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jueves, 9 de mayo de 2019

Un análisis crítico al amilenialismo


Un análisis crítico al amilenialismo[1]
Por Matt Postiff[2] (Ph.D. Th.M.)


Amilenialismo

La doctrina amilenialista es hoy ya una creencia popular con respecto a las últimas cosas (escatología). Generalmente es sostenido por aquellos que tienen una persuasión reformada y del pacto.

Definición de amilenialismo

La palabra amilenialismo no se encuentra en la Biblia. Por etimología, entendemos que es la opinión de que no hay (a-) milenio, es decir, no hay un reinado literal de mil años de Cristo en la tierra. Sin duda esta es una definición correcta, pero que subraya el sentido negativo del término. Por ello, una definición más equilibrada al respecto es la declaración que entrega “Ligonier Ministries”, pues define el sistema amilenial  tanto positiva como negativamente, así: “[el amilenialismo es] la creencia de que el milenio es una realidad presente centrada en el reino celestial de Cristo, no una esperanza futura del gobierno de Cristo en la tierra después de su regreso.[3]   En resumen: El amilenialismo  enseña entonces, un reinado actual de Cristo, sin importar cuán larga sea la era de la iglesia actual. En otras palabras, el amilenialismo enseña que hay un milenio en la era actual que está llevándose a cabo hoy [entre la primera y segunda venida], no cree entonces, en un reino futuro literal de 1.000 años en el que comúnmente se piensa en los círculos dispensacionales.

Pero, ¿cómo es que Cristo está precisamente reinando hoy? Según una de las explicaciones amileniales —que es categórica— sobre el reino de Cristo, es que él,  está gobernando hoy sobre el mundo y su gobierno está aumentando en tamaño y alcance. Y con ello, el pueblo de Dios está también gobernando actualmente en medio de sus enemigos, y de hecho, ese es su obligación. Pues además, Satanás está actualmente atado para que no pueda llevar a las naciones a una idolatría total, aunque todavía puede tentar a algunos.[4]

En el entendimiento amilenial además, hay dos edades o períodos relevantes del “tiempo.” El primero, es la “edad presente” y el segundo, la “edad venidera” esto último, el nuevo cielo y la nueva tierra. Así, la era actual dará paso a la era celestial inmediatamente después del regreso de Cristo. Esta es la razón por la que el amilenialismo a veces se llama el “modelo de dos edades.” El amilenialismo también incluye el punto de vista de que la era futura asume una larga época en el que hoy viven los cristianos, aunque todavía no viven en el siglo venidero, de algún modo están también en el. Esta es la tensión (“el ya, y el todavía no”) que aún no está resuelta es la que los amilenialista llaman escatología inaugurada. Pues de algún modo al presente    el reino ya está funcionando, y el creyente vive en el, aunque que este, no está aun en su pleno desarrollo.

Sin duda la perspectiva amilenial no es sostenida por los dispensacionalistas, o la perspectiva  más amplia del premilenialismo. Ahora, y por otro lado, el pre-milenialismo es la creencia de que Jesucristo regresará a la tierra, antes de que comience el milenio, y de hecho, incluye la idea de que él gobernará sobre este reino de manera literal por un periodo de 1,000 años. Esto es, en el entendimiento premilenial de las Escrituras, hay tres edades relevantes para el creyente de hoy. La primera, la era presente; la segunda, el reino milenario, y la tercera, la era celestial (estado eterno). La tribulación marca el final de la era presente. Ahora bien, el tercer punto de vista escatológico común, es el posmilenialismo que enseña que Cristo regresará, después de que el milenio haya sido completado por la obra santificadora de la iglesia en la sociedad.

Justificación del amilenialismo

El argumento de las dos edades del amilenialismo es el principal argumento exegético en el que se apoya esta perspectiva. Esta, expone que la Biblia ve el tiempo en dos edades: “esta edad” [o este siglo]  y “la edad venidera” [o el siglo venidero]. Estas edades se suceden secuencialmente una detrás de la otra, sin admitir una tercera era o una etapa intermedia (un milenio literal). Y por cierto, leemos este lenguaje en varios pasajes de las Escrituras. Una búsqueda rápida de versos con referencia a la “esta edad” [o este siglo] son Mateo 12:32, Marcos 10:30, Lucas 18:30 y Efesios 1:21. Cuando se amplía la búsqueda, también encontramos que Lucas 20:34–35 menciona ambas edades, al igual que 1 Timoteo 6:17 y 19. También hay frases en otros versos que mencionan solo una de las edades. Por ejemplo: “esta edad” o “la edad presente” [“este siglo” RV60] Romanos 12:2[5], 1 Cor. 1:20; 2:6, 8; 3:18; 2 Cor. 4:4; Ef. 2:2, 6:12 (NKJV), Tito 2:12. La edad por venir: Hebreos 6:5. También hay algunos textos que se refieren al final de la era [“el fin de siglo” RV60], que indican un tipo de línea divisoria entre las dos edades. Estos son Mateo 13:39–40; 13:49; 24:3, 28:20.

También hay argumentos hermenéuticos dados en apoyo al amilenialismo por esta escuela. El primero es el siguiente: se deben usar los pasajes claros de las Escrituras para interpretar los que no están claros. Por supuesto, este es un principio no solo amilenialista, es reconocido también por la mayoría, si no todos los intérpretes conservadores de las Escrituras. Sin embargo, esta concepción en el entendimiento amilenialista  siendo una tesis rígida conlleva la dificultad de determinar qué pasajes son claros y cuáles no. En general, se considera que los pasajes de las dos edades citados anteriormente son claros, así, los amilenialistas consideran que el pasaje clave que tiene la perspectiva premilenial es Apocalipsis 20, el cual consideran un pasaje  difícil y oscuro. Esta crítica hermenéutica es acentuada por el teólogo amilenial, quien señala además que el género de Apocalipsis es esencialmente literatura  apocalíptica, el cual añaden es altamente simbólico, y por lo tanto, —según ellos— muy difícil de interpretar. Por supuesto, esto excluye cualquier interpretación que tome literalmente Apocalipsis 20, ya que de ser así, el supuesto testimonio uniforme de toda la Biblia se vería obligado a entrar en contradicción con este único pasaje oscuro.

El segundo apoyo hermenéutico del amilenialismo se relaciona con el primero en que el modelo de dos edades (“esta edad” y “la venidera”) se usa como una “red hermenéutica” para comprender el resto de los pasajes escatológicos de las Escrituras. Esta comprensión hermenéutica se prioriza por encima de otras consideraciones. Cualquier argumento que sugiera otra interpretación y que acarree una amenaza  con ello contradiga el modelo de dos edades, es considerado de facto un texto problemático que debe re-interpretarse de manera que esté de acuerdo o calce con este modelo, la red de dos edades. Sin duda, este mismo principio rígido hermenéutico es usado en la práctica por algunos dispensacionalistas. Pues, tomando el clásico modelo compuesto por siete etapas [de manera rígida], esta, llega a ser la red hermenéutica dispensacional y teológica que se impone sobre la Escritura, la cual llega a ser también, el lente por el cual es observada toda la Escritura.  Esta idea llevada a un extremo se observa en la creencia de que ciertas enseñanzas son relevantes solo en ciertas etapas (dispensaciones), pero que no se consideran aplicables en una etapa o dispensación posterior. Un ejemplo de esto, es la enseñanza  necesaria sobre el discipulado a los creyentes hoy, idea que en algunos casos extremos de dispensacionalismo, no es considerada como un requerimiento relevante para esta edad, la edad de la iglesia, pues  erradamente diferencian entre ser un discípulo de ser un creyente.

Una crítica a la hermenéutica del amilenialismo

Una crítica necesaria de la posición amilenial debe incluir una evaluación de los principios de interpretación utilizados para llegar al punto de vista que esgrime.[6] En efecto, esto se justifica porque —por ejemplo— en el libro de Storms, él gasta el primer capítulo formulando cinco principios hermenéuticos que son fundamentales para el enfoque amilenial.

