miércoles, 21 de junio de 2017

La oración del pecador, un rito teológicamente sacramentalizado

El siguiente extracto es una muestra en revisión del  libro:
 “Decisionismo o evangelismo bíblico”, por J.A. Torres Q. ISBN: 978-956-351-515-2 año  2015. A la fecha, en últimos detalles.


 Lovett, C.S  1963. Ahora es fácil ganar almas. Pág. 50.

¿Si yo oro con fe, soy salvo? ¡Sí! Sólo tienes que repetir ésta oración. Lo anterior  no sólo es una comprensión errada del requerimiento del evangelio, o, de lo que es en sí, el evangelismo bíblico; sin duda no todas las versiones del decisionismo son siempre de esta manera, pero en términos generales,  el “acto”, el “hecho”, la “acción” que se requiere, tiene  una connotación casi sacramental, de allí que muchos teólogos llamen a este rito evangélico,  una “superstición”[1], y otros, una “presuposición equivocada”[2]., en este sentido, la oración del pecador no sólo ha sido una práctica errada, sino que en algún sentido no menor, se ha sostenido por  una noción no sólo arminiana, sino aun, peligrosamente sacramentalista. Y esto, es en esencia, sustancia de la teología católica.  Pero, ¿en qué sentido es sospechosa de sacramentalismo? Si observamos esta costumbre con lentes reformados (Reforma), claramente la “oración del pecador” es justamente una “presunción”, y en algunos casos también, una “superstición” basada en la concepción de que un “rito pío”, y no necesariamente malo en motivación es necesaria para la “salvación”. Si bien es cierto el protestantismo no tiene una teología teórica  sacramental, en el consciente colectivo decisionista está la noción errada de que si no se ha hecho una oración, no se ha logrado efectuar la salvación. No obstante, antes de entender cuál es la relación  entre los sacramentos católicos y la oración de pecador, es necesario entender  justamente,  qué son los “sacramentos” católicos y en este sentido es necesario preguntarnos: ¿Por qué Lutero arremetió fuertemente contra los sacramentos católicos? En términos concretos, y para entender la hostilidad de Lutero, —y por cierto— la de los reformadores tocante a los sacramentos, tenemos que entender que los sacramentos son “ritos” religiosos que desde una comprensión teológica católica, se obtiene  y se sostiene  la salvación. Por esta razón Lutero llegó a tildarlos de impíos y opuestos a la verdadera fe cristiana, en especial, en su libro: “La cautividad Babilónica de la Iglesia”, en el que encontramos algunas críticas al respecto, como:

“Comenzaré por negar la existencia de siete sacramentos, y, por el momento, propondré sólo tres: el bautismo, la penitencia y el pan. Todos ellos se han reducido por obra y gracia de la curia romana a una mísera cautividad, y la iglesia ha sido totalmente despojada de su libertad.  Aquilatando mis palabras al uso de la Escritura, en realidad tendría que decir que no admito más que un sacramento y tres signos sacramentales.” (Lutero 1520:1ss cf. [Arnau 2007:135]).

¿Qué es lo que Lutero estaba negando? Ramón Arnau —teólogo y catedrático católico— explicando la intención de Lutero, responde: “Al adoptar esta drástica actitud contra la definición escolástica  del sacramento, lo que de veras estaba negando [Lutero] es la eficacia causal del mismo […] Lutero rechazaba de modo absoluto que la gracia depende de una determinada acción realizadas por un hombre […] a lo que se opone decididamente Lutero es a aceptar que los sacramentos […] sean signos eficaces de la gracia.” (Arnau 2007:138). ¿Cómo un “rito” puede tener eficacia salutífera? ¿Cómo un “acto”, una “acción”, o sea, una “obra humana” puede pretender ser eficaz para la salvación? La única manera, —y respondiendo concretamente a estas preguntas—se encuentran en la teología católica. Por esta razón  la negación de los sacramentos por parte de Lutero y los reformadores fue una sublevación insolente a los ojos del clero romano, quizás la escisión más grave de todas.  Nótese que en el “Estudio sobre Historia de la Teología”, el sacerdote jesuita Cándido Pozo (1925-2011) citando  al historiador alemán protestante  Ernst Troeltsch (1865-1923) constató esta cuestión: La idea religiosa central del protestantismo es la disolución de la idea de sacramento. En un plano de historia de los dogmas éste es el punto decisivo por el que, por primera vez, se rompió definitivamente el sistema católico.”  (Troeltsch  en  Pozo 2006:35). Los reformadores en consenso general, dieron un golpe mortal a la soteriología católica al negar los supuestos poderes de estos ritos. Piolanti, otro pensador y teólogo católico escribió:

