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sábado, 4 de noviembre de 2017

El propósito de los dones y milagros


Curso de formación Teología Pág. 104-107.
Por J.A. Torres Q.



Habitualmente cuando se habla del tópico “continuismo o cesacionismo” el debate se ciega rápidamente en los propios dones y quién los limita, y quien los “libera” o mantiene. En otras palabras, antes de hablar de lo anterior, lo que debe ser zanjado antes, es el propósito de los dones y de los milagros. Claramente la Biblia menciona milagros de todo tipo, sin embargo y, antes de entender el propósito de ellos, es necesario comprender los dos aspectos generales de los milagros  y la cuestión de la regla y excepción de los mismos. Primero, los milagros bíblicos pueden categorizarte en dos grandes tipos. A saber, los milagros que fueron operados a través de las propias leyes naturales (cf. Job. 1:6; Hec. 27:21-26; Pro. 3:5-6[1]), y los milagros que operaron por sobre[2] las leyes naturales, como lo fueron por ejemplo: el cruce del mar rojo, la protección de Daniel en el foso de los leones, la caída de los muros de Jericó, la reflotación del hacha con Eliseo etc., (cf. Éxo. 14; Jos. 5:13ss; Heb. 11:30; 2 Rey. 6:6-7). Históricamente la revelación escritural nos revela tres grandes épocas en donde los milagros fueron dados de manera especial y con un propósito definido; bien señala Saucy también, la clave para entender el propósito de los milagros está en el término “señal”, pues una señal apunta no hacia el milagro mismo, sino, hacia otra cosa. Señalar a algo, lo cual se observa en los tres grandes periodos en donde los milagros fueron dados de manera “continua.” Moisés hizo “señales” para que el pueblo supiera quién estaba con ellos (Éxo. 4:5,31).  Eliseo escuchó de la viuda de Sarepta: “Ahora conozco que tú eres un hombre de Dios y que la Palabra del Señor en tu boca es verdad” (1 Rey. 17:24).  Así, el mensaje (señal) y el mensajero (señalero) eran una amalgama que confirmaba a los verdaderos siervos de Dios, tal cual Elías hizo frente a los falsos profetas de Baal, quienes alcanzaron a ver quién era realmente el verdadero Dios y sus verdaderos siervos  (cf. 1 Rey 18:36)  (Saucy en Grudem 2004:109). No fue diferente en tiempos de Jesús y los discípulos. Cada milagro no era en sí, un fin, sino una señal, una credencial de veracidad mesiánica de Jesús y Su mensaje, y a la  vez, una muestra del reino de Dios prometido, no es casual que Nicodemo haya exclamado: “…nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con Él.” (Jn. 3:2). Nótese entonces, la siguiente ilustración diacrónica de las tres épocas intensivas de milagros y portentos dados por Dios. 


El primer periodo en donde los milagros fueron la “regla” por un tiempo, fue la época de Moisés y Josué. El propósito esencial de los milagros en esta época se relacionó esencialmente con la redención de Israel de Egipto y su supervivencia en el desierto por 40 años (cf. Núm. 17:11-13; 16:28-32; 20:11; 21:8-9). Las plagas no fueron entonces sólo una muestra del poder de un hombre, de un caudillo del pueblo esclavo (cf. Éxo. 4:3; 7:10; 7:8-11:1-10). A través de ellas, Dios doblegó a Faraón, y mostró su misericordia y poder para que su pueblo confiará en Él (Éxo. 11:9). Sucedió lo mismo con Josué durante la conquista de la tierra prometida, ocurrieron varios milagros que ratificaban que Israel era el pueblo del verdadero Dios, ante los pueblos paganos que tuvieron que derrotar (cf. Jos. 3:10-17; 4:18; 6:6-20; 10:12-14). El propósito de Dios entonces en esta época especial, fue proteger a su pueblo y esto, a pesar de las caídas del mismo, de manera que el propósito de Dios fue finalmente cumplido: “No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel;  todo se cumplió.” (Jos. 21:45).  Si bien es cierto Israel pudo disfrutar de la tierra prometida, la época de los jueces reveló la total apostasía que ya se había revelado con anterioridad en algunos hombres del pueblo (cf. Núm. 16; Jos. 7). De manera que en esta época —de los jueces— también hubo algunos milagros como fue el caso de Sansón, Gedeón, y en general de la mano de los jueces, fueron todos excepcionales y esto, sólo porque Dios en su misericordia quiso preservar a Su pueblo.

