), colaboradores (Timoteo, Tito, Tíquico, Silvano) y ayuda material (Rom. 15:26-27; 2 Cor. 8-9; Fil. 4:14-18; 1 Tes. 4:10). Esa conexión se sostenía en la comunión del cuerpo de Cristo (Rom. 12:4-5; 14:7) y en el nexo apostólico, no en estamentos intermedios. El NT no registra diócesis, distritos ni jerarquías regionales que sustituyeran el gobierno local. Incluso cuando Pablo organiza una ofrenda, la presenta como un donativo (χάρις) y no como un tributo.


4. La “autonomía” administrativa es un derecho acotado por la Palabra.

La iglesia local puede gobernarse en planificación, finanzas, elección, enseñanza y disciplina por medio de una pluralidad de ancianos encabezada, con participación de la congregación. Esa participación se orienta a reconocer, apoyar, confirmar y encomendar, como en Hechos 6:3-6; 14:23; 15:22. El gobierno es plural y pastoral y se ejerce bajo la Escritura, por lo que ni la democratización de la membresía ni el autoritarismo del pastor principal son modelos bíblicos. Los reglamentos internos sirven como marco de orientación mientras no contradigan la autoridad explícita de las Escrituras.

 

5.  El marco legal protege esta libertad, pero no la garantiza por sí sola.

La Ley 19.638 y el Decreto 303 en Chile facultan a las entidades religiosas para establecer su propia organización y fundamentos. Por eso, las fallas institucionales en cualquier corporación no provienen de la ley, sino de una administración interna deficiente. El reto constante es que los estatutos y las instancias internas (estamentos internos) estén al servicio de la iglesia local y no la reemplacen. Esto requiere una fiscalización permanente de los miembros —en especial de los pastores en su labor episcopal— y que toda reforma reglamentaria se guíe estrictamente por el texto bíblico, dejando de lado la tradición, la costumbre y las modas “teológicas” externas que emergen en el caminar de la iglesia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Yoccou, R.C. 1992. Comentario bíblico del continente nuevo: Hechos II. Miami, FL: Unilit.

 

 

 



[1] La διήγησιν (diégesin “narración”) es un término importante, y Lucas no lo escogió al azar, de hecho, es otro hápax legómenon de los muchos que usará; señala el tipo de narración, aquí, de un “relato histórico ordenado”, en el lenguaje de Lucas, la diégesin de πραγμάτων (pragmáton) “sucesos”, del gr. πρᾶγμα (prágma) que señala las “acciones”, “actos”, “obras” y “acontecimientos”. Pero, no se trata solo de un relato meticuloso de orden cronológico, sino, y esencialmente, de uno periodístico, esto es, Lucas en Hechos sigue narrando la objetivamente de la verdad en cuanto a los sucesos del cristianismo primitivo. No se trata entonces de visiones, o misticismo, el camino de los diversos “evangelios apócrifos”, sino, de un relato periodístico inspirado para Teófilo, pero también, para todos los creyentes y Lucas, reitera esta intención en Hechos, cuando escribió que su segundo tomo, fue basado en lo que: “Jesús […] comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día que fue recibido arriba…” (Hec. 1:1). “Hasta que fue recibido arriba…”, fue el último aspecto temático que registró Lucas y los demás evangelistas (cf. Mt. 28:16-18; Mr. 16:19-20; Lc. 24-50-53). Y Lucas en Hechos, justamente, relata lo que sucedió después que Jesús “…fue recibido arriba…” (Hec. 1:1c).

[2]  El escritor de Lucas-Hechos, no sólo es un historiador, sino que   también, un exégeta autoritativo —al igual que los demás autores del NT—  es un profesor, y su texto de estudio es justamente Lucas-Hechos, en donde claramente nos relatará los hechos, pero a su vez, nos revelará aplicaciones importantísimas las cuales irán decantado, aclarando e instituyendo la teología del corpus apostólico que los demás apóstoles también sistematizarán (cf. Lc. 3:4-6; Efe. 2:20).

[3] Es importante señalar que la iglesia no existía en el AT como aducen los teólogos reformados; siendo la iglesia una asamblea de personas creyentes antes de pentecostés, pasa a ser un organismo viviendo sólo, cuando el Espíritu Santo descendió en pentecostés, es desde allí en adelante, que la iglesia pasa a ser un organismo viviente a causa de la vivicación del Espíritu Santo, pero esencialmente, porque justamente, la tercera persona de la Trinidad pasa a habitar en los creyentes, esto es, en la iglesia (Hec. 2; Rom. 8).