«La pacifica posesión, de esta doctrina, fruto de la reflexión de muchos siglos sobre los datos de la Revelación (cfr. Rom. 6, 3-11; 1 Cor. 10,17) fue perturbada por los protestantes del  s. XVI, que, negando los Sacramentos  de la Nueva Ley la dignidad de causas de la gracia, los consideraron como signos “ad  nutriandam fidem” (Lutero), o como prendas de la benevolencia divina (Calvino), o como señales de  pertenecer a la iglesia (Zwinglio), o solamente como nota que nos distingue de los infieles (Carlostadio y Socinianos). El conc. de Trento reivindicó contra este empobrecimiento del dogma la eficacia causal del los sacramentos y rebatió uno por uno los errores del protestantismo en los trece cánones de la sesión VII.» (Piolanti 1952:321s).

            Pero, ¿en qué sentido pudiera el decisionismo ser sospechoso de sacramentalismo, en especial, la “oración del pecador”?  Para el católico común,  los sacramentos confieren la gracia, o la operan. Los teólogos católicos escolásticos enseñaban que estos ritos, —los sacramentos— eran  visibile signum invisibilis gratiae→ [un] signo visible de la gracia invisible” y de allí, la fórmula que vino a explicar que los sacramentos  actúan  ex opere operato (lit.: “de la obra hecha”)[3] y  ex operato operantis (lit.: “de la obra del que está haciendo la obra”)[4]   (Grenz &Guretzki  et al. 2006:51s). Por esta razón, los ritos católicos llegaron a ser necesarios, diríamos, infaltables para la soteriología católica. Por ejemplo, para el teólogo católico escolástico Hugo de San Víctor   la teología sacramental católica, fue clave en el proceso del pensamiento católico actual pues justificó los mismos, para reparar  —según él— las consecuencias del pecado original[5], instaurados —según San Víctor—  desde el mismo momento de la expulsión del Edén con el propósito de servir como “medicina” para que el hombre pudiese [por el mismo] curarse (Arnau 2007:92). En otras palabras, Hugo de San Víctor establecería la necesariedad de los sacramentos como  acciones (rituales) instituidas para la sanación del hombre no muerto —según la teología católica— sino simplemente enfermo por el pecado (2007:92,93). Fue el Concilio de Florencia[6] (1439-1445)  la instancia en donde la idea de que cada uno de los sacramentos causan la gracia, de manera que fue establecida canónicamente. Esencialmente, basada en: “De articulis fidei et ecclesiae sacramentis” de Tomás Aquino (Rico 2006:264), así, el Concilio de Florencia capituló:

“Siete son los sacramentos de la Nueva Ley, a saber, bautismo, confirmación, Eucaristía, penitencia, extrema unción, orden y matrimonio que mucho difieren de so sacramentos de la antigua Ley. Éstos, en efecto, no producían (causabant) la gracia, sino que sólo figuraban la que había de dase a través de la pasión de Cristo; pero los nuestros no sólo contienen (continent) la gracia, sino que la confieren (conferunt) a los que dignamente los reciben.» (Florencia en Bourgeois & Sesboüé   1995III:95).

