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sábado, 31 de agosto de 2019

El ethos, el pathos y el logos en la persuasión eclesiástica






Por J.A. Torres Q.


Muchos  estudiosos han clasificado las cartas novotestamentarias bajo la categoría de retórica cristiana, la cual relacionan con las distinciones que  Aristóteles (384-322 a.C.) hizo en su libro el "Arte de la Retórica" y sus principios de persuasión. Aunque esto no pasa de ser más que una hipótesis, hay una cuestión cierta, tanto los discípulos como los apóstoles nacieron en un contexto en donde la retórica aristotélica no solo era conocida, sino que también, era practicada (cf. Hec. 17:16-21). Así, no han sido pocos[1] los que han dicho que Pablo también se valió de la retórica aristotélica en sus escritos. Cuestión que se deriva de la triple clasificación que Aristóteles tenía de los discursos  retóricos (deliberativo/forense/epideictico).  Si bien es cierto, estos tres tipos de enfoque discursivos fueron una manera de orientar el discurso macro, las fórmulas de persuasión siguieron tres diferentes caminos. Así, el camino del ethos, el del pathos y el de logos; y, haciendo una aplicación contemporánea de estos conceptos antiguos,  el ethos se refiere a la credibilidad del orador, camino que sugiere la pregunta: ¿Por qué la audiencia debería creer  lo que dice el orador? Así, el camino del ethos se anticipa a dar muestras de credibilidad, no solo con respecto a lo que dice, sino también, a la veracidad de sus anuncios. El segundo, el camino del pathos, se refiere a la persuasión de las emociones, el enfoque de apelar a las emociones de los oyentes para con ello,  capturar la atención y  aprobación perlocutiva (que lleguen a actuar de facto por medio de dicho camino persuasivo).  Finalmente, el camino de logos, el que implica la lógica y el razonamiento, así, el orado que apela a la razón y espera perlocución por medio de argumentos elaborados racionales exhibidos. Si duda  estos aspectos han estado desde el comienzo de la retórica y la relación orador-asamblea, esto, porque siempre y de algún modo han existido las tres clases de personas correspondientes para cada uno de estos enfoques. Así, haciendo una aplicación eclesiástica. Siempre han existido personas que más que el razonamiento lógico, o la apelación a las emociones, esperan credibilidad de parte del orador. No les basta otra cosa. También ha habido y hay personas esencialmente emocionales (Judas les llama sensuales), que de algún modo la asamblea llega a ser un lugar terapéutico, más cuando el orador logra ser pathológico. De hecho, este es el oxigeno cúltico que respiran. La doctrina  entonces, no importa mucho.  Así,   pueden pasar toda una vida en una asamblea sin ser  jamás  estimulados racionalmente y muchos menos, ver ellos mismos la necesidad de una estimulación lógica de la fe. Y, finalmente, están los lógicos que solo se estimulan cuando sus mentes son puestas a trabajar por medio de la lógica oratoria, por medio de una ponencia académica, por medio de una oratoria que produzca en ellos  una sinapsis iluminativa racional.   