[4] La curación del cojo (Hec. 3:1-11), la predicación De los judíos inconversos (Hec. 3:12-26), la primera persecución por parte de la clase religiosa del pueblo (Hec. 4:1-3) ante las autoridades civiles de Roma (Hec. 4:5s). Los primeros discursos apologética de la fe cristiana por parte de Pedro (Hec. 4:7-12). Sanidades milagrosas son hechas por medio de los apóstoles (Hec. 3:1-7; 4:30, 33; 5:12-16), pero también, la administración de los bienes por parte de los apóstoles (Hec. 4:32-35). El primer caso lamentable de juicio divino, por la mentira de Ananías y Safira (Hec. 5:1-11). Hasta aquí, la iglesia seguía creciendo en gran número (Hec. 4:4 “cinco mil”, 5:14), mientras, otra nueva persecución por parte de los religiosos (Hec. 5:17-18), con un final temporal en la cárcel (Hec. 5:18), pero a la vez, con una liberación sobre natural por parte de un ángel del Señor (Hec. 5:19; 22-26) con una encomienda divina: “Id, y puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta vida” (Hec. 5:20) y luego, otro comparendo ante las autoridades instigados por la clase religiosa (Hec. 5:21-26), y otra vez, un segundo discurso apologético por parte de Pedro (Hec. 5:29-32), castigos a causa del evangelio de Cristo (Hec. 5:40).  

[5] La expresión «“de” Cristo», no sólo es una alusión a la palabra dicha por Cristo, sino también, la palabra acerca de Cristo.

[6] Originalmente, la idea de ἐπισκέπτομαι (episképtomai) es “mirar sobre”, tener “consideración sobre” (algo o alguien) y también, “inspeccionar”; en Hechos 25:35ss se usa de visitar a los enfermos, en 15:36, también de la intención de Pablo de ir a visitar a las iglesias; en Hechos 7:23 de “ir a buscar”, pero, en nuestro pasaje, tiene el sentido de “investigar” con la idea de “detectar” (cf. Núm. 27:16; Neh. 7:1) (Beyer en Kittel & Friedrich et al. 2002:243). La idea incluye “inspeccionar” (Bauer & Danker 2021:333).

[7] Imperativo aoristo voz media deponente segunda persona plural de ἐπισκέπτομαι (eposképtomai) aquí, “ustedes detecten”.

[8] Aoristo subjuntivo activo primera persona plural de καθίστημι (kathístemi) aquí, “nosotros constituiremos”.

[9] Berkhof habla de “La relativa autonomía de la Iglesia local”, y explica el gobierno de la Iglesia reformada: “Que cada Iglesia local es una iglesia completa de Cristo, plenamente equipada con todo lo que se requiere para su gobierno. No tiene absolutamente ninguna necesidad de que se le imponga ningún gobierno desde afuera. Y no solo eso, son también una imposición semejante sería absolutamente contraria a su naturaleza.” (Berkhof 2018).

[10]  Nestlé Aland asigna al singular {A} ἐκκλησία 𝔓74 ℵ A B C 36 81 181 307 453 610 945 1175 1678 1739 1891 ℓ 1178 itc, dem, ph, ro, w vg (syrp) (copsa, bo, fay, meg) // el plural ἐκκλησίαι es la lectura de 614 1409 2344 Byz [L P] Lect  itar, gig, (p) syrh (copbomss) geo slav Chrysostom; (Augustine) Bede.

[11] Marguerat señala: “El narrador insiste en que el Espíritu es el iniciador de este gran viaje, que comienza aquí y concluirá en 14,26-28; él es quien manda… y la iglesia se presta a ello y lo organiza” (Marguerat 2020:32). Millos dice algo similar: “El Espíritu Santo, tomando el control de la iglesia, inicia la acción de llamamiento selectivo para enviar a creyentes a la misión de extender el evangelio” (Millos 2013:915).

[12] Gr. προσκέκλημαι perfecto indicativo pasivo de προσκαλέομαι “he llamado” 13:2 cf. Hec. 9:15.

[13] Bruce añade: “La responsabilidad de la iglesia era reconocer el nombramiento divino y actuar en consecuencia” (Bruce 1990:327).

[14] Tercera persona plural.

