jueves, 5 de julio de 2018

Análisis del libro: “La Biblia y el Futuro”, de Anthony A. Hoekema. Capítulo VI: El Reino de Dios.


Por J.A. Torres Q.


Introducción


Cuarto capítulo, “El Reino de Dios”, páginas 55 a la 69. Más el apéndice de las páginas 323 a la 350, “Tendencias Recientes en la Escatología”.  En este capítulo Hoekema aborda el tópico del “reino de Dios.” Antes de leer el capítulo, es necesario sin duda leer el apéndice donde Hoekema  en general, hace un buen resumen de los puntos de vistas de los teólogos más leídos en la década de los 70, años en que Hoekema escribió este libro.


         En este análisis Hoekema analiza a varios teólogos que según él, formaban parte de las tendencias de aquellos días. Menciona la escatología de Albercht Ritschl (1822-1889), Adolf von Harnack (1851-1930), Jonathan Weiss (1863-1914), Albert Schweitzer (1875-1966), Charles Harold Dodd (1884-1973), Óscar Cullmann (1902-1999), quien al parecer ya había hablado del concepto tensional  del “ya” y el “todavía no” (pág. 337s); Geerhardus Vos (1862-1949), Rudolf Bultmann (1884-1976), Karl Barth (1886-1968) y Jürgen Moltmann (1926-). En "general", es un buen resumen.  


Análisis general


Hoekema en este capítulo hace un resumen del tópico en cuestión, el "reino de Dios". Después de presentar un resumen del apéndice relativo, Hoekema se encamina a examinar “cuidadosamente” el concepto del reino de Dios (pág. 55), perfeccionando la falencia que denuncia en su apéndice. Así, va a mencionar una serie de versículos, demostrando en su tesis que el reino de Dios es tanto algo presente, como futuro (pág. 64). La tesis de Hoekema se observa resumida, de la siguiente manera:



“En resumen, entonces, podemos decir que el reino de Dios, tanto en la enseñanza de Pablo como en la de Jesús, es una realidad a la vez presente y futura” (Pág. 65).


No hay duda que esta conclusión, es una tesis que cualquier premilenarista podría afirmar. Ahora, de que el reino es algo presente, Hoekema lo va a sustentar en una serie de versículos que sin duda hablan correctamente del aspecto presente del mismo. Por otro lado, la pregunta clave que hace en la página 58: ¿Cómo hemos de definir el reino de Dios? Va a definir qué es lo que Hoekema entiende por este concepto. En términos concretos, señala: “El modo más ampliamente aceptado de entender al reino de Dios es que su significado primario está más en el dominio o gobierno ejercido por Dios que en un territorio que él rige.” (Pág. 58). Nótese que para Hoekema no se trata de un escenario terrenal. Más bien se trata de un dominio que Dios ejerce.  

Cabe señalar que para Hoekema el "reino de Dios" tiene una cronología básica simple. La era del reino ya ha sido inaugurada, falta la consumación del mismo lo cual se llevará a cabo con la venida del Señor, quien instaurará cielos nuevos y tierra nueva.   Ahora, acierta Hoekema al señalar que el reino de Dios “no es un estado de cosas producido por obra humana, ni es la culminación de un arduo esfuerzo humano” (pág. 59). Acierta también en señalar que el reino de Dios incluye un aspecto positivo como uno negativo descrito muy claramente en las parábolas, en primer lugar:  la capacidad de entender las parábolas como una gracia divina (lo positivo), pero a la vez, la no comprensión de las mismas, como un juicio divino (lo negativo) (pág. 60).


Ahora, en la página 60 hará una única alusión al pueblo de Israel relativo al reino citando Mt. 21:43, donde se lee que el reino le fue quitado a Israel y le sería dado a una nación que produjera los frutos del mismo.  También añade Hoekema que el propósito esencial del reino, es la salvación en el sentido pleno del término. Ahora, ¿cuáles son las señales del reino presente? Hoekema  menciona aquí  cinco aspectos de ello. A saber: 


