miércoles, 9 de diciembre de 2015

Muestra V, en revisión: La conciencia del hombre natural, primera parte



El siguiente extracto es una muestra en revisión acerca del quinto aspecto humano en su estado natural la conciencia. 
Para el libro: “Decisionismo o evangelismo bíblico”, por J.A. Torres Q, páginas 234ss.
ISBN: 978-956-351-515-2 año  2015.

¿Qué es la conciencia? Todo hombre tiene una conciencia, aún  la filosofía  con sus imprecisiones[1] al respecto,  admite esta realidad[2]. Desde el punto de vista escritural, la conciencia es un elemento innato en el hombre (Rom. 2:15s) e implica dos axiomas invariables, bien lo señala el profesor alemán Manfred A. Bluthardt, el hombre es “consciente de sus actos” (Bewusstsein), y debido a esto, es también “responsable de sus actos” (Gewissen); de hecho, estos conceptos se encuentran desde el griego clásico (Esquilo [525-456 a.C.]  Herodoto [484-425 a.C.]), pasando por el helénico y, es claro que Pablo —consciente de ello— tomó el influjo de estas ideas, para desarrollar un concepto teológico particular de la “conciencia”. Evidentemente, el concepto correcto al respecto.

Apoyo 21: Las Erinias, acusando a Orestes


(Squiripa 2015:1)

Como se ha dicho, la conciencia ha estado presente desde los comienzos de la reflexión humana, y en especial, desde los albores del razonamiento griego. Especial mención merece el famoso cuadro mitológico de las “Erinias”[3] representado por el pintor francés William Adolphe Bouguereau (1825-1905), en donde la conciencia es  representada por tres mujeres, —Tisifone, Alecto y Meguera—  que acusan y persiguen a Orestes, quien había matado a un hombre. Desde el griego clásico la conciencia, o, la συνείδησις (suneídesis), tuvo una cierta evolución, asumiéndose en primera instancia como el conocimiento o capacidad de relacionarse uno mismo, siendo consciente de sí, para después describir la compresión retrospectiva que se tiene del pasado, una mirada que incluía juicios de valoración moral adquiriendo así, el significado habitual que en la actualidad tiene. Según Hans Christoph Hahn, desde los “siete sabios”[4]  la conciencia empieza a adquirid su significado moral asentado, de manera que, las referencias acerca de una buena conciencia  y una mala conciencia  —aun antes de Pablo— se verán ya en algunos  historiadores clásicos como  Dión Casio (155-235 a.C.), Estrabón (64 a.C.-19 o 24 d.C.), Plutarco (46-50 d.C.), y aun también,  Josefo (37-100 d.C.) (Maurer 2003:1100).

En el griego helénico —precristiano— se habla exclusivamente de una mala conciencia, aunque los romanos gustaban hablar de una conscientia bona (buena conciencia). La conciencia en estos ámbitos, ya tenía un carácter moral fiscal, esto es, como un saber retrospectivo de las faltas y vicios, teniendo así un elemento acusador constante (Hahn 1985:286; Maurer 2003:1100). El AT no tiene un paralelo fijo del término griego, más bien lo incluye en el término לֵב (leb) “corazón”, órgano que cumple las funciones de la conciencia, a saber, remordimiento, vergüenza, convicción etc. (Gén. 3:7-10; 4:13-14; 1 Sam. 24:5; 2 Sam. 24:10; Jer. 17:1; Job. 27:6; Ecle. 10:20[5]).  Todo esto es muy decidor, porque Pablo llega decir después, que todos los hombres reflejan una ley escrita en sus corazones, la cual los acusa o defiende (Rom. 2:15s). En efecto, Dios también va a juzgar al hombre por su acatamiento a ella, porque ésta —no siendo la voz de Dios— está vinculada directamente a la ley moral de Dios (Rom. 2:15-16). Es interesante observar que incluso en el pensamiento romano, la idea de la conciencia tiene un matiz teológico. Hahn nos dice que, para filósofos como Filón (10 a.C.-45,50 d.C.) la conciencia no era una instancia autónoma, sino, una dimensión regulada por la ley de Dios, y cuya misión es el de llevar al hombre a la conciencia de su pecado y al arrepentimiento (1985:287). De esta manera notamos que la idea de conciencia nunca fue algo ajeno a los hombres, o sólo algo “religioso”, no obstante, la verdadera compresión de ella vino a través de los escritos apostólicos, es desde esta plataforma que tenemos entonces, una comprensión precisa, de la real habilidad del hombre post pecador original respecto su "voz interna", la conciencia.






