Por
Hartmut Beyer (MTh) – 2016
Se ha puesto en duda la justificación del ministerio del pastor en nuestras iglesias, afirmando que la Biblia enseña solamente el liderazgo mediante ancianos, junto con los diáconos !En Centros Bíblicos tenemos tres oficios de liderazgo, uno está demás! Esta idea se basa en la doctrina bíblica de que la iglesia es dirigida por ancianos y diáconos y postula que un pastor como lo conocemos en nuestra práctica, no existe en la Biblia.
En consecuencia, ¿hemos de revisar el concepto del pastor en UCB? Creo que sí, en general, porque siempre es bueno, evaluar nuestras prácticas a la luz de la Palabra de Dios. Hemos de asegurarnos, de que aquello que estamos practicando sea de verdad “bíblico” y no una mera costumbre o tradición. Pero, hemos de hacerlo con cautela y esmero, puesto que juicios apresurados sin indagar la Biblia concienzudamente son peligrosos. Además, no creo, que una “revolución”, en el sentido de abolir el ministerio del pastor como hoy lo entendemos, tendría justificación o necesidad; no obstante, lo que sí es siempre importante, es preguntarse, en que consiste la labor del pastor según el concepto bíblico; y tal vez, sí la denominación “pastor” sea correcta o adecuada.
Mediante este artículo quisiera dar una contribución al debate. Pero, antes de desarrollar algunas pautas acerca del tema de los pastores y ancianos, quisiera aclarar un asunto básico y preliminar.
Hay que tener cuidado con los conceptos de teología bíblica de algunos. La Biblia es la norma en todo lo que estamos haciendo; de eso no hay dudas. Pero sería un error pensar que nosotros hoy en día debemos copiar simplemente todo lo que aparece en la Biblia sin respetar las diferencias entre aquel entonces y hoy. No se puede negar que existen circunstancias distintas. Por ejemplo, en el NT se habla del rol de los apóstoles en las iglesias; pero sería un error instalar a apóstoles en las iglesias de hoy, puesto que este oficio es exclusivo y ya no hay apóstoles hoy. Otro ejemplo: Es probable que, en la iglesia primitiva, o por lo menos en Corinto, se solía celebrar la Santa Cena en relación estrecha con una comida común. Pero sería un error deducir de ello, que nosotros hoy en día debemos hacer siempre y exactamente lo mismo. Por el otro lado, igualmente es un error sostener que todo lo que nosotros estamos practicando en la iglesia, debe figurar en la Biblia tal cual para que sea bíblico y justificado. Esto sería un grave malentendido también. Ejemplos:
En el NT no existían himnarios; pero por razones prácticas, hoy es recomendable. Acompañamos los cánticos con guitarras y el piano - ¿es lícito aquello a la luz del NT (p.e. Col 3:16 sólo manda a cantar “en nuestros corazones” y no con el piano)? En el NT no existía una “sociedad femenina” ni una “escuela dominical”; pero hoy en día es recomendable satisfacer ciertas necesidades de los diferentes grupos mediante estas instituciones. Tener “Templos” para la iglesia local no es bíblico, puesto que en tiempos del NT todas las iglesias se reunían exclusivamente en casas particulares. Hoy, por razones prácticas, que no están contradiciendo a las Escrituras, sí tenemos casas dedicadas [templos] a las reuniones de la iglesia. Tener un Instituto Bíblico no aparece en la Biblia, pero por razones prácticas se justifica, esto pues, difícilmente cada iglesia local por sí sola puede ofrecer una preparación teológica completa, sistemática, exhaustiva y con la excelencia que se requiere en la sociedad de hoy. Y así, se podría continuar largamente. En consecuencia, hemos de admitir de que no todo lo que estamos practicando hoy, proviene de un mandato bíblico explícito. Sin embargo, claro que sí, debemos siempre evaluar nuestras prácticas, si realmente se encuentran en armonía con la palabra e intención de la Sagradas Escrituras (y también si acaso responden bien a las exigencias de hoy en día). Como se señaló anteriormente, siempre debemos evaluar nuestras prácticas a la luz de la palabra de Dios. Pero, no hagamos simplemente una copia, sin respetar los contextos.
En cuanto al ministerio del pastor, pasa lo mismo. ¿Es correcto decir: Tener un pastor no aparece tal cual en el NT, así que debemos eliminar este ministerio? Creo que sería una deducción de vista corta. Pero, eso sí, nunca está demás evaluar esta práctica a la luz de las Escrituras. En cuanto a esto mismo, quisiera dar a conocer algunas de mis observaciones sobre [lo que señala] el NT:
1. Es verdad de que en tiempos del NT la dirección de la iglesia local estaba en manos de ancianos (=obispos) y diáconos (no obstante, es importante evaluar el rol de los apóstoles en aquel entonces, véase más abajo)
2. Es verdad de que el término (sustantivo) “pastor” (griego ποιμήν) en el contexto de la iglesia, aparece solo en Ef. 4:11 (En Reina Valera 60 aparece “pastor” en Heb 13:7; 17:24; pero el texto griego tiene “guías”, líderes”). No debemos transferir nuestro concepto de “pastor” a este texto, ni igualar el “maestro” en el mismo versículo con un profesor de Instituto Bíblico o de la escuela dominical, obvio.