1. El hecho de que Jesús echó fuera demonios, demostró que él había logrado la victoria sobre los poderes del mal. Por lo tanto, esto era una señal de que el reino había llegado (pág. 60).
2. La segunda señal, es la caída de Satanás. Citando Lc. 10:18 (“yo veía a Satanás caer de cielo como un rayo”) Hoekema señala que aunque esto no debe interpretarse literalmente, significa que la victoria sobre Satanás que los judíos creían sucedería al fin de la era, ya ha ocurrido en alguna forma durante su misión. Sin embargo, también añade Hoekema que Satanás no quedó del todo inactivo, aclarando que lo que “sí ocurrió durante el ministerio de Jesús fue un cierto encadenamiento de Satanás… una restricción de sus actividades…” (pág. 61).
3. Una tercera señal de que el reino de Dios había llegado, fue la realización de milagros (pág. 61).
4. Una cuarta señal, fue la predicación del evangelio, lo prioritario (Mt. 11:5).
5. Finalmente, la quinta señal que Hoekema menciona es la dádiva de perdón de pecados por parte de Jesús (Mr. 2:10ss). Una señal que había sido profetizada como una prerrogativa mesiánica (Isa. 33:24; Jer. 31:34; Miq.7:18-20; Zac. 13:1).


     Ahora, una buena explicación de qué era el reino presente de Dios en el libro, es la siguiente declaración:


 “La presencia del reino de Dios no era una nueva enseñanza respecto a Dios; era una nueva actividad de Dios en la persona de Jesús, que traía a los hombres como experiencia presente lo que los profetas prometieron en el reino escatológico” (Pág. 62).





Sin duda esta declaración, es una buena definición del reino presente. Una comprensión del reino ajustada a lo que Jesús hizo en su ministerio. Ahora, también Hoekema menciona un aspecto que puede parecer un poco paradójico como parte de este reino presente. Escribe:


“Al hablar de las señales de la presencia del reino es importante recordar que la venida del reino no significó un fin al conflicto ente el bien y el mal. Seguirá habiendo conflicto entre el reino de Dios y el reino del mal a lo largo de la historia, y en este conflicto el pueblo de Dios será llamado a sufrir.” (Pág. 62).

Un versículo que Hoekema citará en respaldo de lo anterior, será Mt. 10:34, “No penséis que he venido para traer paz para la tierra; no he venido para traer paz, sino espada.” (pág. 62). Así, al final de su disertación, Hoekema volverá a subrayar que el reino de Dios es algo presente, pero también futuro (pág. 62, 63 cf. [Mt. 8:11-12; 22:1-14; 13:24-30; 36-43; 1 Cor. 6:9]).  La cuestión clave aquí, es que hay una tensión a la que Hoekema llama el “ya” y el “todavía no”, enfatizando que el reino futuro implica una redención cósmica (pág. 68) que incluirá como se ha dicho, nuevos cielos y nueva tierra.


Observaciones  y falencias


Lo primero que observamos, es que Hoekema después que ha desarrollado el apéndice de las tendencias escatológicas (págs. 323-350) se puede observar la ausencia del punto de vista de la escuela premilenarista histórica como dispensacional respecto a la noción del reino. Aunque hay capítulos que al parecer tratan este tema más adelante, en su recuento o tendencias pesquisadas (apéndice) omite gran parte de los actores premilenaristas que sí estaban presente en el tiempo o marco histórico que Hoekema circunscribe su análisis. Sin duda esta no es una crítica de falta de contundencia, sino simplemente de edición, o de elección del material u ordenamiento del mismo, por lo que solo hacemos bien en mencionarlo aquí como un detalle secundario.


Cabe señalar que para Hoekema, la cronología de los eventos escatológicos, es de algún modo, simple y a la vez un salto a la eternidad  después de esta era presente. Esto es necesario clarificar aquí, para comprender lo que Hoekema quiere indicar con “reino de Dios.”




Dicho de otro modo, cuando Hoekema habla del reino futuro, no está hablando de un reino terrenal literal como lo concibe el premilenarismo, no,  está describiendo el estado eterno de los cielos y tierra nueva.

Ahora, una falencia que se observa por omisión notamos es evidente en este capítulo. A pesar que Hoekema señala que ha hecho un examen “cuidadoso” de lo que es el "reino de Dios" (pág. 55), ignora toda referencia veterotestamentaria que tenga que ver con ello. Ha dicho que Juan había anunciado la visitación de Dios con la llegada de la “era mesiánica” (pág. 57), pero ignora justamente, la mayoría —sino todos— los pasajes relativos al reino mesiánico.  Cabe señalar que el libro se llama “La Biblia y el Futuro.” Lo cual no hace justicia a eso de un "cuidadoso examen" al respecto. La única explicación que observamos de manera deducible, es la mención que Hoekema hace de Israel relativo a Mt. 21:43, versículo que describe en palabras de Hoekema: que la nación de Israel como totalidad rechazó el reino, y que además, Jesús dijo que el reino de Dios le sería quitado y dado a una nación que produjera los frutos del  mismo (pág. 60).  Ahora, ¿hay referencias mesiánicas relativas al reino futuro terrenal en el AT? En la mayoría de los casos, la única manera de llegar a tal conclusión, es simplemente ignorar lo que el AT señala de manera clara. Cabe señalar que, aun los teólogos posmileniales como amileniales señalan seguir una hermenéutica literal, reconocen ambos que:


“…una interpretación literal de las profecías del Antiguo Testamento nos da precisamente un cuadro de un reino terrenal del Mesías como el de los premilenialistas.” (Hamilton en MacArthur 2010:235).