De esta manera  llegamos a uno de los concilios más relevantes de la Iglesia Católica al presente, el concilio de Trento (1542-1562), en el que la conclusión teológica sacramental, será definitiva y apologética[7]. Trento definió  los sacramentos como “medios” de salvación, o, como: “…instrumentos de la gracia.” (Rovira 2001:101). En tres puntos, Trento concluyó y resumió la posición que la IC sigue hasta hoy, leemos:

1.     Los sacramentos del Nuevo Testamento causa la gracia; la dan a los que dignamente la reciben. […] Contienen la gracia que estos sacramentos significan.
2.     Dan la gracia a los que no pone obstáculo.
3.     Los sacramentos comunican la gracia en virtud de la obra realizada objetivamente.
(cf. CIC 1513-1514;1529;1605)                                                                               (Rovira  2001:101)

Finalmente  el  Concilio Vaticano II (1962-1965) reafirmó los dogmas de Trento, recalcando que la institución  de los sacramentos fue una concesión del mismo Jesús, y como tales, son instrumentos operantes de la gracia. En términos concretos, el concilio Vaticano II confirmó los dictámenes tridentinos  (Bourgeois & Sesboüé   1995III:209). No obstante, es necesario agregar aquí, que el  Concilio Vaticano II  llegará a decir[8] implícitamente,  que el evangelio  no es necesario para la salvación. En consecuencia, y teniendo en  cuenta la noción medular  de los sacramentos,  ¿cuál es finalmente la posible relación de los sacramentos católicos, con el “sinner's prayer”, la oración del pecador? Algunos se podrían preguntar  asustados, ¡¿con los sacramentos católicos?! Al leer algunos textos católicos al respecto, la sospecha toma cuerpo. Pero aun más, al leer ciertas críticas evangélicas  lapidarias como: «La oración del pecador es un ejemplo de una presuposición equivocada que infesta mucho la evangelización moderna….» (Gebhards 2011:149), o, «Pídele a Jesús que venga a tu corazón. […] No encontrarás un lugar donde se mencione siquiera la oración supersticiosa de un pecador….» (Platt  2011:41-42)  la acusación toma cierto peso objetivo. En otras palabras, la oración del pecador como “rito” necesario recibe su primera estocada porque sea como sea, —en el esquema decisionista elemental—  es también un rito informalmente estipulativo que claramente la esencia de la reforma  termina de rematar por las implicancias de la frase, “solo” por fe.  Nótese que Cándido Pozo (1957-2005) —teólogo católico—citando a Wilhelm Stählin (1883-1975) teólogo luterano alemán, graficó bastante bien esta cuestión, respecto la práctica de la fe reformada, versus la ritología católica.

«…Lo que definiría al protestantismo, es la palabra “solamente”, (allein), mientras lo que definiría al catolicismo es la conjunción “y” (und)» (Stählin en Pozo 2000:25).

                     Y añade:

«Así, en efecto, estudiando los grandes temas que se debatieron en Trento cuando se traza la línea divisoria entre catolicismo y protestantismo, subraya cómo las posiciones protestantes se expresan con unas fórmulas las cuales contienen todas la partícula “solamente”, mientras que las fórmulas dogmáticas que Trento opone a las fórmulas protestantes son siempre unas formulaciones complejas en las que existe siempre la conjunción “y”. Así, por ejemplo, el gran tema de la sesión cuarta de Trento sobre la escritura y tradición. Frente a la fórmula protestante “Escritura solamente”, Trento definiría “Escritura y Tradición”. Cuando llegamos a los grandes temas de la sesión sexta, la sesión de la justificación, el protestantismo, dentro también de la temática de la sesión sexta, dirá “la fe solamente”, mientras Trento frente a ese “solamente” protestante opondrá de nuevo un “y” diciendo que el hombre para justificarse necesita de la fe y de las obras.» (Pozo 2000:25).

Claramente la idea decisionista en su esencial filosófica primordial, añade a la fe  un “y” ritualista sutil, que por cierto también  y en la mayoría de los casos, no se hace por una intención herética, no obstante y en algunos casos, llega a ser  un práctica “piamente” fetichista[9], con matices sacramentalistas, nótese brevemente los siguientes conclusiones decisionistas.

“¿Has decidido recibir al Señor Jesús como tu Salvador? Si lo has hecho, has hecho la decisión más importante de tu vida. Ahora eres parte de la familia de Dios…” (Palau 2012:28).