El término novotestamentario “conciencia”, no es diferente del griego clásico, o helénico.  συνείδησις (suneídesis), de συν (sun), con; y εἴδω (eἴdo), saber con.  La idea posterior surgió del latín conscientia de cum-scire “saber con”, o un saber compartido (Bluthardt 1984:40). El significado novotestamentario lo define con bastante precisión, el término “copercepción”, (Strong 2002:82), que grafica la mirada dual del hombre, esto es, mientras es testigo o participantes de actos y  hechos morales, va evaluando los mismos con una ética particular, lo cual se evidencia subjetivamente por la serie de pensamientos “morales” que lo invaden,  pensamientos éticos determinados por su cosmovisión ético-filosófica[6] de la vida (autónomo/heterónomo→ cultura), paralelamente a esta dinámica interna, la suneídesis, o, la conciencia, va emitiendo sus propios dictámenes que aparecen como destellos paralelos a los razonamientos propios de la percepción casual. Ahora bien, la “postura moral de la conciencia” —si es que se le puede llamar así— no está determinada por la filosofía propia del hombre, en efecto, y en términos generales, todos, —y aunque con diferentes visiones éticas filosóficas de la vida—  pueden llegar a un consenso respecto lo que es bueno y lo que es malo, lo que justo o injusto, de allí que todas las sociedades civilizadas  tengan sistemas judiciales y entidades policiales.  Segundo, la “postura moral de la conciencia”, viene determinada, es intrínseca, no depende de la cultura, ni de la crianza, aunque puede estar influenciada, moldeada y aun anulada (cauterizada) por estas influencias, no obstante, sigue siendo independiente a ellas, en términos teológicos, es lo que Pablo denominó: “…la ley escrita en sus corazones…” (Rom. 2:15), el sello de Dios sobre los hombres (Gén. 3:22a), y la explicación axiológica del por qué existe una noción moral universal de lo bueno y lo malo. En términos ilustrativos, la conciencia es un tribunal interno que juzga los hechos pasados, presentes y futuros del hombre, paralelamente a como el hombre los percibe, de allí: “…no puedo hacerlo, mi conciencia no me lo permite”; o, “mi conciencia me molesta, debo confesar…” (Bluthardt  1984:43)[7]. El NT usa 30 veces συνείδησις (suneídesis) de la “buena conciencia” (Hec. 23:1; 24:16; Rom. 9:1: 1 Tim. 1:5), que es el resultado de la coincidencia entre la ley de Dios y la conducta moral, la “conciencia débil” (1 Cor. 8:7, 10,12); y la “mala conciencia”, denominada también, corrompida y cauterizada  (Tit. 1:15; 1 Tim. 1:19; 4:19). El profesor Bluthardt clarifica lo anterior diciendo que cuando la “ley escrita en nuestros corazones” (conciencia) y la “ley en las tablas” no coincide (nunca), es que estamos frente a una mala conciencia (Bluthardt 1984:43). La “mala conciencia” se distingue de la “conciencia débil” (1 Cor. 8:7), en que la primera corresponde a quienes no han sido regenerados (Rom. 9:1) y carecen del triunvirato elemental interno, esto es, no sólo una conciencia, sino también la ley de Dios y el Espíritu Santo (Rom. 9:1→8:9). Notemos entonces, cuatro referencias novotestamentarias, que nos revela la corrupción e inhabilidad de la conciencia del hombre natural.

1.     La conciencia del hombre natural, está corrompida (Tit. 1:15)
2.     La conciencia del hombre natural, es prostituible (1 Tim. 1:19)
3.     La conciencia del hombre natural, llega a cauterizarse (1 Tim. 4:19)
4.     La conciencia del hombre natural, insiste en buscar su propia justicia (Heb. 10:22)