El modelo de dos edades (“el presente siglo”, y “el venidero”) entonces, se usa como una herramienta hermenéutica de control porque supuestamente es más claro que el de Apocalipsis 20. Sin embargo, esto no tiene justificación porque Apocalipsis 20:1–15 es un texto que no es difícil ni simbólico. De hecho, es notablemente menos dependiente de los símbolos que algunas partes anteriores del libro. De hecho, es extremadamente claro; además,  viene después de la larga sección de la tribulación y luego de la explicación del regreso de Cristo con sus santos. Describe así también y de manera clara cómo Satanás será atado, los santos reinando con Cristo, y las dos resurrecciones que habrán. La primera resurrección es seguida por los creyentes que reinan en el reino y (como lo entiende el premilenialismo), el estado eterno. La segunda resurrección, que sigue claramente el período de 1,000 años, es seguida por el Juicio del Gran Trono Blanco. Dicho de otro modo, en lugar de subordinar este texto a los otros textos claros de los evangelios y epístolas, descartándolo per se, es mucho más razonable colocarlo junto a dichos textos paralelamente, y luego tomar todos los textos relativos armonizándolos de acuerdo al aporte de cada uno de ellos al modelo bíblico. Y justamente, esto es precisamente lo que hace la comprensión premilenial.

El segundo problema hermenéutico que arrastra la “prioridad de las dos edades”, es que no reconoce adecuadamente el papel del progreso de la revelación. A medida que se desarrolla cronológicamente la revelación progresiva, Dios puede usarla para revelar nuevos detalles, pausas imprevistas en medio de eventos proféticos y matices que no se habían visto antes. A veces, Dios usa una nueva revelación para revelar hechos que eran completamente desconocidos, como por ejemplo, el misterio de la iglesia, el cuerpo constituidos por judíos y gentiles en el que habita el Espíritu Santo como nunca lo había hecho. Ciertamente Dios reveló un programa futuro para los gentiles, pero no de la manera en que se revela en Efesios 3:5 antes. La revelación posterior en este caso (la del Nuevo Testamento) agrega o aclara la revelación anterior (la del Antiguo Testamento), pero, no de una manera que suprime o subvierte el significado de la revelación preliminar (AT). Esto es evidente incluso, en los evangelios sinópticos y Juan, ya que reflejan la enseñanza del Señor desde antes de que Él los guiará por medio de Su Espíritu a toda verdad (Juan 16:12–13).

El tercer problema hermenéutico del amilenialismo es que su enfoque interpretativo dista mucho de lo que se consideraría el significado normal u original de las palabras del texto. Ejemplo: Miqueas 4:1–3 e Isaías 2:1-4 dice que las naciones vendrán a Jerusalén para buscar conocimiento sobre el Señor, y Dios las guiará en términos de decisiones de juicio entre las naciones. Habrá paz en la tierra en ese tiempo. Dicho en otras palabras, la intención del autor ciertamente parece muy clara. Sin embargo, los amilenialistas argumentan que las personas que vienen a Jerusalén para ver al rey se cumplen en las personas que vienen a la fe en Cristo para convertirse en ciudadanos del cielo. Más allá de la obvia alegorización en este método, existe el problema de que las personas no están llegando —de la manera que el AT lo expresa— al Señor para ser salvadas en el presente. Además, tampoco las naciones están realmente en paz unas con otras. Y más aun, los conflictos bélicos de guerra no han desaparecido.

Una crítica a la exégesis del amilenialismo 

El modelo de dos edades inicialmente parece muy fuerte (“esta edad”, y “la venidera”). Sin embargo, hay otros argumentos de peso en contra de ella.

El argumento más fuerte contra el amilenialismo y su exégesis de dos edades, es el modelo mismo del premilenialismo de tres edades que refleja con más consistencia el modelo que la Escrituras revelan. Así, la primera edad, es la edad presente (la edad de  la iglesia); el segundo, es el reino milenario (milenio), y el tercero, es el estado eterno.[7] El quid del desacuerdo entonces, gira alrededor de esta segunda edad o edad intermedia (el milenio). Michael Vlach ha demostrado de manera concluyente que debe haber una edad intermedia (el milenio). Su prueba gira en torno al hecho de que hay algunas cualidades atribuidas a un período futuro —diferente al presente— que claramente no coincide con las de la era actual (la era de la iglesia), y con la misma claridad testimonial  que revela la Escritura no coinciden con las de la era celestial (estado eterno). Por necesidad entonces, debe haber una edad intermedia entre las dos edades conocidas.[8] Por ejemplo, habrá vidas muy largas, pero también la muerte estará presente según Isaías 65:20. El nuevo lenguaje del cielo y la tierra en 65:17 lleva a muchos a creer que todo esto se refiere al estado celestial. Pero esto no concuerda con dicho estado por que el texto dice llanamente  que “…el niño morirá de cien años.” (Isa. 65:20). Esto simplemente no concuerda o no corresponde al estado celestial, donde Juan nos dice que ya no habrá más muerte (Ap. 21:4). Los amilenialistas abordan esta dificultad sugiriendo que el lenguaje de Isaías es poético en su descripción de una vida infinitamente larga. Añadiendo a esta interpretación la idea de que supuestamente Dios acomodó el lenguaje para adaptarse a la experiencia de los oyentes de Isaías. Por el contrario, es una obviedad señalar que los primeros lectores tenían la imaginación necesaria y la capacidad mental suficiente para entender lo que llanamente leían sin recurrir a supuesto y necesario lenguaje de reinterpretación porque aquello, no era  lo que el profeta quería decir. Es más, cada generación de hombres que ha existido a tenido la capacidad inherente de comprender la idea de la eliminación de la muerte [algún día] expresado desde entonces —como en Isaías— en un lenguaje sencillo y llano, pues además  cada uno de ellos tienen la eternidad en sus propios corazones para de allí entenderlo (Ecl. 3:11). De la misma manera que la cuestión de la comprensión de la muerte, también cada hombre y en especial los lectores originales de las palabras de los profetas como observamos en Isaías han comprendido  la tragedia de morir joven o de vivir poco tiempo como Isaías también lo señala. Dicho en otras palabras, Isaías no podría ser más claro, y esto, no poéticamente, sino, literalmente diciendo que la vida se extenderá de manera increíble, pero aun así, no será eterna durante el reino intermedio de Cristo. Por supuesto, habrá un escenario donde la muerte finalmente no existirá, y esto, también lo señala Isaías 53 describiendo a Cristo viviendo y siendo prosperado  por muchos días como la antesala ha dicho escenario (53:10s) descrito en Isaías 25:8, este último, el cual subraya la resurrección en un escenario posterior al reino intermedio como también Job 19 escrito mucho antes[9] quien habla de la resurrección (19:25-27).

Vlach también alude a Zacarías 8:3–8 y 14 que habla  de ancianos y jóvenes en una Jerusalén pacífica, contexto en el que las naciones suben a Jerusalén para adorar y otras que se niegan a ello, son castigadas. Por supuesto, ninguna de estas condiciones prevalece en la era actual [el milenio amilenial], y ciertamente no se ajustan a la perfección del estado eterno (¿discrepancias de edad, castigos nacionales?). En pocas palabras, cuando leemos que el Señor regresará a Sión para reinar, creemos que eso es exactamente lo que el autor bíblico quiere decir. No es una declaración alegórica con un significado oculto (que tiene que ver con la iglesia). De hecho, hay muchos otros textos que enseñan lo anterior. Uno de ellos es el Salmo 72 en el que David habla sobre el reinado universal del Mesías, en el que habrá paz (72:3,7), prosperidad para los pobres y oprimidos (72:12ss), naciones que servirán al Rey israelita y donde hay finalmente  prosperidad agrícola (72:16). Tales condiciones, nunca han existido en la historia de la humanidad. Además, la pobreza y la opresión no serán “cosas” por suprimir en el cielo para que el Señor siga salvando a la gente de ello. Por lo tanto, David está también hablando de una edad intermedia.