«…Dondequiera que sea que esté leyendo esto, lo invito a que baje su cabeza y que quietamente susurre la oración que cambiará su eternidad: “Jesús, creo en ti y te recibo.” Hágalo. Si oró con sinceridad esa oración, ¡felicidades! ¡Bienvenido a la familia de Dios!» (Warren 2002:50)

Sabiendo que el cristianismo protestante  “popular” es de noción mayoritariamente arminiana, la pregunta es, ¿qué volvió a retomar Charles Finney —el padre del  evangelismo decisionista— del catolicismo  medieval   lo cual claramente legó sutilmente a nuestra generación? Evidentemente no fueron los sacramentos, no obstante, la respuesta emerge por sí sola si hemos logrado entender la aorta del sacramentalismo, en efecto,  ¿en qué confían muchos evangélicos aun,  cuando se les pregunta cómo saben que son realmente salvos? ¡Yo hice la oración! (rito), dicen muchos, otros, yo le pedí a Cristo que entrara en mi corazón (rito); no debemos ser ingenuos, si bien es cierto estas declaraciones no siempre son la conclusión herética de alguien que realmente siente su necesidad de Cristo, debemos tener claro, —y en especial— como ministros de Dios,  que la necesidad de “ritos”, es proposición de la religión falsa  que adjunta fetiches a la fe. “Sólo” Cristo, “sólo fe”, “sólo” Escritura, no fueron un adorno comunicacional de la Reforma, sino la convicción profunda de que “sólo la fe”, no la fe “y” una oración ritual pía, era y es el requerimiento del evangelio. Por cierto, —y lo hemos aclarado— no es malo hacer una oración  y querer  expresar aquello que el corazón siente en la dirección correcta, no obstante, la necesidad de volver a las “solas” de la Reforma, no es una cuestión filosófica, sino una cuestión básica no sólo de la Reforma, sino de la fe escritural. Bien escribió el pastor Jorge Ruíz:

«… no nos salvamos nosotros, sino es Dios quien nos salva, sólo por gracia, solo por la fe, y sólo por los méritos de Cristo”. […] quita las palabras “sólo” y la reforma tarde o temprano, desaparece. El mundo evangélico en general ha quitado la palabra “sólo” a todas estas afirmaciones. Ello lo ha hecho en los últimos 200 años aproximadamente [a través] del nuevo evangelicismo […] La idea fundamental de este cambio ha sido que la regeneración es una obra que el hombre hace: en esencia no es más que una “decisión por Cristo”, por la que el hombre, a cambio, recibe la salvación. La salvación, por tanto, es una obra del hombre, o mejor dicho, una obra que el hombre hace a medias con Dios. [¿El resultado?] El gran teólogo y predicador americano Robert L. Dabney a finales del siglo XIX, constató el resultado que esta predicación antropocéntrica había hecho en su país, ella era la que “había poblado el país de incrédulos.”» (Ruiz en Adams 2005:10s).

En conclusión, no estamos en desacuerdo con el hecho de que alguien desee tomar una “decisión”, o “sienta” expresar en una oración lo que cree, el problema, es considerar la oración en , como un acto de salvación, tal cual el decisionismo ha promulgado durante más de una década. No hay dudas que el hombre es impelido por Dios con imperativos verbales  a tomar una posición al respecto, una “decisión” (Mr. 1:14s; Hec. 17:30s), no obstante,  decisión-ismo, es otra cosa que nada tiene que ver con el evangelismo bíblico.  Bien señaló el profesor Manfred A. Bluthardt, en su análisis al evangelismo de la década pasada.