 “…si las profecías [veterotestamentarias] se toman literalmente, ellas sí predicen una restauración de la nación de Israel en la tierra de palestina, con los judíos teniendo un lugar destacado en ese reino y gobernando sobre el resto de las naciones.” (Boettner en MacArthur 2010:235).

Notemos algunos pasajes claves que describen de manera abrumadora, un reino no solo presente y futuro del mesías, sino, constantemente revelado como un reino literal terrenal, cuestión que Hoekema ignora totalmente.  En efecto, si consideramos las referencias del AT relativas a las profecías mesiánicas, nos encontraremos con una gran cantidad de referencias al respecto, notemos algunas de ellas. 


Referencias
Reinado terrenal
Gén. 49:10-12
A él se congregarán los pueblos

Un tiempo de abundancia (vs. 11-12)
2 Sam. 7:14-16
Un reino estable eternamente

Una casa afirmada (próspera)
Sal. 2:6
Un rey sobre Sión

Un reino firme
Sal. 2:8
Rey sobre las naciones

Un reino de juicio
Sal. 23:27s
Sobre las familias de la tierra

Adoración mundial (vs. 27b, 29)
Sal. 23:30s
Un reino masivo

Un reino de justicia (vs. 31)
Sal. 45:6-17
Cetro de justicia sobre los pueblos

Adoración mundial  (vs. 17b)
Sal. 72:1-6
Salvación para el pueblo de Dios

Reino de justicia y paz (vs. 7-11)
Sal. 85:9-13
Su gloria en la tierra

Un reino de justicia
Sal. 86:9
Todas las naciones  le adorarán

Un solo Dios
Sal. 89:3-18
Un reino ratificado terrenal

Un rey triunfante y glorioso (vs. 10-18)
Sal. 89:26-37
El rey de reyes sobre la tierra

Un trono firme (vs. 33-37)
Sal. 96:1-13
Alabanza de toda la tierra

Un trono mundial justo y próspero
Sal. 102:13s
Reino desde Sión

Servicio mundial a YHVH (VS. 22)
Sal. 110:1-7
Reino y poder desde Sión

Reino mesiánico mundial glorioso
Isa. 2:1-4
Sión y Jerusalén capital del rey

Tiempo de paz
Isa. 4:1-6
Sión, lugar prominente

Tiempo de paz. Lugar de refugio
Isa. 9:6-7
Un reino con un Rey incomparable

Un imperio sobre el trono de David
Isa. 49:1-6
Un rey para restaurar a  Israel

Un reino de luz a las naciones
 Jer. 33:14-16
Un reinado de justicia en la tierra

Un reino seguro para Israel
Dan. 9:24s
Establecimiento del reino

La entronización del rey
Hag. 2:6-9
Una casa, trono y rey glorioso

La entronización del rey

Todas estas referencias revelan claramente los aspectos futuros   del reino mesiánico, basado en el pacto incondicional que Dios hizo a David (2 Sam. 7). No obstante, el NT menciona varias referencias relativas a la restauración del reino en una era futura y gloriosa, cuyos aspectos de cumplimiento  fueron  dados en términos  literales.  Y esto, no solo como una creencia del “judaísmo”, sino como una esperanza objetiva de parte de Jesús y los apóstoles para Israel y la iglesia. Nótese la siguiente tabla que el Dr. Vlach ha resumido al respecto.