La segunda época de milagros evidentes, fue la época de los profetas Elías[3] (cf. 1 Rey. 17:1; 14-16; 22-23; 18:36; 2 Rey. 1:10-12; 2:8; Stg. 5:17-18), y Eliseo[4] (cf. 2 Rey. 2:21s; 24; 4:1-7;32-35; 5:10, 27;6:6,18,20;13:21), sin duda como señala  Don Fanning, el propósito de los milagros en esta época, estuvo relacionada con la apostasía de Israel. Explica Fanning: “En un tiempo de apostasía en la historia de Israel. Dios levantó dos profetas para aconsejar y exhortar a la nación. En medio de tanta religión falsa, necesitaron milagros para demostrar ser de Dios verdaderamente e identificarse con Moisés. Pero después de entregar sus mensajes, los milagros cesaron. Luego Eliseo, hubo muchos profetas, pero ninguna con el don de hacer milagros como Elías y Eliseo.” (Fanning 1990:39).  Finalmente, la tercera época, fue la época de Jesús y los apóstoles. Fue así que en una ocasión dijo a los fariseos: “…aunque no me creáis a mí,  creed a las obras,  para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí,  y yo en el Padre.” (Jn. 10:38).  De esta misma manera, Pedro explicó a su audiencia en pentecostés: Varones israelitas,  oíd estas palabras: Jesús nazareno,  varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas,  prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él,  como vosotros mismos sabéis…” (Hec. 2:22).   Así, y uniendo el pasaje de Juan 20:30-31[5], podemos constatar que el propósito de las señales en tiempos de Cristo y los apóstoles (2 Cor. 12:12) fue triple. Primero, para confirmar que Jesús era el Cristo (Mt. 8:1-4; 9:1-8; Lc. 5:17-26; Mt. 8:23-27) aprobado por Dios, el Dios encarnando, el Emanuel entre (Mesías) “nosotros” (Isa. 53:4; Mt. 1:23). Segundo, para autentificar el mensaje de Cristo y sus apóstoles y tercero, para demostrar las características del reino venidero, bien señala el profesor Beyer:

“Con los milagros, Jesús señala que el mundo es imperfecto y necesita salvación y restableciendo. Sus curaciones p.e., revelan el desorden y la destrucción de toda la creación. El pecado destruyó la perfección divina de la creación. Con los milagros, Jesús anuncia la llegada de una nueva etapa, el reino de Dios (Mt. 12:28). […] De  esta manera los milagros son un anticipo de la victoria final de Dios y la perfección del Reino venidero que comenzó con el  mesías” (Beyer  2009:79)

Así, los apóstoles después de la muerte de Jesús habiendo sido dotados (2 Cor. 12:12) con la capacidad para hacer “señales, prodigios y milagros” (Hec. 5:12-16; 9:36-42; 8:12↔21:8; 19:11-12; Gál. 3:5), no tuvieron otro propósito que el inicial, confirmar la veracidad del evangelio  y la verdad del Mesías[6], Jesucristo. El autor de hebreos en este sentido escribió: “¿cómo escaparemos nosotros,  si descuidamos una salvación tan grande?  La cual,  habiendo sido anunciada primeramente por el Señor,  nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos,  con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.” (Heb. 2:3-4).  Bien capitula Fanning:

“En cada una de las tres épocas de milagros los dos propósitos son cumplidos por medio de señales. En cada ocasión las señales terminaron cuando hubieron cumplido su confirmación. La iglesia primitiva quedó convencida de que el mensaje de los apóstoles tenía la autoridad… de Jesús. Por esto [después] “…perseveraban en la doctrina de los apóstoles” (Hch. 2:42)” (Fanning 1990:40).