Otro ejemplo de esto, son las profecías paralelas de Isaías 2:1–3 y Miqueas 4:2–4. Ya mencionamos Isaías 2, señalando que algunos amilenialistas consideran que esto es una referencia alegórica de la era actual. Otros amilenialistas entienden esto como una  referencia al futuro estado celestial. Sin embargo, ambas interpretaciones son erróneas. La dura realidad de la vida en esta tierra abunda en guerras y persecuciones, y la gente no está yendo a ninguna fuente de conocimiento espiritual, y mucho menos al Señor en Jerusalén; todo esto hace que esta interpretación sea insostenible. Entender que las profecías se cumplen en el futuro celestial es al parecer más obvio, pero incluso esto, conlleva una serie de problemas. Por ejemplo, la necesidad de que las personas aprendan los caminos del Señor no es consecuente con el estado celestial. Además, la necesidad de juicio entre naciones en conflicto indica que el pecado todavía está presente. Por supuesto, esto no encaja en ninguna manera con el estado celestial.

Isaías 11:1–16 es otra profecía notable que encuentra su cumplimiento en una edad intermedia entre la edad presente y la venidera (el nuevo cielo y la nueva tierra). Las condiciones dadas son maravillosas. Sin embargo, no vemos hoy que tales condiciones estén operativas; por ejemplo, los animales no se comportan pacíficamente entre sí. Las madres no dejan que sus hijos jueguen cerca de las serpientes. La tierra no está llena del conocimiento del Señor. Israel no está completamente reunido y asistido por otras naciones. Y estas condiciones no coinciden con el estado celestial, donde el Señor matará a los malvados, pues en efecto, los malvados no existen en el cielo. Además se señala que el Señor herirá la tierra con la vara de su boca y que él juzgará con justicia, otra actividad innecesaria en el cielo. Todas estas características referidas a un futuro tampoco pueden ser —honestamente— adaptadas para el presente. Por supuesto, Dios es soberano sobre todas las cosas, pero,  creer que el Señor esta reinando sobre los asuntos de la tierra como Isaías y Juan los describen y en este momento, simplemente no se puede entender, porque no hay indicios objetivos de un gobierno que esté rigiendo al mundo con vara de hierro (Isa. 11:1-4; Apo. 2:27) y que esté enderezando la incredulidad, la idolatría y la maldad desbordada de las naciones.

También Isaías 24:21–23 es otro pasaje relevante en esta cuestión. Este pasaje es interesante porque habla de una reunión de juicio para con los reyes de la tierra para castigo, seguida de un período de muchos días (24:22), donde después de ello serán efectivamente castigados. Y como se observa llanamente en el texto, después de ese tiempo, el Señor reinará en Jerusalén (24:23), probablemente refiriéndose al estado eterno cuando el sol y la luna ya no sean necesarios. El período de muchos días es el reino milenario. Esto se confirma por una correlación entre Isaías 24:21–23 y Apocalipsis 19–20 específicamente[10] y, entre Isaías 24 y Apocalipsis 6–22 de manera general.[11] Por supuesto, si el amilenialismo reclama coherencia, entonces, debería ver los “muchos días” (24:22 cf. [Isa. 53:10; Jer. 35:7; Ose. 3:3]) como algo que está cumpliéndose al  presente, ya que supuestamente, estamos en el reino [en el milenio amilenarista]. Sin embargo, los eventos que se especificaron antes de los “muchos días” todavía no han ocurrido. Así que,  esto sin duda no encaja con un reino presente, y mucho menos, como un reino espiritual. 

Como Waymeyer en “Amilenialismo y la Era por Venir” (p. 19–83) demuestra notablemente, cada uno de los pasajes anteriores en la interpretación amilenial se tratan de comprender más allá de la credibilidad objetiva. En muchos casos, el enfoque amilenial reclama un cumplimiento parcial en el presente y un cumplimiento completo en el futuro. Esta solución que llaman el “ya, pero el todavía no” ofrece una explicación solamente parcial del asunto, pues todo lo que efectivamente reclama con dicha conclusión (“ya, pero el todavía no”)  es simplemente diluir la próxima edad intermedia (milenio) para que parte de ello (las condiciones de oro de la edad intermedia)  esté vinculado a la edad presente, y el resto, a la edad celestial, sin embargo, lo hace de una manera que no hace justicia a la perspicuidad de dichas referencias y al cuadro escatológico escritural completo. Además, hay varios textos del NT que hablan del futuro reinado de los santos en un reino literal (Apo. 5:10, 1 Cor. 6:2–3, 2 Tim.2:12) donde reinarán con Cristo bajo su vara de hierro (Apo. 12:5, 19:15). Por supuesto, el carácter riguroso de este reinado no está presente hoy. Y no habrá necesidad de un reinado tan imponente en los nuevos cielos y en la nueva tierra, porque no habrá naciones rebeldes que deban ser subyugadas. Por lo tanto, debe haber una edad de reino intermedia entre la edad presente y la edad eterna[12], lo cual se concluye claramente de los textos mencionados.

En resumen, no necesitamos tomar “el presente siglo y el venidero” como una regla de interpretación rígida y rápida que indica un cambio inmediato y tropezado de la tierra al cielo. De hecho, el lenguaje de “esta edad presente” y “la edad venidera” se podría usar en cualquier momento de la historia de la Tierra. Moisés pudo haberlo usado como Jesús o Pablo. “Esta era” se refiere al estado pre-eterno de la tierra con todo lo que conlleva, incluido el reino futuro de Cristo (milenio). “La era venidera” al estado celestial o eterno.

El Reino de Cristo: ¿presente o futuro?

Un aspecto clave del amilenialismo es la idea de que Jesucristo está reinando en su reino ahora. Pero, ¿está reinando Cristo hoy realmente? Esa es la visión del amilenialismo, el dispensacionalismo progresivo y la mayoría, si no todas  las variaciones de la escatología inaugurada. Es probablemente la visión más común entre los cristianos de todo el mundo en el día de hoy. Simplemente se asume que, dado que Cristo es el Rey, por lo tanto, debe estar ejerciendo ese rol ahora al presente. Cualquier sugerencia de lo contrario se trata como una idea ridícula o incluso blasfema. Sin embargo, ¿es cierto que Cristo está reinando hoy como rey humano en el papel davídico sobre Jerusalén y el mundo como se prometió en ambos Testamentos (2 Sam. 7:11ss; Lc. 1:26-33)? ¿Es verdad que los cristianos no necesitan realmente  orar para que venga el reino del Señor (Mateo 6:10), ya que ya lo ha hecho?

La Soberanía general presente de Cristo

Ciertamente, el Dios trino reina en el sentido de Su soberanía general sobre todas las cosas como siempre lo ha hecho y siempre lo hará. No hay duda sobre ello. Pero, no parece que Cristo esté reinando de manera directa con toda la rebelión existente, así, el asesinato, las guerras, el crimen y la corrupción en todo el planeta es una realidad evidente y creciente. Si asumimos que Él está reinando actualmente, podríamos imaginar fácilmente una mejor manera de hacerlo. Admito que esto puede sonar un tanto arrogante. Pero la imaginación de la que estoy hablando no es el tipo de visión atea de un mundo mejor. Por el contrario, estoy pensando en Su reinado en la forma en que justamente leemos en tantas referencias del Antiguo Testamento. Las profecías veterotestamentarias, como las mencionadas anteriormente. En otras palabras, la mente informada bíblicamente sabe que hay algo mejor que lo que estamos experimentando en este momento, y obtenemos esa idea de las Escrituras proféticas. Eso parece ser mucho mejor que el reino “milenial” amilenial actual.

Ahora, es necesario señalar en este punto que no se debe considerar que las condiciones generalmente pacíficas y prósperas en el Occidente, particularmente en los Estados Unidos y otras naciones occidentales, nos cieguen al hecho de que en gran parte de la población mundial, se vive bajo la opresión y un déficit económico que simplemente sería inaceptable para muchos de nosotros en nuestro contexto. Aun así, la muerte prevalece en todas las sociedades, incluso en nuestro continente. En consecuencia, evidentemente no estamos experimentando lo que debería ser el gobierno directo de quien tiene la vara de hierro para dicho régimen glorioso: Cristo, escenario en el que incluso el crimen del enemigo está muy bien restringido.

¿Está Cristo Sentado hoy en el trono?