[15] Como ya observamos en el artículo anterior, y siendo más específicos, la fórmula χειροτονήσαντες + αὐτοῖς “habiendo designados para ellos”, o más bien χείρ + τείνω “habiendo estirado la mano”, Pablo y Bernabé designaron ancianos en cada iglesia. La idea de χειροτονέω entonces, de algún modo concreto tiene la idea de “señalar con el dedo” (así tb. Spence-Jones ed. 1909:438). Como hemos señalado, no hay aquí alguna alusión a un voto democrático por parte de la asamblea, sino, es un proceso electivo a cargo de Pablo y Bernabé. Ernesto Trenchard subraya es to último, incluyendo también, a Strauch, entre otros. «La frase: “[Χειροτονήσαντες δὲ αὐτοῖς πρεσβυτέρους κατ᾽ ἐκκλησίαν] … en la que hemos subrayado el pronombre “autois”, “para ellos”, significa por sí que los miembros de las iglesias no escogieron para ellos mismos a sus guías, sino que los escogieron los apóstoles con miras al bien de los creyentes.» (Trenchard et al. 2013:311).

[16] Algunos creen que solo constituyeron ancianos en Listra, Iconio y Antioquía, es probable, pero la expresión en “cada iglesia”, sugiere que constituyeron ancianos en cada iglesia existente.

[17] Ben Witherington III señala que Santiago aquí no es un simple retórico, es de hecho un juez con autoridad que dio un fallo que finalmente resolvió el asunto (Witherington III 2022:641 así tb. Marguerat 2007:128).

[18] “Juicio por sentencia” según Spence-Jones (1909:3).

[19] Señala: “La carta está dirigida muy específicamente por los dirigentes de Jerusalén, tanto los apóstoles como los ancianos, a los creyentes gentiles de Antioquia y Siria y Cilicia” (Witherington III  2022:661).

[20] «“Por lo tanto, nos pareció bueno”. La próxima frase en la carta explica la unanimidad del liderazgo de Jerusalén» (Kistemaker 2007:600).

[21] Darrell Bock escribe: “Los apóstoles y los ancianos se ponen de acuerdo sobre una solución (ὁμοθυμαδόν, homothymadon, de común acuerdo) y eligen representantes para que acompañen a los “amados” (ἀγαπητοῖς, agapētois) Bernabé y Pablo (nótese de nuevo el orden de los nombres) e informen a las iglesias gentiles.” (Bock 2007:512).

[22] En este contexto, ocurren varios hechos como cascadas de acontecimientos (Marguerat) que incluyen la inclusión de Timoteo (Hec. 16:1-5), la visión del hombre macedonio (16:9-10), la inclusión Lidia (16:14ss), la confrontación del espíritu de adivinación (16:16ss), el encarcelamiento mismo (16:22-24), la conversión del carcelero (16:26-40), la obra en Tesalónica, Berea y Ateneas (17:1-34), después, el ministerio en Corintio (18:1s), las discusiones en las sinagogas (Hec. 18:4,7, 8, 17, 19).

[23] 1 Cor. 11:2: “Os alabo porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones [paradosis] tal como os las entregué”. También en 2 Tesalonicenses 2:15 anima a mantenerse firmes y retener la doctrina [paradosis] aprendida, sea por palabra o por carta.

[24] Gr. βουλή plan, designio, intención (cf. Hec. 2:23; 4:28; 5:38; 13:36).

[25] Gr. ποιμαίνω apacentar, pastorear, ser pastor (cf. Mt. 2:6; Lc 17:7; Jn 21:16; 1 Cor. 9:7; 1 Ped. 5:2).

[26] Adjetivo acusativo masculino plural.  Siete veces del NT (Hec. 11:30; 14:23; 15:2; 20:17; Tit. 1:5; Stg. 5:14; 1 Ped. 5:1).

[27] Adjetivo acusativo masculino plural; dos veces el plural (Hec. 20:28; Fil. 1:1). Tres veces en singular (1 Tim. 3:2; Tit. 1:7; 1 Ped. 2:25).

[28] Gr. ποιμαίνειν presente infinitivo activo de ποιμαίνω (poimaíno). En el NT, el verbo se usa solo dos veces, aquí y en 1 Ped. 5:2, como un ejercicio propio de pastorear. Bock añade: “El infinitivo en tiempo presente significa pastorear continuamente y en este contexto también indica el propósito de ser un supervisor” (Bock 2007:629).

[29]  Darrell Bock señala que la idea de un supervisor a menudo se asociaba con la idea de ser un guardián y protector (Fil. 1:1; 1 Tim. 3:2; y Tito 1:7 son otras ocurrencias importantes) (Bock 2007:629).

[30] Nombre acusativo femenino.  