¿Cuál es la retórica —si se le puede llamar así— escritural? La respuesta es relativamente sencilla. Las tres. De algún modo "reformado", sin duda, las tres están presentes. Y tanto para los oradores, como para los oyentes. En cuanto a los oradores, Pablo dijo que los siervos de Dios solo eran eso, “siervos” (esclavos), y que si había un requerimiento moral esencial en estos,  debe ser la fidelidad a Dios (1 Cor. 4:1), de allí, la integridad y honestidad que se exige de estos (1 Tim. 3:1ss). Los tesalonicenses reconocieron esto en Pablo y su equipo pastoral. Por ello el apóstol no dudó decir a estos: “Porque nunca usamos de palabras lisonjeras…”, añadiendo, “…vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros…” (1 Tes. 2:5,10 cf. [2:6-9]). Segundo, —que incluye a ambos orador, receptores—   Pablo escribió: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” (Rom. 12:1). La esencia del culto cristiano y la dinámica de este, sigue el camino racional. Pablo usa aquí la frase  λογικὴν λατρείαν (logikèn latreían) que literalmente significa “culto lógico”. Pero, no solo el culto debe ser lógico o racional, también la instrucción cristiana demanda una actividad constante por este camino. Por ejemplo, la palabra   habitual para “doctrina” en el NT es διδασκαλίαις (didaskalíais) que se traduce literalmente como “instrucción”,  esta demanda una dinámica racional constante, porque justamente, la iglesia debe crecer en una fe racional  (Rom. 12:7; 1 Tim. 4:13; 6:3), y, la presencia de  mala didaskalía (cf. Mt. 15:2, 3,11; Tit. 1:9; 2:1)  incluye necesariamente también, la constante de la racionalidad para una ortodoxia fiel. Sin embargo, en la fe bíblica, la racionalidad no lo es todo, también Dios requiere el involucramiento de las emociones.   Marcos 12:30 declara por boca del mismo Señor: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,  y con toda tu alma,  y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.  Este es el principal mandamiento.” La fidelidad a Dios no solo incluye entonces la mente, las fuerzas y el corazón, incluye el asiento almático donde se encuentran todas las emociones. Sin embargo, no es emocionalismo lo que pide Dios, sino, y en palabras de Jonathan Edwards,  afectos religiosos, y con esto Edward se refirió a las verdaderas emociones cristianas derivadas de un corazón regenerado en contra posición al emocionalismo carnal. Pedro nos muestra el camino cuando escribe: “…a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso… (1 Ped.  1:8). Cristo es suficiente para el gozo del cristiano, este es el mensaje conciso de este versículo. Bien añadió Edwards:

«¿Quien puede negar que la verdadera religión tenga como ingrediente fundamental las emociones, esas acciones vigorosas y enérgicas de la voluntad? La religión que Dios requiere no consiste de emociones debiluchas, pálidas, y sin vida que escasamente logran desalojarnos de la apatía. En su palabra Dios insiste en que seamos serios, espiritualmente enérgicos, teniendo nuestros corazones vigorosamente comprometidos con el cristianismo. Tenemos que ser "fervientes en espíritu, sirviendo al Señor" (Romanos 12:11). "Ahora, pues, Israel, ¿que pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma?" (Deuteronomio 10:12). "Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas" (Deuteronomio 6:4-5). Esta participación viva y vigorosa del corazón en la verdadera religión viene como resultado de la circuncisión espiritual, o regeneración, a la cual pertenecen las promesas de la vida. "Y circuncidara Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas" (Deuteronomio 30:6).» (Edward [s/a]:7)

En consecuencia, aunque el ethos, el pathos y el logos no son conceptos que emanen de las Escrituras para un modelo retórico desde el púlpito, ni tampoco parámetros novotestamentarios a elegir a la hora de exponer, no deben descartarse en relación a la audiencia que tenemos, sin embargo, en cuando a la ética del orador (predicador), las Escrituras tiene otros parámetros a los cuales debemos ceñirnos  (cf. 1 Tim. 3:1ss; 4:16; 5:17; 2 Tim. 2:15; 3:14-17; 4:1-5).  






Datos bibliográficos

Beyer, Hartmut 2009. Carta a los Gálatas. Las Palmas de Gran Canaria, España: Mundo Editorial
Edwards, Jonathan [s/a]. Los afectos religiosos,  la verdadera experiencia cristiana
Green, Eugenio. 1 y 2 Tesalonicenses. Grand, Rapids, MI: Portavoz.   






[1] Green menciona a Steve Walton, en “What Has Aristotle to do with Paul? Rhetorical Criticism and 1 Thessalonians”; Frank Witt Hughes, en “Early Christian Rhetoric and 2 Thessalonians”; Jewett, en “The Thessalonian Correspondence”; Wanamaker, en “The Epistles to the Thessalonians”. Y añade, desde la antigüedad se ha reconocido que Pablo utiliza elementos retóricos a nivel sintáctico como el clímax o el gradatio en Romanos 5:-5, por ejemplo (Green 2000:89 nota 336).

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