Para constatar si las Escrituras enseñan que el reinado de Cristo durante la era de la iglesia está presente hoy, debemos escrutar  una serie de textos relacionados con ese reinado para ver si se revela alguna información explícita o pistas sobre su relación con el presente. Tales textos incluyen Hebreos 10:13, 1:13, Sal 110:1s, Mateo 22:44 y 1 Cor. 15:25.

Primero Hebreos 10:13. Sin duda es la mejor explicación del Salmo 110:1 en términos de la actividad presente del Señor. En este verso, el autor explica que Jesús se sentó a la diestra de Dios, “esperando desde ese momento hasta que sus enemigos se conviertan en un estrado de sus pies.”[13] La palabra clave es “esperar”, pues explica la acción que Cristo está ahora asumiendo a la diestra de Dios. Su posición (sentado) en Salmo 110:1 (שֵׁ֥ב) se equipara aquí no a reinar, sino a esperar. De acuerdo con BDAG, la palabra significa “permanecer en un lugar o estado y esperar un evento o la llegada de alguien, esperar”. Esto es, tiene el matiz de esperar no solo en términos de tiempo, sino de esperar con la expectativa de recibir alguna cosa. Eso se correlaciona muy bien con la verdad de Lucas 19:11–27, que nos informa que el Señor viaja a un país lejano para recibir un reino y luego regresar. El Señor está esperando el momento en que el Padre determine que los enemigos de Cristo serán subyugados hasta el punto que se cumpla la hora en que Cristo regrese y tome las riendas directas del poder sobre el mundo como rey todopoderoso y perfecto que es.

Ahora, Hebreos 1:13 es una cita más directa del Salmo 110:1 (véase también Mt. 22:44; Mr. 12:36; Lc. 20:42–43; Hec. 2:34–35). Una simple lectura de ambos textos indica que el Padre dirige al Hijo a sentarse a Su diestra por un tiempo específico. Ese tiempo de espera termina cuando Dios crea una situación diferente en la que los enemigos del Señor son finalmente Su escabel. Así, la acción de Cristo sentado sugiere una actitud pasiva, no activa. Dicho en otras palabras, el que Cristo esté sentado en estas referencias  equivalente a esperar, no a reinar. Esto se aplica a los otros textos que señalan que él está “sentado a la diestra” de Dios, como en  Mateo 26:64, Efesios 1:20, Hebreos 1:3, 8:1 y Hebreos 12:2. En apoyo a este punto, observe quién es el agente activo en el texto, es decir, ¿quién precisamente está derrocando a los enemigos? Es el primer Señor del Salmo 110:1, es decir, Dios el Padre. Él es el “Yo” que convertirá a tus enemigos [del Mesías] en estrado de tus pies [los pies del Mesías].

1 Cor. 15:25 es otro texto crucial con respecto a la pregunta de si Cristo está hoy reinando. Nuevamente viene a la mente el Salmo 110:1 con su lenguaje teológico  acerca de poner a los enemigos bajo los pies del Mesías. Esto ha provocado que algunos intérpretes lleguen a la conclusión de que este texto —con énfasis en el reinado de Cristo— deba correlacionarse exactamente con el Salmo 110:1. Pero esto confunde un par de puntos claves[14]. Para ver esto, primero debemos resaltar las diferencias textuales de los versos. Observe los pronombres resaltados:

Salmo 110: 1— El Señor dice a mi Señor: "Siéntate a mi diestra,

                                 Hasta que  yo  ponga a                  tus enemigos por estrado de tus pies.

porque  él  debe reinar hasta que él haya puesto a todos  sus enemigos debajo       de sus pies 1 Cor. 15:25.

En el Salmo 110:1, el Padre es el actor que somete a los enemigos de Cristo y los pone bajo el escabel en nombre de Su Hijo. En 1 Cor. 15:25, Cristo es el actor que pone a sus propios enemigos bajo sus propios pies. Podemos explicar esto de dos maneras. O bien, hay dos fases de la subyugación de los enemigos de Cristo, con el Padre llevando a cabo primero la subyugación de tales enemigos y el Hijo haciéndolo después. Prefiero el siguiente entendimiento: el Salmo 110:1 es una referencia a la presente edad donde Cristo está hoy sentado. Por el contrario, la segunda opción interpretativa cree que el Padre  está ahora  subyugando a los enemigos a través de la obra del Hijo. Esto último sin embargo, requiere ver la primera parte del Salmo 110:1 como cumpliéndose ahora (“siéntate a mi diestra”), y la segunda parte (“hasta que ponga a tus enemigos”) como teniendo su cumplimiento cabal en el reino milenario. Sin embargo, en ninguna de las dos inferencias anteriores, el estado presente de Cristo “sentado” (a la diestra de Dios) se equipara a un reino presente. El contexto del Salmo 110:1 es claro que es Dios el Padre que habla al Señor de David, es decir, al Mesías. La identificación del sujeto de la oración puede no ser tan obvia en 1 Cor. 15:25 debido a todos los pronombres en el verso anterior y el mismo versículo 25. Pero, al rastrear cuidadosamente los pronombres obtenemos lo siguiente:

1 Cor. 15:24 — Luego vendrá el fin, cuando el [Mesías] entregue el reino al Dios Padre después de destruir todo dominio y toda autoridad y poder.

1 Cor. 15:25— porque él [el Mesías] debe reinar hasta que él [el Mesías] haya puesto a todos sus enemigos [del Mesías] bajo sus pies [los del Mesías].

Esto nos lleva al segundo punto clave, la cronología general del pasaje de 1 Corintios 15. El relato paulino revela que Cristo está actualmente sentado y esperando, no así, reinando. Mientras está sentado, en algún momento, el Padre someterá a todos los enemigos del Mesías a quienes Él confinará para que esto de lugar al comienzo del Reino mesiánico. Esta subyugación se producirá al final de la Tribulación. El Mesías se levantará de Su posición actual (“sentado a la diestra de Dios”), y recibirá la investidura del reino del Padre, y vendrá —en el acto— a la tierra para reinar sobre ella. Más tarde, (después de muchos días) él entregará el reino al Padre. Esta secuencia de eventos se ajusta a 1 Cor. 15:23-25. En el versículo 23, se menciona la venida de Cristo. El versículo 24 se dice: “luego vendrá el fin”, lo que sugiere el paso de una cantidad notable de tiempo, un milenio para ser precisos. En ese momento, Él entregará el reino al Padre, momento en el cual ha puesto fin a todo gobierno y poderes hostiles. El versículo 25 es explicativo, pues comienza con la palabra “para” (griego: γρ), lo que indica que este verso explica algo del anterior. Cristo pone fin a todo  dominio, autoridad y poder porque el plan predeterminado de Dios es que debe destruir a todos sus enemigos, incluso al enemigo final, la muerte.

Frente a lo anterior, existe una objeción al respecto, la cual señala que el Padre ya habrá subyugado a dichos enemigos, así: ¿Cómo es que Cristo debe hacerlo de nuevo? La respuesta a esta objeción es realmente  sencilla, y es que Dios establece el escenario inicial para el reino. Pero a lo largo de más de mil años, varias formas de oposición podrían surgir en un mundo donde los pecadores todavía están presentes como se menciona en los pasajes de Isaías que observamos (Isa. 11:1ss). Todos los enemigos sin duda deben ser subyugados en todo el mundo y en una instancia definitiva y ordenada antes de que el Hijo devuelva el reino al Padre. Por lo tanto, dicha situación ocurre: la inicial, la del Padre a corto plazo y, la de Cristo  a largo plazo, esto es, en Su reino milenial sobre las naciones de la tierra.

En resumen, el Salmo 110:1 destaca el estado presente de espera de Cristo a la diestra de Dios. 1 Cor. 15:25 destaca el reinado activo de Cristo, que no se caracteriza por la idea pasiva de estar sentado, sino más bien subrayando la idea de reinar. En consecuencia, estos textos no deben armonizarse apresuradamente para sugerir que el estar sentado a la diestra de Dios es igual a reinar.