[31] 1 Tim. 3:1 señala que el obispado es una obra (ergon), labor, oficio, trabajo, ministerio, sustantivo común y muy frecuente par denominar todo tipo de actividad o resultado de un trabajo (Beyer 2025:209).

[32] Marguerat escribe: “Antes de convertirse en el título que conocemos —obispo—, aquí el episcopado es una función, un cargo, definido por su sentido etimológico: el epíscopo es el que mira sobre… el que observa, el que vigila, el que guarda” (Marguerat 2020:317). 

[33] Beyer, comentando 1 Timoteo 3:1-7, versículo 1 explica: “El término que emplea Pablo para el ministerio del obispo es “obra”; palabra que caracteriza el oficio del anciano como una labor, un trabajo, un ministerio.” (Beyer 2025:209).

[34] Gr. καὶ ἔδωκεν δόματα τοῖς ἀνθρώποις “y dio dones a los hombres” (Efe. 4:8).

[35] Aunque de alguna manera todo el NT es un documento para la iglesia, la idea de “epístolas eclesiales” más bien responde al hecho de que la mayoría, tiene tal remitente, “a la iglesia de”.

[36] Hendriksen subraya bien: “Como el gran apóstol era el principal responsable de la presente epístola, escribe primeramente su propio nombre, luego los nombres de los que han estado asociados con él en la presentación del evangelio a los tesalonicenses, y que ahora estaban con él en Corinto cuando esta carta se escribía” (Hendriksen 2007:48).

[37] Paul Benware escribe: “Ciertos detractores estaban diciendo que Pablo era simplemente otro de tantos egoístas maestros ambulantes. No tenía un interés real en los creyentes de Tesalónica, sino que enseñaba por provecho propio. Aparentemente, estaban diciendo que, si estaba interesado en ellos, ¿por qué no volvía? Aunque no le gustaba a Pablo centrarse en sí mismo, en este caso era importante hacer frente a estas acusaciones” (Benware 1993:170).

[38] El profesor Beyer señala que, en contraste con las cartas de Pablo a los Romanos, Corintios, Colosenses y otras, que se dirigen a iglesias locales de una determinada ciudad, los gálatas se ubicaban en varios lugares e iglesias locales de una región sin especificar el número de iglesias o la distancia entre ellas (Beyer 2009:21).

[39] Shreiner escribe: “La carta estaba escrita no sólo a una iglesia sino a todas las iglesias de Galacia (cp. 1 Co 16:1, 19; 2 Co 8:1; Gl 1:22; 1 Ts 2:14)” (Shreiner 2020:75).

[40] Diatásso tiene la idea preliminar de poner en fila, de distribuir, luego de disponer y de allí, de ordenar, mandar.

[41] Millos explica que Acaya era el nombre de la parte norte del Peloponeso (península más grande de Grecia) que incluía a Corinto y a su istmo (Millos 2020:56). Fricke sugiere, que esta epístola fue una epístola circular: “Según algunos eruditos, la presente carta fue una carta circular, ya que manda saludos a “todos los santos que están en toda Acaya” (v. 1d), y que no envió saludos a individuos por nombre al final de la carta. En este sentido sigue el estilo de las Epístolas a los Gálatas y a los Efesios, las cuales, sin lugar a dudas, fueron escritas como cartas circulares” (Fricke et al. 2003:220). De algún modo, estas opiniones tienen su fundamente también, en 8:24 —por ejemplo— cierta consistencia, ya que parte de las peticiones que Pablo hace a los creyentes de Corinto y Acaya, es que todos puedan mostrar con ellos (Tito, los otros hermanos 8:23) “…ante las iglesias la prueba de vuestro amor y de nuestro gloriarnos respecto de vosotros” (8:24).

[42] De manera similar a Hechos 14:23, aquí se usa χειροτονέω (jeirotonéo) para indicar que las iglesias seleccionaron al hermano, como señala Lohse: “2 Corintios 8:19 usa el verbo en el sentido de «seleccionar». Pablo se refiere a la persona que ha sido escogida para acompañarlo en el asunto de la colecta” (Lohse en Kittel & Friedrich et al. 2002:1298).  Como advertimos en el caso de Hechos, χειροτονέω (jeirotonéo) literalmente significa, “levantar la mano” o “extender la mano” como sugiriendo una elección por voto popular. El caso de 2 Corintios 8:19 lo antecede los criterios de esta selección, ya que, el hermano tenía un excelente testimonio por todas las iglesias (8:18). Aunque el texto no lo dice, seguramente más de algún hermano sugirió a este hermano, y las demás se sumaron a la moción a causa, justamente, del buen testimonio que tenía; sine embargo, Pablo mismo y sus colaboradores ya habían comprobado varias veces la diligencia de este hermano (8:22).