Bibliografía

Bluthardt, Manfred 1984.Etica 1.Viña del Mar, Chile: FLET.
Guía de Grecia 2015. Los siete sabios de Grecia. Internet URL: http://www.guiadegrecia.com/general/sabios.html [Consultado el 03.10.2015].
Hahn, Christoph 1985. Art.: “conciencia”. En: Coenen, Lothar  & Erich, Beyreuther et al. 1985. Diccionario Teológico Del Nuevo Testamento, Volumen  I. Salamanca (España): Sígueme, 286ss.
Hendriksen, William 2006a.Comentario al Nuevo Testamento, 1 y 2 Timoteo y Tito. Grand Rapids, MI: Desafío.
Maurer, C. 2003. Art: “ὑπόδικος/συνειδήσει” En: Kittel, G. & Friedrich, G. (eds.) 2002. Compendio del Diccionario Teológico del Nuevo Testamento. Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 1219, 1100.
Márquez, Carmen 2015. La Furias en la mitología griega. Internet URL:  http://sobreleyendas.com/2008/04/18/las-furias-en-la-mitologia-griega/ [consultado el 03.10.2015].
Rosental, Mark & Fedorovich, Pavel et al. 2013. Diccionario Filosófico. Santa Perpetua de Modoga, Barcelona, España: Booktrade.
Strong, James 2002.Concordancia exhaustiva de la Biblia. Nashville, MI: Caribe.
Squiripa, Anabella 2015. Las Erinias, las diosas de la venganza. Internet URL: http://sobregrecia.com/2009/12/01/las-erinias-divinidades-de-la-venganza/ [consultado el 03.10.2015].




[1] Rosental y Fedorovich señalan: “La conciencia no es una cualidad innata, está determinada por la posición del hombre, en la sociedad, por sus condiciones de vida, su educación etc. [diccionario filosófico]” (Rosental & Fedorovich et al. 2013:72).
[2] «La conciencia se halla estrechamente vinculada al deber. El deber cumplido produce la impresión de conciencia “limpia”; la infracción del deber va a compaña de “remordimiento” de conciencia.» (Rosental & Fedorovich et al. 2013:72).
[3] En la mitología griega, las Erinias o Furias (después Euménides) eran tres mujeres —Tisifone, Alecto y Meguera— que se encargaban de acusar y perseguir a todos aquellos que cometían delitos impunes (Márquez 2015:1)
[4] Conocidos como “los siete sensatos” también.   Eruditos griegos que vivieron entre los siglos VII y VI a. C.; destacaron en la ciencia, la filosofía y la política. Estos sabios reflexionaban acerca del mundo y de la vida humana, trataban de explicar los fenómenos físicos como el curso de los astros, las estaciones y también cuestiones de aritmética y geometría. Los nombres que suelen aparecer con mayor frecuencia son: Bías de Priene, Cleóbulo de Lindos, Periandro de Corinto, Pítaco de Mitilene, Quilón de Esparta, Solón de Atenas y Tales de Mileto (Guía de Grecia 2015:1).
[5] Este versículo es el único que trata de reflejar el pensamiento griego de conciencia, lo cual hace con el vocablo מַדָּע (maddá) inteligencia, ciencia, conciencia (Strong 2002:68). “Ni aun en tu pensamiento → (maddá) digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra.” (Ecle. 10:20) RV60. Existen dos referencias más, pero estas se suscriben a los apócrifos de Sirácida 42:18, y Sabiduría 17:10.
[6]  Los juicios morales, aun sin la autoridad de las Escrituras, pueden estar determinados por una serie de pensamientos filosóficos, a saber, la ética antinomista, situacional o simplemente cultural. El profesor Manfred Bluthardt describe los supuestos que aun al presente podemos encontrar, a saber, la ética existencial, basados en cuatro principios rectores, el pragmatismo, el relativismo, el positivismo y el personalismo. El determinismo, propagado por Freud y Skinner, ¿qué lugar tienen el pecado donde todo se atribuye al medio ambiente, a circunstancias externas, a sistemas educativos y contextos políticos y religiosos?; el idealismo, y finalmente el hedonismo, “comamos, bebamos y divirtámonos, que mañana moriremos” (Bluthardt 1984:18). 
[7] William Hendriksen señala: “…la conciencia es un conocimiento que va junto con (o compartido con) la persona. Es ese sentido interno que cada individuo tiene de lo bueno y de lo malo; su conocimiento moral (en cierta medida impartido divinamente) manifestado en su capacidad de pronunciar juicio sobre sí mismo, es decir, sobre sus pensamientos, actitudes, palabras y hechos, sean y pasados, presentes o propuestos para el futuro…” (Hendriksen 2006:70).