El Reinado futuro de Cristo

Una gran cantidad de textos indican que el reinado de Cristo es aún futuro hasta el momento de este escrito. Además de la oración modelo (Mateo 6:10), hay una serie de textos que hablan de un reinado futuro. Estos incluyen Hechos 14:22; 2 Tim. 4:1, 4:8; Juan 3:5; 2 Pedro 1:11; 1 Cor. 6: 9-10; 1 Cor. 15:50; Gálatas. 5:21; Ef. 5:5. Sin duda es perspicaz suponer que el debate se puede resolver apelando a estas referencias como una paradoja. Por el contrario, una mirara objetiva a la realidad presente en este mundo decadente en el que vivimos, junto con una lectura clara del texto de las Escrituras, indica que estamos justamente en un momento de espera hasta que llegue el reino. De hecho, estamos esperando con Cristo, que está esperando el tiempo dispuesto por el Padre para intervenir en los reinos de este mundo y tomarlos definitivamente. Por supuesto, no fue algo que los discípulos supieron ni aun es algo que nosotros podamos saber hoy, pues el tiempo o las fechas precisas que el Padre ha fijado por medio de Su autoridad solo es algo que pertenece a Él (Hechos 1:6s). Sin embargo, algo sí podemos saber con certeza y es que Dios finalmente restaurará el reino a Israel (Hechos 1:6). Así también,  podemos saber con certeza que los santos reinarán con Cristo (Ap. 20:6, 2 Tim. 2:12). Aun más, podemos y debemos orar para que venga el reino (Mt. 6:9s). Pero, no podemos saber el momento de su futura venida. En conclusión, dejando a un lado el reino de Dios en términos de su soberanía omnipotente hoy presente, también hay en las Escrituras (AT y NT) —como hemos observado— un sentido diferente del reino, y es el hecho escritural de que Jesucristo finalmente ejercerá en algún momento en el futuro, tal reino literal y terrenal.

Algunas aplicaciones para el creyente de hoy

¿De qué sirve a los cristianos en el siglo XXI lidiar con todo esto? Primero, tenemos que estar consientes de que se nos recuerda en las Escrituras que hay mucha revelación en ella acerca del futuro. Por lo tanto, es injustificable ser agnósticos o despreocupados acerca de lo que dicen las Escrituras claramente al respecto. Puede que aun no tengamos una posición personal en el asunto, sin embargo, difícilmente podemos decir que este tópico en realidad tiene poca importancia. En efecto, al observar el testimonio apostólico —por ejemplo— sí,  notamos que importan, pues son enseñanzas expresadas con certeza acerca  de la futura resurrección (1 Cor. 15), el reino literal de Cristo (Mt. 19:27-28; Apo. 20) y el estado eterno subsiguiente (Apo. 21-22),  así,  y entre otras cosas más, tales enseñanzas exigen de nosotros además, una ética santa hoy.

Segundo, podemos ser perdonados por pensar que la escatología es un asunto complejo y que debido a ello, —en comparación al evangelio— no importa mucho como  otras verdades cristianas centrales justamente, como el evangelio. No obstante, lo que este artículo pone de manifiesto es que el intérprete premilenial de las Escrituras mira  la Biblia de manera muy diferente al intérprete amilenial. Esto debería llamar nuestra atención. Por ejemplo, el intérprete amilenial dice que Apocalipsis 20 no es un texto muy claro. Sin embargo, la mayoría de los lectores fieles que vienen al texto por primera vez no estarían de acuerdo en lo más mínimo con esta conclusión. Por el contrario, lo que dice Juan allí, está muy claro. Sin embargo, el intérprete amilenial insiste que no hay un reino de Cristo de 1.000 años. ¡Pero el texto dice que sí, y seis veces repite el número 1,000! Tales referencias son inconfundibles. Por lo tanto, dado que el amilenialista lee las Escrituras de manera tan diferente, los aliento a que tengan  una persuasión literal y que traten con cautela las interpretaciones amilenialistas. Dichas interpretaciones —en algunos detalles— pueden estar bien; en otros —quizás en gran parte—  estar contaminadas con las mismas presuposiciones alegóricas propias del sistema en sus raíces.   

Tercero, todo esto exige de nosotros la necesidad imperiosa de una exégesis cuidadosa en la correlación de todos los datos bíblicos sobre este tema o cualquier otro tema relativo. No podemos conformarnos con explicaciones que extiendan la imaginación en busca de un sistema sofisticado. El enfoque dispensacional general (o el enfoque premilenial más amplio, si lo prefiere), no es en absoluto infantil. Más bien, toma de manera literal y seriamente lo que Dios dice en Su Palabra, y a la vez, lo correlaciona coherentemente en una teología bíblica sistemática sana. Y por supuesto, no pretende en absoluto ser un enfoque humanista o simplista, por el contrario, es fiel al texto y la intención del Autor del texto.

Apocalipsis 20 y la visión amilenaria

Sin duda este pasaje está en el centro del debate sobre la escatología. Examinaremos los asuntos clave en las siguientes líneas.

¿Cuándo estará realmente atado Satanás?

Es evidente que Satanás no está en arresto hoy, año 2019. Cualquier vistazo a las noticias de la noche o su sitio de noticias favorito en Internet demuestra  este hecho de manera concluyente para la mayoría de los cristianos, incluso para aquellos que no están acostumbrados a las teorías de conspiración o que tratan de encontrar al Diablo detrás de todo acto maligno en el mundo. Pues, ¿a quién se puede culpar por pensar que Satanás, —aunque no esté detrás de cada acto malvado evocado por los depravados humanos— está detrás de los grandes movimientos de rebelión contra Dios, ya sean perversión sexual, aborto, persecución de creyentes, corrupción a nivel gubernamental, etc.? Admito que esta comprensión puede ser criticada como un argumento experiencial. Después de todo, quizás Satanás esté atado hoy y solo algunos demonios y la depravación humana son los culpables de todo el pecado en el mundo. En respuesta a esto, podemos recurrir a las Escrituras y encontrar que se ordena al creyente lo siguiente: “Sea sobrio; esté atento pues tu adversario, el diablo merodea como un león rugiente, buscando a alguien para devorar” (1 Pedro 5:8). Los imperativos en este verso son “ser sobrios” y “estar atentos”. Ambos, indican una responsabilidad continua de los creyentes frente a esta amenaza. Además, el verbo indicativo que describe al Diablo como quien “merodea” está en tiempo presente. Para los lectores en la época de Pedro (63 d.C.), el Diablo y sus demonios eran un peligro muy presente, y Pedro  les pidió que consideran  con atención y cuidado tal situación. Y esto debe notarse, Pedro escribió después del triunfo de la cruz cuando el príncipe de este mundo fue juzgado allí (Juan 12:31, 16:11). El juicio a Satanás por lo tanto, aunque completo, aún no se ha ejecutado o implementado completamente (véase Apo. 20:10-15). En efecto, Pedro escribió durante la primera parte de nuestra era de la iglesia actual, y no podemos encontrar ninguna razón por la que sus concejos no se apliquen hoy como lo fue necesariamente entonces.