[43] Longenecker señala que la frase “a los amados de Dios” y “llamados a ser santos” son atributivas, es decir, caracterizan a todos los cristianos en Roma, no solo a un grupo más pequeño (Longenecker 2018:92).

[44] Literal:

καὶ   τὴν  κατ᾽ οἶκον    αὐτῶν    ἐκκλησίαν  (Rom 16:5)

 

 Y     a la  en    casa    de ellos    iglesia

 

[45] Tommy Preson Phillips Romans: pt 1 – Meet the Christians in Rome. Internet URL: https://www.watermarktampa.com/blog/29bbebmy5ba4t6xbtp6voc3bhapgkb [consultado el 20.09.2026].

[46] Es Presidente de “London School Of Thelogy”. Realizó un doctorado sobre Filipenses en Oxford bajo la dirección de Tom Wright. Desde entonces residen en Manchester, donde actualmente es profesor Rylands de Crítica y Exégesis Bíblica. 

[47] Aunque hay mucha controversia sobre la ausencia de “en Éfeso” en los manuscritos más “antiguos”; concluimos con Arnold, C.E. y Haley  que: “A la luz de todas las evidencias, la mejor solución y la más fácil es considerar “en Éfeso” auténtico, pero también ver Efesios como una carta que estaba pensada para circular en principio entre las distintas iglesias locales de la ciudad de Éfeso, y después a las iglesias de las ciudades vecinas, y posiblemente a las iglesias de aldeas más alejadas como Esmirna, Mileto y las de los valles de Meander y de Licos” (Arnold & Haley eds. 2016:29).

[48] Stott escribe: “En sus orígenes, Éfeso fue una colonia griega, pero ahora era la capital de la provincia romana de Asia y un populoso puerto comercial” (Stott 2006:18).

[49] En la época en que se escribió esta carta, Filipos aún era una ciudad importante que tenía una historia larga y llena de acontecimientos; además, Filipos tenía una importancia geográfica y comercial, única.  Desde ella, emplazada en la Vía Ignacia, el tráfico se canalizaba hacia Roma, y viceversa, por la ruta de Dirraquio, Brundisio, y la Vía Apia (Hendriksen 2006:15; Ehlke 2000:7).

[50] Comentando esta sección, Hendriksen escribe: “Pablo reconoce agradecido el hecho de que esta ofrenda no era la primera, sino la continuación de una serie de ofrendas. Recuerda algo que tanto los filipenses como él sabían muy bien, a saber, que cuando la iglesia de Filipos estaba en sus comienzos, recién fundada—hacía diez años por lo menos—entonces ya, en aquellos primeros días de la proclamación del evangelio en aquella región, ellos, y solamente ellos, habían compartido con él en cuestión (siguen a continuación algunos términos comerciales) de dar y recibir; es decir, una cuenta en la que los filipenses eran los donantes y Pablo el receptor. Precisando la ocasión en cuanto al tiempo, el apóstol dice que esta generosidad se mostró con motivo de su partida de Macedonia (donde Filipos y la cercana Tesalónica estaban situadas), partida un tanto precipitada según podemos ver por Hch. 17:14. Cuando los amigos de Filipos supieron de las dificultades de Pablo en Tesalónica, acudieron inmediatamente en su ayuda, de forma material, permitiéndole así continuar su obra en otros lugares (en Acaya: Atenas y Corinto; cf. 2 Co. 11:8, 9)” (Hendriksen 2006:231s).

[51] Ehlke escribe: “En la época del apóstol Pablo, Colosas formaba un triángulo con otras dos ciudades. Hierápolis y Laodicea, las dos localizadas a 16 o 18 kilómetros al norte y al oeste.” (Ehlke 2000:102).

[52] Esta epístola no está clasificada como carta pastoral, sino, como carcelaria junto a Efesios, Filipenses y Colosenses, pero, debido a que es una carta de índole personal, la dejamos en este lugar (cf. Millos 2016:775)

[53] Muchos nombres se han sugerido, Pablo mismo, Bernabé, Apolos, Silas, Aquí y Priscila, incluso Clemente de Roma, sin embargo, como bien lo dijo Orígenes en el siglo III, solo Dios sabe quién fue su autor (Ryrie 2004:1718).