Como último comentario aquí, es interesante observar el relato de Marcos relacionado con los milagros de Jesús. Por ejemplo. Jack Dean Kingsbury en su libro “Conflicto en Marcos” destaca los títulos de Jesús, como: “Hijo de David”, “Hijo de Dios”, mencionado una particularidad entre los sinópticos. Esto es, que aun  los mismos demonios reconocieron que  Jesús era el Hijo de David.  Lo anterior, es descrito por el autor con un enfoque “contrapuntista” que según él usó Marcos para revelar dos polos opuestos. Primero, los hombres no saben nada de Dios, pero los entes espirituales, en este caso, los demonios sí reconocen quien es este Jesús.  En este sentido Marcos —según Kingsbury— contrapone el conocimiento natural, al sobrenatural destacando que  Marcos presenta un aspecto panorámico de esto a través de las preguntas que registra. ¿Quién es Jesús? Preguntan unos (Mr. 1:27-28). Los letrados inquieren: ¿Quién es éste? ¿Cómo puede perdonar pecados? (Mr. 4:35ss). Los aldeanos investigan: ¿no es este el hijo el carpintero? (Mr. 6:1ss). Sin embargo, hay otro aspecto en el evangelio de Marcos que también es peculiar en todo el relato. Cada vez que Jesús sanó a alguien (no todas las veces) ordenaba tácitamente  no comentarlo a nadie (1:43-44; 5:43; 7:36, 9:9 etc.) dando una pista implícita del porqué: «…“sino” cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado…» (9:9b). Esto subraya aun más, que los milagros no fueron el propósito  principal, todo —y en palabras del Jesús— tenía que apuntar al milagro de los milagros, la muerte y resurrección de Jesús, para el perdón de los pecados. Éste fue y sigue siendo el milagro atemporal vigente que el NT destaca en todas sus páginas con el cual Dios manda a los hombres de todo lugar a obedecer, para la "sanidad" espiritual de los pecadores (cf. Hec. 17:30s; Mr. 1:14s). Finalmente el NT revela una cuarta época de milagros, sin embargo dicha etapa nada tienen que ver con un resurgimiento de los milagros apostólicos, sino mas bien, una etapa de juicio de parte de Dios. Pablo describiendo los últimos días antes del arrebatamiento de la iglesia, escribió:

“Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene,  a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad;  sólo que hay quien al presente lo detiene,  hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo,  a quien el Señor matará con el espíritu de su boca,  y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás,  con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden,  por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso,  para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad,  sino que se complacieron en la injusticia.” (2 Tes. 2:6-12). 

Pero ya está en acción el ministerio de la iniquidad…”, ya en el 51 d.C., el apóstol Pablo advertía a los tesalonicenses y a la iglesia en general, que el ministerio de la iniquidad, la obra de Satanás aun estaba en acción. Sin embargo, al presente, el presente histórico de Pablo, que por extensión es nuestro presente, Pablo subrayó que, hay alguien que lo detiene. Esto es, Satanás no solamente fue desarmado y limitado en la cruz, sino que a través del Espíritu Santo está restringido en sus operaciones, sin embargo esto no será siempre así.