Por otro lado, sabemos que el Diablo no estaba atado en el Jardín del Edén (Génesis 3:1, cf. Ap. 20: 2); ni durante los días de Job (1:7); ni durante la vida de David (1 Crónicas 21:1); ni durante el período post-exílico (Zacarías 3: 1-2); ni durante la vida de Jesús (Mateo 4:10); ni siquiera durante el ministerio del apóstol Pablo. Y justamente, note lo que dice justamente Pablo:


·      Satanás está ejerciendo dominio sobre los incrédulos - Hechos 26:18
·      Satanás está tentando a los creyentes a ser infieles a sus cónyuges - 1 Corintios 7: 5
·      Satanás está cegando las mentes de aquellos que no creen - 2 Cor. 4: 4
·      Satanás se transforma en un ángel de luz - 2 Cor. 11:14
·      Satanás hostigó a Pablo - 2 Cor. 12:7
·      Satanás le impidió a Pablo ver a los tesalonicenses - 1 Tes. 2:18


Es evidentemente razonable concluir en base a la experiencia y (sobre todo) a las Escrituras que Satanás no está atado hoy en la era de la iglesia. Por el contrario, está afanado con su trabajo de engaño y asesinato en el mundo. Él sigue sembrando  cizaña (Mat. 13:39) e incluso quita la palabra del evangelio en algunas personas a las que se les predica (Marcos 4:15). Esto, no es una acción maligna pasiva; por el contrario, es una actividad presente y activa de Satanás. Apocalipsis 12:9 —por ejemplo— nos muestra que el Diablo está constantemente engañando a las naciones. Esa es su práctica continua todo el tiempo. No obstante,   Apocalipsis 20 enseña dos veces en la historia cuando esto  no será la regla, sino la excepción: un período de mil años del reinado de los santos; y después, la eternidad en los nuevos cielos y la nueva tierra. Antes de los tiempos finales, Satanás definitivamente estará —según Juan— activo durante la Tribulación, como leemos en Apocalipsis 6–19. Los premilenialistas como el apóstol colocan estos eventos en el futuro durante un período de siete años que corresponde a la septuaginta semana de Daniel 9:27 que incluye el “tiempo, y tiempos y medio tiempo” (7:25)  la mitad de dicha semana en el que el Diablo llevará a cabo el clímax de su maldad. Tal semana de acuerdo al NT no es experimentada por la iglesia (1 Tes. 1:10; 2:19; 5:4s; Apo. 3:10), pues esta es arrebatada antes de este tiempo de juicios divinos (1 Tes. 4:13-17; 2 Tes. 2:1-13). Sin embargo, el amilenialismo enseña algo totalmente  diferente, esto es, que la verdadera iglesia pasará por la Tribulación. Así, otro problema añadido a esto, es  el punto de vista amilenial sobre Satanás que enseña precisamente que él está actualmente atado; sin embargo, las características de la Tribulación dejan más que claro que Satanás está muy activo durante ese tiempo (Apocalipsis 12:9, 12:12). En otras palabras, los amilenialistas asumen contradictoriamente dos escenarios al mismo tiempo, esto es: Satanás sí, está ahora atado, pero también —aunque atado— puede actuar libremente durante este tiempo, en la era de la iglesia.

¿Cuáles son la primera y la segunda resurrección?

El amilenialismo enseña que la primera resurrección es llevada a cabo cuando los mártires mueren y así entran en la presencia de Dios, por lo que es también, una resurrección espiritual. La segunda resurrección es corporal, la cual se lleva a cabo en el día de la redención juntamente con el juicio final (Apocalipsis 20:12–13).[15]  Sin embargo, al observa el orden de Apocalipsis 20:4-6 se observa tanto la primera, como la segunda resurrección, como resurrecciones corporales de la misma manera que la resurrección de Cristo, y tal como se promete en el evangelio (Hechos 24:15; 1 Co. 15:22; Juan 5:28-29). Esto es aun más claro al observar el versículo 4 donde se habla de personas que habían sido decapitadas. Ellos “…vivieron y reinaron con Cristo.” (Apo. 20:4). El hecho de que “vivieron” significa que de alguna manera ellos superaron la muerte por decapitación, y sus resurrección posteriores, son precisamente coherentes con lo que está señalando el texto. En consecuencia, el argumento de que se trata  de “almas” [preliminarmente] sentadas en tronos[16] es inadecuado, porque el texto justamente dice que hubo personas que se sentaron en tronos a las que se les dio la responsabilidad de juzgar. Estos podrían ser un grupo diferente de creyentes que los mártires de la tribulación  que se mencionan a continuación. Luego están las “almas que habían sido decapitadas” (por la bestia) y que viven y reinan. Sí, estos también estaban sentados en tronos reales, pero ello fue solo después de que fueron resucitados.

Por otro lado, el estado intermedio (el milenio) es considerado por muchos como el escenario donde coexisten  los santos  sin cuerpos después de que mueren, los cuales van a estar con Cristo y reinar con Cristo. El argumento amilenial de que Apocalipsis 20 habla de un estado intermedio entre la muerte y la resurrección es imposible, porque su estado intermedio ocurre antes de la resurrección corporal, mientras que el reinado de 1.000 años de Apocalipsis  20 ocurre después de la resurrección corporal.[17] Así, estos mártires de la tribulación (y otros santos que no se mencionan claramente) forman parte de la primera resurrección. Son estos a quienes se les dice que son santos y bendecidos. Y así, que la segunda muerte no tiene poder sobre ellos. Esto se refiere a todos los creyentes que serán resucitados antes del reino milenial. Y agrega Juan, que reinarán con Cristo y serán sacerdotes de Dios y de Su Cristo (20:6).

En una declaración que bien se puede interpretar como un paréntesis, Apocalipsis 20:5a dice: “(Pero el resto de los muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años.)” Esto se refiere al “entonces vendrá el fin” de 1 Corintios 15:24 que es una alusión a la resurrección final, la resurrección de los incrédulos para juicio. El siguiente evento en Apocalipsis entonces, es el juicio del Gran Trono Blanco de 20:11-15. El texto de Apocalipsis 20:1–6 habla de la edad intermedia (el milenio), desde luego, pero no del estado  intermedio.

¿Cuánto duran mil años?

En pocas palabras, los “mil años” mencionados seis veces en Apocalipsis 20 tienen una duración de mil años solares. No es, como afirman los amilenialistas, una representación simbólica de la era del nuevo pacto. Apoyar tales argumentos sobre la base de referencias numéricas simbólicas de poder como el 10,  —número que  nos recuerda lo que es completo y con ello un ajuste del lenguaje llano justificado por una supuesta ignorancia de la audiencia contemporánea— no es más que un disfraz verbal para el abandono de enfoque literal de las Escrituras.

Hay varios lugares en la Biblia donde las mediciones de tiempo son muy literales. Uno de los primeros se encuentra en Génesis 1–2 y Éxodo 20 con respecto a los días de la creación y los días de la semana. Aquí, nuevamente al final de la Escrituras, las mediciones de tiempo no tienen un sentido azaroso o simbólico, sino claramente literal. No es difícil suponer que una edad de oro de 1.000 años puede estar en la perspectiva divina del futuro del mundo. De hecho, una edad como la que se describe en Apocalipsis 20:1–6 es requerida por los textos que examinamos anteriormente en ambos testamentos, los cuales hablan de una edad intermedia diferente a la edad presente y diferente al estado eterno futuro, y por otras razones bien delineadas notablemente por Michael Vlach.[18]

En apoyo al punto anterior, debemos tener en cuenta que los símbolos y figuras del libro de Apocalipsis se utilizan en diferentes extensiones y en diferentes partes del libro. Por ejemplo, están casi totalmente ausentes en los capítulos 1–5. En los capítulos 6-17 Juan los usa de manera general y comienza a disminuir tal énfasis simbólico  en los capítulos 18–19. De esta manera, el lenguaje figurativo o simbólico está ausente en gran medida una vez más al final del libro, donde los capítulos 20 a 22 son esencialmente una prosa predictiva o profética que describe eventos futuros. Así y al llegar al capítulo 20, desaparecieron las referencias a las bestias de diez cuernos y siete cabezas que representan reinos, como las representaciones altamente simbólicas de los reinos en Daniel 2, 4, 7 y 8. No es correcto entonces aplicar a todo el Apocalipsis el epíteto de libro “figurativo” como una justificación para interpretar cada parte individual como una figura no literal, y más aun, como un libro oscuro o difícil de interpretar.

¿Cuándo serán los mil años?

Una simple lectura del texto de Apocalipsis indica que este sigue una disposición cronológica. Ciertamente, el orden de las visiones es claramente cronológico (20:1 “entonces vi”, 21:1 “ahora vi”, 22:1 “Y él me mostró”). El contenido de esas visiones indica que los eventos que vio Juan los vio en el orden en que ocurrirán en el futuro. La respuesta a la pregunta en el encabezado de esta sección es que a la fecha (2019), aun está en el futuro; ahora, si somos aun más precisos, es concretamente después de la segunda venida y la subyugación inicial de los reinos mundiales (Apocalipsis 19), y antes del estado eterno. En otras palabras, sucede después de la primera resurrección en masa de judíos creyentes y gentiles (ver más arriba). Y sucede antes de la resurrección y el juicio de los incrédulos.