AT
NT
Restauración de Israel
Mt. 19:28; Hec. 1:6
Salvación de Israel
Lc. 1:68-69; Rom. 11:26
Consolación de Israel
Lc. 1:25
Descendiente de David, Rey
Lc. 1:32-33
Cumplimento del pacto Abrahámico
Lc. 1:54-55
Liberación de los enemigos de Israel
Lc. 1:70-74
Salvación para los gentiles
Lc. 2:32
Salvación para Jerusalén
Mt. 23:37-39
Restauración de la creación
Mt. 19:28; Rom. 8:19-22
Nuevo pacto cumplido con Israel
Rom. 11:27
Reino después de la tribulación 
Lc. 21:31
(Vlach 2017:6s)

¿Cuál es la razón del por qué Hoekema ignora estas referencias? No hay dudas que son omisiones  importantes. Ahora, aunque quizás mencione algunas de ellas más adelante, la omisión de ellas aquí, queda al debe por el hecho de que no solo dice haber hecho un “cuidadoso examen” de las referencias al reino de Dios, sino también, porque es el capítulo del libro, o, uno de los capítulos que sin duda uno espera encontrar los argumentos claves o un desarrollo más preciso  al respecto.  El propio colega de trinchera escatológica de Hoekema, Grau, señala: “Cualquier estudio sobre el tema del Reino de Dios sería incompleto si no se prestara atención especial a los mensajes de los profetas del Antiguo Testamento.” (Grau 1977:157). Y en efecto, el propio Grau es mucho más meticuloso en este sentido (82 páginas dedica para tratar el tema del reino de Dios [76-158 págs.]). De hecho, dedica una parte de su exposición a explicar el concepto del reino de Dios en libros tan relevantes como Ezequiel y Daniel; este último, quien habla de la pugna mundial por el poder universal  pasando por los imperios babilónico, medo-persa, romano; el romano reanudado y, el reino perfecto de la “…piedra que hirió a la imagen [la cual] fue hecha un gran monte que llenó la tierra.” (Dan. 2:35b). Un reino que el mismo Dios levantará (2:44), y que jamás será destruido, ni será dejado a otro pueblo; pues desmenuzará a todos los reinos predecesores triunfando rotundamente sobre ellos. Un reino que “…permanecerá para siempre.” (Dan. 2:44c). Nada de esto menciona Hoekema, siendo que los profetas así como Daniel aquí describen claramente la venida de un reino perfecto.


No fue entonces desubicada[1] la pregunta de los judíos como algunos teólogos reformados hacen ver: “¿Restaurarás el reino en este tiempo?...” (Hec. 1:6). Es por ello que la mejor respuesta del comentarista reformado a esta pregunta, tiene que ser de índole simbólica, así escribe Hendriksen: “…a la luz de la respuesta de Jesús es posible e incluso plausible dar una interpretación espiritual a la pregunta de los apóstoles” (Hendriksen  2001:55). Nótese: ¡Interpretación “espiritual”! No debemos asustarnos con esta respuesta, es el concepto reformado del reino que en una maniobra hermenéutica totalmente inconsistente  confluye en la espiritualización del reino de Dios prometido por el mismo Creador del reino; por supuesto, la confesión es gradual que usará el NT para ello. Así, se trata de una "redefinición" del reino, de una "reinterpretación" del reino, de un significado "más profundo" del mismo que los escritores del NT supuestamente le dieron; de una "reinterpretación radical", y esencialmente,  y concretamente, simplemente de una espiritualización del mismo que se "ve" en el NT, claro, según el conglomerado reformado.  En las propias palabras de los siguientes amilenaristas. uno puede constatar lo anterior, esto es, que finalmente el teólogo reformado simplemente espiritualiza el reino de Dios. 


En las propias palabras de los siguientes amilenaristas.



N.T. Wright escribió: Jesús pasó todo su ministerio redefiniendo lo que significaba el reino. Se negó a abandonar el lenguaje simbólico del reino, pero lo llenó de un contenido tan nuevo que, como hemos visto, subyugó poderosamente las expectativas judías (N.T. Wright  1999, Jesús y la victoria, pág. 471, citado por Vlach)


De George Eldon Ladd, el Dr. Vlach señala: Las ideas del reino de Ladd se basaban en su creencia de que el NT a veces reinterpreta el AT y que el NT a menudo usa los pasajes proféticos del AT no contextualmente. Por ejemplo, Ladd declaró:


El hecho es que el Nuevo Testamento frecuentemente interpreta las profecías del Antiguo Testamento de una manera no sugerida por el contexto del Antiguo Testamento.” (Ladd, 1977,  Historic Premillennialism” in The Meaning of the Millenniun,: four Views, pág. 20.)


El mismo Ladd añadiría que el NT descubre un significado más profundo de los pasajes del AT: “las profecías del Antiguo Testamento deben ser interpretadas a la luz del Nuevo Testamento para encontrar su significado más profundo.” (Ibíd, pág. 23).