[54] Como explica Ryrie, Santiago, 1 y 2 de Pedro, 1,2 y 3 de Juan y Judas fueron llamadas por la iglesia primitiva las epístolas “generales”, “universales” o “católicas” porque su dirección (con excepción de 2 y 3 de Juan) no estaba limitada a una localidad particular (Ryrie 2004:1739).

[55] Gr. διασπορά (diáspora) hecho de estar dispersados, dicho de los judíos entre los otros pueblos.

[56] El amanuense de Pedro fue Silvano (5:12).

[57] Mientras los doce encabezados por Pedro y Juan fundaron la iglesia en Jerusalén, Pablo fundó las iglesias de Galacia (junto a Bernabé Hec. 13-14). La iglesia de Filipos (Hec. 16), la iglesia de Tesalónica (Hec. 17), la iglesia de Corinto (Hec. 18), la iglesia de iglesia de Éfeso (Hec. 19), entre otras (Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra, Derbe y Colosas).

[58] El texto griego presenta una variante; así, αδελφοι en 1175. 1448. 2492 Byz.  

[59]  Existen variantes en los mss; [A] τοῖς ἐν θεῷ πατρὶ ἠγαπημένοις 𝔓72 ℵ A B Ψ 5 81 88 436 442 ℓ 596 ℓ 1441 itar vg copsa, bo (eth) geo slavms Origengr, lat; Lucifer Augustine (Cassiodorus) // τοῖς ἐν θεῷ πατρὶ ἠγιασμένοις 307✱ 642 1175 1448 1735 Byz [K L P] Lect slavmss.

[60] Walvoord, J.F. y Zuck creen: “El tono de la carta demuestra que los destinatarios originales pudieron ser cristianos judíos de Palestina que se reunían en congregaciones locales. Las referencias hechas a incidentes del A.T. y a la literatura extrabíblica identifica a los destinatarios como personas que entenderían estas referencias sin necesidad de explicación alguna. Egipto, Sodoma y Gomorra, Moisés, Caín, Balaam, Coré, Enoc, Adán y los ángeles caídos, todos indican a gente familiarizada con la historia del A.T. y posiblemente con la literatura apócrifa.” (Walvoord & Zuck 2006:186s). Nosotros creemos con Kistemaker cree que fue escrita para creyentes judíos como gentiles (Kistemaker 1999:410; cf. Así tb. Robertson 2003:721).

[61] Literalmente, llevados por los sentidos, que sigue los instintos naturales.  

[62] En los siete casos, Juan usa el dativo masculino singular de ἄγγελος (ángelos) (2:1, 8, 12, 18;3:1,7,14).

[63] “Jesús dio instrucciones a Juan para que escribiera una breve carta dirigida al pastor de la iglesia en Éfeso” (Kistemaker 2004:129). Es sorprendente que en ésta y en las otras seis cartas el Salvador se dirija a las iglesias con el pronombre singular “tú” (2:2). Aunque le habla al pastor como el representante de todas las almas bajo su cuidado (Mueller 2002:25).

[64] Nótese el: “Capítulo III. Personalidad jurídica y estatutos. Artículo 8º. Las entidades religiosas podrán crear personas jurídicas de conformidad con la legislación vigente. En especial, podrán: a) Fundar, mantener y dirigir en forma autónoma institutos de formación y de estudios teológicos o doctrinales, instituciones educacionales, de beneficiencia o humanitarias, y b) Crear, participar, patrocinar y fomentar asociaciones, corporaciones y fundaciones, para la realización de sus fines.” Ley 19638 Establece Normas sobre la Constitución Jurídica de las Iglesias y Organizaciones Religiosas Ministerio del Interior; Subsecretaria del Interior. Internet URL:

 https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=145268  [consultado el 25.08.20226].

[65] Relativo al Decreto 303, Artículo 6º, señala lo que “Los estatutos de toda entidad religiosa, deberán contener, lo cual se detalla en las letras a, b, c, d, e y f.  Decreto 303 Reglamento para el Registro de Entidades Religiosas de Derecho Público Ministerio de Justicia. Internet URL: https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=169459 [consultado el 25.08.20226].

[66] Decreto 303 Reglamento para el Registro de Entidades Religiosas de Derecho Público Ministerio de Justicia, letra “d”. Internet URL: https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=169459  [consultado el 25.08.20226].

[67] Este resumen, es una adaptación de la definición que hace John MacArthur sobre lo que vendría ser la autonomía de la iglesia en “John MacArthur (1997) Biblia de Estudio MacArthur. Nashville, TN: Thomas Nelson.”

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