Referente a la perspectiva del milenio y de que estos mil años representan la era actual, y que los santos están reinando en el cielo, incluye otro problema para la perspectiva amilenialista. Pues, todos los que reinan con Cristo reinan durante todo el período de 1,000 años. Pero si mueren en el medio o hacia el final de la era de la iglesia, no hay manera de que puedan vivir y justamente reinar con él por mil años. “Mil años” entonces, toma diferentes significados dentro de este preciso contexto, pues en este escenario: Satanás está atado durante “toda la era presente” y los santos del Antiguo Testamento reinan también, “toda la era presente”; sin embargo, los creyentes del Nuevo Testamento estarían reinando “solo un tiempo en la era actual”. Y nótese, las alusiones anteriores a este tiempo acentuadas en comillas se refieren  justamente,  a los “mil años” en el texto de las Escrituras (Apo. 20). Desde el punto de vista premilenial, por el contrario,  no existe tal dificultad, ya que todos los santos existen antes de los 1,000 años, y reinan durante el mismo período exacto de 1,000 años con Cristo mientras Satanás está atado.

Presuntas debilidades de la perspectiva premilenial

Justin Taylor expresa lo que él cree que es una debilidad fatal del sistema premilenial: Los argumentos de Sam Storm aseguran que cuando Cristo regrese, el NT establece   que varias cosas terminarán en ese momento (pecado, corrupción, muerte) y que varias otras comenzarán en ese momento (nuestra resurrección física, el juicio final, nuevos cielos y nueva tierra). En otras palabras, cuando Cristo regrese, podrá fin al pecado y la muerte. Sin embargo, —dice Storm—  en el premilenialismo, todavía quedan mil años de pecado, muerte y corrupción... —y añade— el testimonio constante del NT nos lleva a esperar con confianza  a que el juicio, la resurrección y la muerte del pecado y la muerte física ocurrirán en el bendito y glorioso regreso de Cristo. Y concluye Taylor citando a Storm: Sé que otros no estarán de acuerdo con esta crítica, pero esto me parece una debilidad fatal del premilenialismo[19].

Por supuesto, una lectura del Nuevo Testamento con lentes amileniales ciertamente terminará en las conclusiones que abrazan Storms y Taylor. Sin embargo,  la revelación llana de las Escrituras tanto en el Antiguo Testamento como en el nuevo, así como también en la propia revelación del Evangelio y las epístolas, revelan que el futuro escatológico es más  que solo un “Jesús viene y listo, y luego... el cielo empieza”. No, más bien, Isaías 65:17-20 indican que la muerte todavía ocurrirá durante una futura edad de oro, aunque con una severidad mucho menor que la de hoy. 1 Corintios 15:26 indica también que el último enemigo derrotado es la muerte, y ese es el punto final del reinado de Cristo que está justo después de su segunda venida para reinar. Por otro lado, hay referencias claras con respecto al pecado existente después de la venida de Cristo, pues Él además promete que su pueblo gobernará con él “con vara de hierro” (Sal. 2:9; Apo. 2:27). El propósito de este rigor gubernamental cristológico es tan imponente que derriba a los oponentes en pedazos como una vasija en manos de un alfarero. Evidentemente, no todos estarán felices y bien adaptados al reinado de los santos con Cristo. Pero, tales pecadores —a diferencia del milenio amilenial hoy— serán efectivamente supeditados al gobierno de Cristo junto a sus santos.

Ahora bien, el teólogo amilenialista Sam Storms proporciona un resumen de sus objeciones a la perspectiva premilenialista[20]. A continuación, se presentan sus objeciones  con una respuesta punto por punto de nuestra parte. Los elementos con viñetas () son su evaluación de lo que según él debería creer un premilenialista. Mis comentarios siguen a cada punto en negrita.

 Debes creer necesariamente que la muerte física continuará existiendo más allá del tiempo de la segunda venida de Cristo. Correcto: Isaías 65:20 indica que aun estará la muerte. Sin embargo, las críticas de Storms  no son correctas al sugerir que un premilenarista debe creer necesariamente en la muerte de los creyentes durante ese tiempo. Pueden morir o no, dependiendo de si el Señor se complace en curar sus enfermedades o si nacen hacia la última parte del milenio. La muerte ciertamente ocurre después de la segunda venida cuando Cristo juzga a los perdidos en Su regreso[21].

 Debes creer necesariamente que la creación natural continuará, más allá de la segunda venida de Cristo, aun sometida a la maldición impuesta por la caída del hombre. Correcto: Apocalipsis 20:8 indica que el engaño sucederá al final de los 1,000 años, por lo que la maldición todavía estará presente.

 Debes necesariamente creer que los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra no se presentarán hasta 1,000 años después del regreso de Cristo. Correcto: Apocalipsis 20:11 y 21:1 formar una secuencia, y 20:11 ocurre después de que el Diablo sea arrojado al lago de fuego, pues 20:7 dice que esto ocurre después que terminen  los 1000 años. Así, la lectura llana del texto nos lleva a la conclusión premilenial.

 Usted debe necesariamente creer que los hombres y mujeres incrédulos todavía tendrán oportunidad de venir a la fe salvadora en Cristo por lo menos 1,000 años después de su regreso. Correcto. Y no hay problema con esto. Vea Isaías 11:9-10 donde se dice claramente que las naciones buscarán a Dios y al pueblo de Dios que estará reuniéndose. Por lo anterior, no entiendo por qué Storms escribe: “¿Los premilenaristas nos están pidiendo  que creamos que al llegar a dicha época aun los hombres  podrán comprender y responder a la revelación de Dios y la presencia personal y física de Cristo  y que además tendrán  la oportunidad de responder con fe a los requerimientos del evangelio? Es decir, no entiendo su declaración a menos que esté elaborando un argumento de paja sobre la raíz de Isaí y su preeminencia tanto el primer siglo, como en dicho escenario (Isa. 11:1, 10s). Ningún premilenarista que yo sepa, nunca dijo que no habría oportunidad para los incrédulos en el milenio. Entonces, no, los premilenaristas no te piden que creas a una caricatura ridícula. Pues ¡Un punto clave sobre el milenio es precisamente que muchas personas se salvarán! Esto es similar a la realidad bíblica histórica de cuando las personas vinieron a Cristo cuando estuvo en la tierra por primera vez. Quizás Storms está mezclado esto, con la idea de que algunos dispensacionalistas enseñan que no hay una “segunda oportunidad” después del arrebatamiento. Esa es una pregunta evidentemente  diferente de la pregunta de si una persona nacida en el milenio (potencialmente siglos después del arrebatamiento) tendrá la oportunidad de creer en Cristo. De hecho, él o ella tendrán esa oportunidad (Isa. 2:1-4; 11:10s; Zac. 8:20-23; Miq. 4:1-5). El hecho de que el mundo esté en aquellos días en una condición relativamente gloriosa, pero no sin pecado, no limita su elección. Todavía tienen una naturaleza pecaminosa y deben nacer de nuevo.

 Usted debe necesariamente creer que los incrédulos no serán resucitados hasta al menos 1,000 años después del regreso de Cristo. Lo adivinaste. Esto es justo lo que dice Juan en Apocalipsis 20:5 donde se lee: “El resto de los muertos no volvieron a la vida hasta que se cumplieron los mil años” (ESV). Una vez más, una lectura llana y directa del texto dice precisamente a qué se está oponiendo   Storm con sus críticas.

 Usted debe necesariamente creer que los incrédulos no serán finalmente juzgados y arrojados al castigo eterno hasta al menos 1,000 años después del regreso de Cristo. Correcto, hay muy buenos argumentos que señalan que es después de la resurrección que se produce este juicio. Ese es el progreso natural y llano de Apocalipsis 20; 1,000 años del reinado de Cristo; Satanás liberado; rebelión; rebelión aplastada; Diablo arrojado al lago de fuego; luego el juicio del gran trono blanco. No hay problema en creer que el texto se cumplirá tal como Juan lo escribió a sus lectores.