Además, Ladd argumentó que el NT a veces trasciende las bendiciones físicas del AT para Israel en bendiciones espirituales para la iglesia. Y, reconociendo que el AT describe una esperanza terrenal, señaló igual que las promesas físicas a Israel ahora son “reinterpretadas”, siguiendo el concepto de la supeditación del AT al Nuevo. Escribió:


El Antiguo Testamento debe ser interpretado por el Nuevo Testamento. En principio es muy posible que las profecías dirigidas originalmente al Israel literal describiendo bendiciones físicas tengan su cumplimiento exclusivamente en las bendiciones espirituales disfrutadas por la iglesia. También es posible que la expectativa del Antiguo Testamento de un reino en la tierra pueda ser reinterpretada por el Nuevo Testamento en conjunto de bendiciones en el reino espiritual (Ladd, 1960 “Revelación 20 y el milenio”, pág. 167).


Kim Riddlebarger, de la misma manea que Ladd, afirmó la creencia en la reinterpretación de la escatología del AT, pero además, también creía que el NT era prioritario sobre el AT, así, escribió:


“Si los escritores del Nuevo Testamento espiritualizan las profecías del Antiguo Testamento aplicándolas en un sentido no literal, entonces el pasaje del Antiguo Testamento debe ser visto a la luz de esa interpretación del Nuevo Testamento, no viceversa.” (Kim Riddlebarger en “A Case for Amillennialism”, 2003)

Uno puede entender el silencio de Hoekema en este sentido, quizás también la tensión de ser sincero. Ser acusado de espiritualizar la profecía del AT, no es un epíteto agradable. No obstante, las citas anteriores revelan claramente que los teólogos reformados claramente se toman esta licencia anti-hermenéutica, ignorando así un gran cúmulo de promesas y profecías incondicionales de Dios a Israel tocante el reino mesiánico. Louis Berkhof ha dejado bastante claro lo anterior, pues sin tapujos formales declaró tocante al reino de Dios  que —supuestamente— Jesús: “…lo amplió y lo transformó y lo espiritualizó.” (Louis Berkhof  1951, “The Kingdom of God”, pág. 13). Sin duda la segunda razón de esta hermenéutica bipolaridad amilenarista,  es como se ha aludido, la creencia de que el NT reinterpreta al AT, un errado concepto necesario para toda la estructura escatológica amilenarista, por supuesto,  para que tal sistema siga en pie.


       Ahora, ¿es realmente admisible la teoría amilenarista de la "reinterpretación" del AT? ¿Espiritualizaron los apóstoles y Jesús el reino de Dios? Nos adherimos a la respuesta del Dr. Vlach a esta idea y rechazamos el concepto de reinterpretación en base a una supremacía del NT sobre el AT pues es algo insostenible que sin duda merece otro artículo. Es un corolario de toda hermenéutica consistente y ortodoxa el dogma de que la revelación posterior de Dios —el NT— se basa en, armoniza con, y se complementa con la revelación anterior, esto es: El Antiguo Testamento. Dicho de otro modo, el NT no reinterpreta la revelación anterior, sino, la complementa. En efecto,  Dios no reinterpreta lo que dijo anteriormente (Vlach 2017:6s)



Bibliografía 

Hoekema A. Anthony 2008. La Biblia y el Futuro. Grand, Rapids, MI: Desafío.

Grau, José 1977. Curso de Formación Teológica Evangélica, 7, Escatología  final de los tiempos.  Viladecavalls, España: Clie.

Parker, G. Jorge 1998. Estudio sobre Hechos. Grand, Rapids: Portavoz.

Vlach, Michael  2017. Puntos de Partida Correctos Para Comprender el Reino. Internet URL: https://evangelio.blog/2017/10/25/puntos-de-partida-correctos-para-comprender-el-reino/

MacArthur, John, 2010. Comentario a los Hechos. Grand, Rapids, MI: Portavoz. 




[1] Por ejemplo, John Stott en su comentario a este libro (Hechos), según Stott— casi una pregunta necia. Siguiendo a Calvino escribió: “El verbo [restaurar], el sustantivo [Israel], y el adverbio [ahora] de la pregunta, delatan, todos, una confusión doctrinal acerca del reino.” (Stott 2010:40). Sin duda Stott tiene  razón cuando dice que el reino de Dios  vino para reclutar  testigos, no soldados, pero,  la observación de Stott va más allá de lo que el lector común observa, esto,  pues no cree en un reino milenial literal (Apo. 20). Así escribe también Jorge. G. Parker: “La mayoría de los expositores están de acuerdo en criticar la “torpeza” de los Apóstoles: “! Tantas enseñanzas habían recibido del Señor y todavía no comprendían que el Reino era Espiritual y Universal”!...»  (Parker 1998:24). 


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