«Todo Simbolismo necesita absolutamente una exhaustiva y contextualizada explicación, sino llega a ser un ritualismo muerto… [P.Ej. = Pascua (Éxo. 24:28)] Para evitar puro ceremonialismo y tradiciones rutinarias se requiere aclaraciones y explicaciones apropiadas en nuestros servicios cristianos. ¿Qué entiende una persona por una “decisión”, de “aceptar a Cristo”, “entregar la vida a Jesús”, etc.? Siguiendo al Prototipo bíblico practicamos el Bautismo de creyentes por inmersión. Es sorprendente escuchar algunos testimonios de los candidatos a bautismo que incluso han tenido clases especiales de preparación. “!Me bautizo hoy para lavarme de todos mis pecados!” “Aunque mis amigos se rían y se burlen de mí, me voy hacer evangélico y miembro de UCB!” Sin duda una “decisión” es importante como un paso en la dirección correcta; no obstante no equivale —necesariamente y en cada caso—  a la conversión y a la regeneración. Recuerdo un informe sobre las actividades evangelísticas del verano. Se informó, que en la carpa (evangelística)  pasaron 17 personas adelante y aceptaron a Cristo. Después de unos 3 meses no asistió ni una sola persona de ellas al culto. ¿Dónde quedan las evidencias de la nueva vida? Puede que estas personas hayan hecho una decisión sincera, pero, ¿experimentaron un cambio de muerte a vida? ¿Qué del pasado? – ¿Han sido liberados del catolicismo, del animismo, de las drogas, de la pornografía, etc.? “! Las cosas vieja pasaron!” ¿Qué de la restitución?  “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres, y si algo he defraudado a alguno, lo restituyo cuadruplicado.” (Lc. 19,8) ¿Podría ser, que hemos ampliado demasiado la “puerta estrecha”?  “! Dios te ama, y El tiene un maravilloso plan para ti, acéptalo y en 10 Minutos tú serás mi hermano!”» (Bluthardt  2007:1).

La declaración anterior es un ejemplo concreto de quien realmente ha entendido el evangelismo escritural, pero también, de quien ha entendido Su necesidad de Cristo  y no solamente quien responde a la espeluznante idea de perecer en el infierno porque alguien lo “evangelizó” diciéndole: ¿Estás seguro que quieres pasar toda la eternidad en el infierno? O, ¿Vas a dejar a Cristo con la mano estirada? O, ¡Cristo está esperando que le abras tu corazón! ¿Vas a dejar que el siga esperando? Todas las respuestas a estas preguntas de acuerdo a la casuística —como el propio profesor Bluthardt constata en su comentario— en la mayoría de los casos terminaron simplemente  en “decisiones” infructuosas debido a una religiosa pía conveniencia, de manera que en muchos casos Cristo fue  simplemente  “necesario” para protegerse de un potencial infierno, y otros, para no dejar a Cristo con la “mano estirada”. A pesar de lo anterior, no es menos cierto que muchos de este mismo grupo han sido realmente  salvos. No obstante, no por dicha oración, sino porque después de un periodo de moralismo cristiano, “algunos” de estos “despertaron” de su estado espiritual (Efe. 2:1s) cuando Dios a través de Su Palabra abrió sus corazones y literalmente los resucitó a la vida espiritual, de manera que el testimonio de muchos de ellos —que hemos constatado— fue que su profesión inicial, simplemente había sido una profesión falsa, sin duda para éstos Cristo en algún sentido era “necesario”, pero relevante y por sí sólo, jamás lo fue, y esto, sólo hasta que Dios obró en ellos la verdadera conversión sacando de ellos el velo por el cual justamente Cristo estaba velado a sus ojos como tal él es (2 Cor. 4:6s), quien llegó a ser para muchos de éstos,  radicalmente  relevante y no solamente “necesario.”