Dado que Apocalipsis 20 habla y se estructura alrededor del período de mil años    —mencionado por Juan seis veces—, parece bastante exagerado decir que NO hay un período de mil años. Uno podría debatir cuándo sucederá la venida de Cristo en relación con ese período de tiempo (antes o después del milenio), pero decir que ese período no existe es demasiado difícil a la luz del texto bíblico.




Referencias para el amilenialismo

Cox, William E. Amillennialism Today. P&R, 1966.
David, Holwerda E. Israel en el Plan de Dios.
Hoekema, Anthony. The Bible and the Future. Eerdmans, 1979. En Español: La Biblia y el Futuro.
Ladd, George Eldon. The Presence of the Future: The Eschatology of Biblical Realism. Rev. ed., Eerdmans, 1974, 370 pages. This is the classic work on the view called inaugurated eschatology.
Kim Riddlebarger. A Case for Amillennialism.
Storms, Sam. Kingdom Come: The Amillennial Alternative. Mentor/Christian Focus Publications, 2013, 589 pages.
Michael J. Vlach, “Premillennialism and the Kingdom: A Rationale for a Future Earthly Kingdom.” Master’s Seminary Journal 29/2 (Fall 2018): 207–32.
Waldron, Samuel E. The End Times Made Simple: How Could Everyone Be So Wrong About Biblical Prophecy? Calvary Press, 2003. En Español: El fin de los Tiempos: Una explicación para todos, una escatología sencilla.
Waymeyer, Matt. Amillennialism and the Age to Come: A Premillennial Critique of the Two-Age Model. Kress Biblical Resources, 2016, 325 pages.

Amilenialistas y Organizaciones Amileniales

La mayoría de los autores enumerados en la sección de referencias (excepto Vlach y Waymeyer) son amileniales. También hay las siguientes organizaciones y personas que apoyan la vista.

Robert Caringola
Dean Davis, author of The High King of Heaven.
David J. Engelsma
Anthony Hoekema
Ligonier Ministries, www.ligonier.org.
R.C. Sproul
Sam Storms
Robert B. Strimple
Cornelis Venema
Samuel Waldron

Pasajes relevantes para estudio adicional

Salmo 72
Isaías 2:1–3, 11:1–6, 24:21–23, 65:17–20
Daniel 9
Zacarías 8:3–8 y 14
Mateo 24
1 Corintios 15
Romanos 11
Apocalipsis  20:1–6



[1] Traducido y editado por J.A. Torres Q.
[2] El pastor Matt Postiff fue llamado como pastor por la “Fellowship Bible Church” el 21 de mayo de 2006. Él y su esposa Naomi tienen tres hijos, David, John y Daniel. Antes de asumir sus responsabilidades en Fellowship Bible, el pastor Postiff estudió en la Universidad de Michigan y recibió una licenciatura, maestría y doctorado en ingeniería informática. Al graduarse de Michigan, dirigió una consultora de ingeniería especializada en el diseño y la programación de microprocesadores informáticos. También estudió en el Seminario Teológico Bautista de Detroit para obtener su Maestría en Divinidad, graduándose en mayo de 2005. Fue ordenado para el ministerio en noviembre de 2004. Se graduó en 2010 con una Maestría en Teología por el DBTS, y ha enseñado hebreo allí también. El pastor Postiff también ha hecho algunos estudios sobre la recuperación a las adicciones y acerca de la plantación de iglesias. Desde el año 2008  el pastor Postiff ha estado involucrado en el equipo de liderazgo de la Gospel Mission of South America (GMSA)  y ha visitado Sudamérica varias veces para participar en misiones y conferencias de pastores desde el año 2011.
 El autor Robert Caringola señala a modo de crítica y con cierta ironía que: “si crees que [el milenio] serán literalmente mil años en el futuro, todavía estás en la infancia escatológica.”
[5] Para los lectores de la mayoría de las traducciones en inglés, “esta edad” se traduce como “este mundo.”
[6] Waymeyer, p. 8 está de acuerdo.
[7] Me complacería llamar a esto un modelo modificado de dos edades donde la primera edad es parte de la “historia”, es decir, el tiempo anterior a los nuevos cielos y la nueva tierra; y la segunda era, es ese estado eterno. Esto puede funcionar siempre y cuando se reconozca que la primera edad o era de la historia, termina con un período preparatorio en el cual el Señor prepara la tierra antigua al someterla a Él y al Padre de manera tal que es entonces entregado al Padre (1 Cor. 15:24-28). Este período preparatorio al final de la era es el reino milenario. Dicho de otra manera, la era actual tiene dos partes: la parte (a) que es la edad de la iglesia y la parte (b) que es el milenio. En consecuencia, la era venidera es lo que popularmente se conoce como “el cielo”, pero en realidad es más bien el nuevo cielo y la nueva tierra donde está toda la “acción” de dicha nueva creación  (Apocalipsis 21–22).
[8] Michael J. Vlach, “Premillennialism and the Kingdom: A Rationale for a Future Earthly Kingdom.”   Master's Seminary diario del 29/2 (Fall 2018): 207–32. Ver páginas 213 y siguientes.
[9] La profecía fusiona algunas ideas de la eternidad y la etapa del reino de la historia. Esto puede quizás confundir al lector moderno, pero indica simplemente que hay interconexiones y un flujo de historia desde el estado inicial del reino a su forma final en el nuevo cielo y la tierra. Esta idea se llama  escorzo profético lo que significa que los eventos futuros lejanos (desde la perspectiva del profeta) son difíciles de distinguir. La ilustración a menudo usada de ver montañas a distancia es útil. Si miras una cordillera desde una distancia, puedes ver dos picos, uno después del otro, pero no puedes ver ni eres capaz de discernir que hay un valle entre ellos, una milla de valle o aún más amplia. Es similar a la profecía de eventos futuros. Los profetas vieron los sufrimientos de Cristo y las glorias que venían tras ellos [los sufrimientos], pero no vieron   que había una distancia de tiempo “oculta” entre esos dos eventos. Esa distancia de tiempo contiene la edad de la iglesia y la tribulación. Del mismo modo, a ellos se revelaron las condiciones futuras del milenio como el reino, y las condiciones futuras del estado eterno, pero la disposición exacta de estas, no se aclaró hasta más tarde, incluso bien tarde como es revelado en Apocalipsis 19-22.
[10] Vlach, “The Kingdom of God and the Millennium,” p. 235.
[11] Waymeyer, Amillennialism, p. 73–74.
[12] Waymeyer resume esto a fondo en Amillennialism, p. 81–83.
[13] Todas las citas de las Escrituras, a menos que se indique lo contrario, son de la Versión Estándar en Inglés (ESV).
[14] Para ver un ejemplo de esta confusión, consulte http://www.dbts.edu/2014/02/24/is-jesus-presently-reigning/.
[16] https://www.prca.org/articles/amillennialism.html
[17] La interpretación  amilenial de esto esgrime, “…el hecho de llevar al cielo al alma del creyente en la muerte es, de hecho, la resurrección” (https://www.prca.org/articles/amillennialism.html). Esta es una resurrección sin cuerpo, que requiere preguntarnos cómo la llamamos entonces si el alma del creyente se reúne más tarde con su cuerpo. Llamamos a eso resurrección, sin duda, pero el amilenialista divide la resurrección en dos etapas: la resurrección del alma y la resurrección del cuerpo. Esto sugiere concretamente que la resurrección o la segunda venida tiene que ser en dos etapas. El lector puede decidir por sí mismo lo que tiene más respaldo  en la Biblia.
[18] Vlach, Premillennialism and the Kingdom: A Rationale…”
[20] https://eschatologystuff.wordpress.com/2007/03/13/problems-with-premillennialism-by-sam-storms/
[21] Ezequiel 20:38 indica esto a los judíos cuando dice: “Purgaré a los rebeldes de entre ustedes... no entrarán en la tierra de Israel”. Los salvados entrarán en la tierra de Israel. Mateo enseña lo mismo a las naciones gentiles en 25:41 cuando dice: “Apártate de mí, maldito, al fuego eterno...” y el versículo 46: “…estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna.” Esa vida, creemos, tendrá su primera fase en el milenio y continuará hasta la eternidad después de ello.

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