3. En el NT, se describe la tarea de los líderes en la iglesia —entre otros— con el término (verbo) metafórico de “pastorear, apacentar, cuidar” (ποιμαίνω) Hec. 20:28; 1 Ped. 5:2 (cp. Jn. 21:16). Esta tarea no constituye un ministerio propio, aislado del ministerio de dirección (ancianos). Con otras palabras, un pastor siempre es un anciano. Pero cuidado, eso no significa automáticamente, de que todos los ancianos sean pastores en un sentido específico (véase el siguiente punto)
4. Ya en tiempos del NT, quedaba claro, que había ciertas diferencias entre los ancianos. No necesariamente en rango, pero en cuanto a sus tareas específicas. Y algunos aparentemente recibían dinero para su sustento, otros no.
a. Es indudable de que Jacobo, el hermano del Señor (o sea ¡sin ser uno de los Doce!), fue un líder con mayores responsabilidades en Jerusalén que los otros ancianos (cp. Hec. 15:13ss, especialmente el categórico: “yo juzgo”, v. 19; cp. También Hec. 21:18). Tal vez se puede caracterizar esta posición como “primero entre iguales” (primus inter pares), pero sin constituir una jerarquía (esto sería papismo)
b. 1 Tim. 5:17 habla de ancianos que “gobiernan bien”. Esto no quiere decir que había otros que lo hacían mal. Sino tiene que referirse a una clase de ancianos con una especial dedicación a este ministerio, especialmente en cuanto a la “predicación y enseñanza”. Seguramente por tener un don y por demostrar cierta excelencia en lo que estaban haciendo, fueron liberados de su trabajo secular para tener más tiempo en la obra (para la preparación, y para la ejecución). Es por eso, que el v. 17 habla de “doble honor”, lo que se refiere indudablemente a cierta remuneración (cp. V. 18) … Pablo habla varias veces del derecho de remuneración de los ministros en la obra para contrarrestar las necesidades que resultaban de la dedicación completa a la obra espiritual (1 Cor. 9:13-14; cp. Gál. 6:6)
En esto mismo se basa el ministerio que hoy conocemos como el ministerio de “pastor”. Es un anciano entre otros, pero con la diferencia de que se dedica de tiempo completo a la obra, especialmente ejerciendo la tarea de apacentar, alimentar la grey con la Palabra divina, predicando y enseñando, pero también cuidando las almas (consejería) y preservando la iglesia ante peligros (pecados y herejías). Sólo por esta descripción y característica recibe el nombre de “pastor”. Este anciano-pastor hace su ministerio en conjunto con otros ancianos que siguen trabajando en lo secular y que por esta razón no tienen la misma cantidad de tiempo, esfuerzo y dedicación que aquellos “pastores”. Como el “pastor” tiene más tiempo que los otros ancianos para dedicarse al estudio y a la preparación, como también para la realización de ciertas tareas específicas, los “ancianos a tiempo parcial” delegan una parte considerable de tareas a los “ancianos a tiempo completo”, sin renunciar a su responsabilidad en la obra y sin entregar toda la dirección a estos últimos. La dirección de la iglesia nunca queda en manos de un anciano solo”
5 Hay que considerar una diferencia marcada entre la dirección de las iglesias en el NT y de hoy. Ya mencionamos que hoy ya no puede haber apóstoles en el sentido específico de la palabra, ni tampoco sucesores apostólicos que tengan la misma autoridad divina que los Doce (aquí no es el lugar de comprobar bíblicamente este hecho). Mientras vivían los apóstoles, ellos nombraron e instalaron a los ancianos, por lo menos en la fase temprana de la fundación y en las primeras etapas del desarrollo de las iglesias. Había siempre una instancia superior a los ancianos. Esto cambió, una vez muertos todos los doce apóstoles. Entonces, bien puede imaginarse, de que las iglesias del primer y segundo siglo d.C., buscaban alguna forma de dirección viable y efectiva en las iglesias locales. Fueron razones prácticas, que condujeron a la costumbre de tener un líder destacado entre los ancianos (primero entre iguales). En un grupo, siempre debe haber uno que da comienzo a una acción o que coordina las acciones. Esto es natural. Lo mismo pasa en la iglesia. Había uno encargado de tomar las iniciativas y de dirigir los procedimientos. También, por razones obvias, frente a los primeros, había un portavoz (no podían hablar todos los ancianos – ni todos a la vez, ni todos diciendo lo mismo). Así, por requerimientos netamente prácticos, nació el ministerio de un líder singular ¡aunque nunca solitario! Además, una “democracia” como hoy la conocemos, nunca ha sido la forma de gobierno en la iglesia temprana.
Por
supuesto, la historia también demuestra, que rápidamente esta práctica llevó al
error de la jerarquía y del papismo (¡cp. 3 Jn. 9-10!). Esto es el extremo.
También sería un error, si el “pastorado” se desarrollase hacia un gobierno
autoritario. Hay que buscar el sano equilibrio: El pastor siempre necesita la
autorización general y el respaldo de todos los ancianos y actúa en nombre de
ellos. Es un primero entre iguales, con mayores responsabilidades y más tareas,
pero no mayor en rango de por sí. Por el otro lado, el “pastor” no es empleado
ni menos esclavo de los demás ancianos (“le pagamos al pastor, así que, debe
hacer lo que nosotros le mandamos”). Todo lo contrario: como el pastor
normalmente tiene más conocimientos bíblicos-teológicos y más experiencia en la
obra que los demás ancianos, éstos le van a otorgar más autoridad en esta área
y por supuesto, proveer el sustento que necesita.
En conclusión:
¿Es cierto, que todos
los ancianos son pastores? Respuesta: Sí y no. SI, en el sentido amplio de que
todos los ancianos en conjunto tienen la responsabilidad de apacentar y cuidar
la grey. Los ancianos no son meramente administradores (del templo o de la
caja), sino líderes espirituales. NO, en el sentido específico de ser un líder
dedicado a la obra de tiempo completo y con una preparación especial para
aquello.
¿Debemos
abolir el ministerio del pastor? Respuesta: NO. Pero tenemos que tener claro lo
que significa e implica este ministerio bíblicamente y como es realizarlo de la
mejor manera posible.
Los sabios son capaces de discernir.