Bibliografía

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Arnau, Ramón, García 2007.  Tratado General De Los Sacramentos. Madrid, España: Biblioteca De Autores Cristianos.
Bluthardt, Manfred 2014. Un análisis necesario, al decisionismo evangelical.  URL:   http://opticabiblica.blogspot.com/2014/04/un-analisis-necesario-al-decisionismo.html
Bourgeois, Henri  & Sesboüé, Bernard  1995. Historia de los dogmas, los signos de la salvación, Volumen 3. Salamanca, España: Trinitario.
Brinsmead, Roberto 1977. La doctrina básica del Catolicismo tocante a la Justificación por la fe. Pregonero de Justicia.  1, 6.
Gebhards, Kurt  2011. Seguridad falsa: Una mirada bíblica a la Oración del pecador. En: MacArthur, John  2011b. La evangelización, como compartir el evangelio con fidelidad. Nashville, TN: Nelson, 147.
Grenz, Stanley & Guretzki, David  et al. 2006. Términos Teológicos, diccionario de bolsillo. Texas, EE.UU: Hispano.
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Miralles, Antonio 2000. Los sacramentos cristianos: Curso de Sacramentaria Fundamental, 2 edición.  Madrid, España: Pelicano.
Palau, Luis 2012. ¿Eres Cristiano? ¿Sí o no? Miami, FL: Unilit.
Pacheco, Jorge 1974. Crezca, un plan usado en el Perú para hacer que las iglesias crezcan hasta el doble en solamente un año. Beavercreek, Oregón, EE.UU.: William Chambers.
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Pozo, Cándido 2006. Estudios sobre historia de la teología, volumen homenaje en su 80º aniversario. Salamanca, España: Instituto Teológico San Ildefonso. 
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Warren, Rick 2002.Una Vida Con Propósito, ¿para qué estoy aquí en la tierra? Grand Rapids, MI: Zondervan.










[1] David Platt en su libro Radical no dudo en escribir: «No encontrarás un versículo en la Escritura en el que se le diga a la gente: “inclina tu cabeza, cierra los ojos y repite después de mi”. No encontrarás un lugar donde se mencione siquiera la oración supersticiosa de un pecador. Y no encontrarás un énfasis en aceptar a Jesús.» (Platt  2011:41-42).
[2] Gebhards escribe también: «La oración del pecador es un ejemplo de una presuposición equivocada que infesta mucho la evangelización moderna. Proviene de la noción errada de que la decisión de un pecador de recibir a Cristo es el factor determinante en la salvación.» (Gebhards 2011:149).
[3] Este latinismo, sugiere y señala al sacramento, como una obra que realmente causa, o “opera” lo que significa (Grenz & Guretzki  et al. 2006:51s).
[4] Grenz y Guretzki  explican que con esta frase  se quiere comunicar  que los sacramentos, son efectivos, solo sí se llevan a cabo correctamente, por un sacerdote o ministro debidamente ordenado (Grenz & Guretzki  et al. 2006:51s).
[5] Hugo de San Víctor dirá también, y como principio, “…que siempre que hay enfermedad ha de haber la correspondiente medicina, y puesto que la enfermedad ha acompañado al hombre desde siempre, desde siempre también le acompaña los sacramentos.” (Arnau 2007:92).
[6] El concilio ecuménico de Florencia se inició en Basilea, después fue trasladado a Ferrara el 8 de enero de 1438, y después a Florencia. Su objetivo principal fue la reunificación  entre las Iglesias griega y latina.
[7] Especialmente en contra de los reformadores, Antonio Miralles, —escritor católico— escribe: “El concilio de Trento, en el primero de los cánones  sobre los sacramentos en general publicados en la sesión séptima, definió como dogma de fe, contra el error protestante, la institución de los sacramentos por Cristo.” (Miralles 2000:141s). En términos específicos, Trento decretó: “Si alguno dijere que los sacramentos de la Nueva Ley no fueron instituidos todos por Jesucristo Nuestro Señor, o que son más o menos de siete, a saber, bautismo, confirmación, Eucaristía, penitencia, extremaunción, orden y matrimonio, o también que alguno de estos no es verdadera y propiamente sacramento, sea anatema.” (Trento en Miralles 2000:141s).
[8] «Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación  eterna (LG 16; cf DS 3866-3872).» (Vaticano 2014:1).
[9] “La oración modelo para pedir la salvación puede ser así… Después que él ore, muéstrele el versículo de Rom. 10:9, 10,13 e indíquele que ha cumplido con los requisitos que Dios tiene para la salvación. […] conviene que le escriba que aceptó a Cristo en esta fecha en la pasta de su Biblia o en un librito o folleto que tenga un sitio para firmar su decisión.” (Pacheco 1974:23).

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