Habrá un momento que el que lo detiene aun hoy, será “quitado” de en medio, para que el programa satánico siga su curso, época que de acuerdo al análisis de Pablo en esta carta corresponde a la aparición del inicuo (2 Tes. 2:3-4; Dan. 7:25; 1 Jn. 1:18; Apo. 13:11), el anticristo que  justamente aparecerá en escena de manera “mesiánica” con gran poder, señales y prodigios, añade Pablo, prodigios mentirosos y engaños para aquellos que siempre ha sido fascinados con lo “sobrenatural”, aquellos que no han mirado el milagro de los milagros (la cruz) y que en aquellos días (aun nuestros días) persiguen aun, los secundario, como lo primario; a pesar que estos milagros son impulsados por el propio Satanás (2 Tes. 2:9), el texto señala claramente que es Dios que les enviará poder engañoso,  para que todos aquellos incrédulos, aun muchos religiosos encandilados con lo milagroso, crean a estos “milagros”, esto, a fin de que sean condenados todos aquellos que no creyeron a la verdad sino que siguiendo lo “espectacular”, siguieron complaciéndose en la injusticia (2 Tes. 2:10-12). Sin bien es cierto el clímax de todo este engaño tendrá su máximo fulgor a principios de la tribulación, la ante sala de ello, la estamos viviendo al presente con la irrupción de los falsos apóstoles y profetas, que promueve hoy no sólo sanidades y milagros, sino que también  engaños concretos tocantes a las ofrendas y pactos; artificios típicos en estos círculos, lo cual, ha arrastrado a muchos a estos lugares, engañados —y diríamos también— enceguecidos por lo que “recibirán”. Por todo esto, ignorar el propósito de los milagros que la Escritura nos revela de manera diacrónica, y aun escatológica, es también un catalizador que revela quién realmente es un creyente, y quién busca solamente los “beneficios” del cristianismo, un cristianismo distorsionado que ofrece el cielo, milagros y sanidades que claramente no vienen de Dios.  Ahora, ¿puede Dios hoy sanar? ¡Por supuesto! El punto es, ¿es parte de los propósitos de Dios hoy, que los milagros y sanidades continúen como en el primer siglo? La historia Bíblica revela que el poder de Dios siempre fue atemporal, sin embargo, sus propósitos no fueron siempre los mismos. Sin duda Dios puede sanar hoy, y lo hace de acuerdo a Su voluntad, sin embargo Él también usa la “enfermedad” como medio de santificación para sus hijos (cf. 2 Cor. 12:9ss; 1 Tim. 5:23), y a veces también, como juicio (cf. 1 Cor. 11:28-32). Sin duda la Biblia no nos prohíbe orar por la sanidad de alguien, sin embargo el énfasis en ello debe ser, “Señor, que se haga tu voluntad.”





Bibliografía

Beyer, Hartmut 2009. Los sinópticos. Material de Estudio. Temuco: ICAT.
Beyer, Hartmut 2009. Las Cartas Pastorales, 1 Timoteo-2 Timoteo-Tito. Material de Estudio. Temuco: ICAT
Enns, Paul 2010. Compendio Portavoz de Teología. Grand Rapids, MI: Portavoz.
Fanning, Don 1990. ¿Qué dice la Biblia de los dones vigentes? Buenos Aires, Argentina: Águila.
Grudem, Wayne 1994 .Teología Sistemática, una introducción a la doctrina bíblica. Miami, FL: Vida.





[1] De las circunstancias cf. Rom. 8:28. 
[2] Escribe Don Fanning: “Si Alguien se cayó de un avión y por “suerte” cae en un árbol sobreviviendo “milagrosamente”, no ha violado ninguna ley de la naturaleza. La providencia de Dios lo protegió y es posible que esto ocurra. La segunda clasificación de los milagros, son aquellas cosas que en cualquier circunstancia natural, con todas las coincidencias que se pudieran imaginar, serían imposibles.” (Fanning  1990:38).
[3] 1. La sequía (1 Rey. 17:1; Stg. 5:17) 2. La harina y el aceite se multiplican (1 Rey. 17:14) 3. El niño revive (1 Rey. 17:22) 4. El holocausto es consumido (1 Rey. 18:38) 5.  Los capitanes y sus hombres son consumidos por el fuego (2 Rey. 1:10) 6. Cae lluvia (1 Rey. 18:41) 7. Las aguas del Jordán se dividen (2 Rey. 2:8).
[4] Para Eliseo, véase 2 Reyes 2-13. 
[5]Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos,  las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo,  el Hijo de Dios,  y para que creyendo,  tengáis vida en su nombre.” (Jn. 20:30-31).
[6] Los milagros destacaron y comprobaron el poder y la autoridad de Jesucristo como enviado de Dios y como mesías  Mt. 8:17↔ Isa. 53:4; Mt. 11:5-Lc. 7:22↔ Isa. 35:5-6; Lc. 4:18ss↔ Isa. 61:1-2 (Beyer 2009:79).

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